Ser mamá: ¿Bendición, maldición o elección?

Viene el día de las madres y eso me recuerda que en verdad no intento usar doble condón porque sé que no funciona pero juro que no es por falta de ganas (lo del condón, lo otro es evidente). En estas fechas le perdono a mi implante anticonceptivo todas las fregaderas que me ha hecho a lo largo de los años y doy gracias infinitas de vivir en una ciudad en la que el aborto es libre y legal por si un día los anticonceptivos fallaran. Tal vez estoy siendo demasiado sutil, por si no se ha entendido, de verdad no me gustaría ser mamá.

Lo he sabido desde que tengo uso de razón, me recuerdo como una niña de menos de 10 años haciendo la constante declaración de no querer hijos nunca. Yo quería perros, eso si lo recuerdo claramente, algo salió mal también ahí, no veía venir que terminaría siendo una trabajohólica crazy cat lady, pero aquí estamos. Al menos con lo de los hijos he sido consistente. No tengo idea de por qué no quería cuando era niña, pero si comprendo perfecto por qué como adulta tampoco quise: estoy plenamente convencida de que yo sería una pésima madre y que la pobre criatura que se las tuviera que ver contra el mundo después de haber sido criada por mí, saldría bien librada si no se volviera asesina en serie (y seguro ni eso, nomás sería un NINI mediocre o algo por el estilo) y sé que tengo razón porque además muchos de los que me conocen están completamente de acuerdo conmigo.

Haciendo a un lado la exposición sobre mi psicopatología, lo importante aquí es que no soy la única que piensa así o que ha tomado este tipo de decisiones. Cada vez más y más mujeres (y hombres) optan por la vida “child-free”, evidentemente las motivaciones son individuales, pero parecieran poder resumirse en que simplemente los hijos no nos caben en la vida. Si me despego del tema, honestamente no culpo a ninguna de las personas que están tomando éstas decisiones, el mundo de hoy no parece estar diseñado para respaldar la maternidad, de hecho pareciera estar en su contra. Piensa por un momento en todos esos memes que has visto burlándose de las “mamás luchonas”, incluso aquellas que lo toman con sentido del humor apodan bendición a sus criaturas, podemos mantener ese espíritu muy a la mexicana y reír mucho, pero en el fondo sabemos que ser madre hoy en día es una batalla campal.

Cualquier Millennial puede testificar que la situación económica del país no está mejorando. Aunque en algunas empresas, los horarios de trabajo son más considerados, los tiempos de traslado a cualquier lugar aumentan día con día. En la ciudad de México ya necesitamos un tercer piso en el Periférico o que de plano los autos empiecen a volar, si eres de esas pocas Godínez afortunadas que tiene al menos un día a la semana para hacer Home Office, agradece a los dioses antiguos por ello. Aún así, el conjunto completo: distancias, economía, horarios de trabajo, poco respaldo de la familia, costos de guarderías, etc. ha terminado por disuadir cada vez a más parejas de la idea de tener hijos y a más mujeres del deseo de ser madres. ¿Serán estos los únicos motivos por los que la clara tendencia generacional parece avanzar hacia la irremediable extinción de la humanidad? yo honestamente no lo creo, sospecho que probablemente sólo tenemos jóvenes cada vez más libres de decidir sobre su vida reproductiva y ¡Oh sorpresa!, pareciera que tener hijos está dejando de ser el plan de vida ideal. ¿Lo habrá sido alguna vez? El tema es complicado y escabroso, por decir lo menos. No quiero que se malinterprete, sé perfectamente que para muchas mujeres, el deseo de tener al menos un hijo es de sus más grandes motivadores, tampoco quiero que piensen que dudo ni por un segundo que para muchísimas más, el ser madres es la mayor causa de alegría y satisfacción en sus vidas. Mi punto es que posiblemente, para una gran cantidad de nosotras no hubo opción en el pasado, nuestra cultura adoctrina que la “completud” femenina se alcanza sólo con la reproducción, sin embargo parece que mientras más tenemos la opción de elegir nuestros futuros, muchas deseamos algo diferente, seguro han escuchado del tema, es algo nuevo y loco a lo que llaman “derechos reproductivos”.

Esa conclusión sería bella, un mundo en el que la maternidad sea siempre voluntaria, siempre electiva. Sin coerciones, sin accidentes y con apoyo social suficiente. No estamos ahí aún, el primer paso es llegar a la completa responsabilidad reproductiva, lo cual no será asequible hasta que existan métodos antifecundativos 100% eficaces, gratuitos y de acceso libre a toda la población, esto junto con educación sobre la sexualidad de mucho mejor nivel y respaldo en la toma de decisiones de las mujeres al respecto. No estamos ahí aún, pero llegaremos. Ya nos vi a todas, eligiendo cómo, cuándo y si realmente deseamos ser madres. Ya nos vi, es un futuro hermoso, libre y brillante.




México, ¿me prestas mi cuerpo?

El día que anuncié que quería perforarme el ombligo, encontré una serie de respuestas “interesantes” en las personas que me rodeaban. Hubo quien me dijo que no debía hacerlo porque mutilaría mi cuerpo para siempre, dañándolo de manera irremediable, hubo también quien me dijo que debía preocuparme la imagen que iba a dar, ya que los ombligos perforados al parecer son banderines promocionales de la promiscuidad sexual (de haber sabido que era así de fácil). Lo más curioso fue encontrar a ese último sector que con entusiasmo me comunicó que yo no tenía el cuerpo como para perforarme el ombligo. Según yo, el único cuerpo que necesitas para perforarte el ombligo, es uno que tenga un ombligo. Por supuesto, también hubo muchas personas a las que la idea les agradó y apoyaron mi decisión, 12 años después, acabo de comprar una pieza nueva, es rosa, brillante y feliz. Lo relevante de la historia y lo que debería inquietarnos a todos no es encontrar quién tenía la razón, si no que ninguno de esos argumentos fué solicitado, la facilidad con la que la gente se siente en libertad de opinar y hasta de intentar imponer dichas opiniones sobre el cuerpo de los demás, debería aterrarnos.

El tema del aborto es la punta del iceberg que nos enseña la fea cara de una cultura en la que constantemente creemos que el cuerpo, las decisiones y la vida de los demás, están sujetos a revisión, si, a NUESTRA revisión. Interrumpir un embarazo no le gusta a nadie, no es un tema del que nos guste hablar, no se recuerda con disfrute y no se busca por placer. Interrumpir un embarazo es una necesidad de salud y bienestar, tanto para la mujer que lo hace como para la sociedad a la que pertenece. La mujer que decide no conservar un embarazo lo hace para cuidar de ella misma, pero a la vez, está cuidándonos a todos. Si se pretende imposibilitar la autonomía de las mujeres, la sociedad encontrará un límite muy claro: puede forzar a una mujer a parir, pero no puede obligarla a ser madre, no quiero extenderme con las estadísticas e historias de niños abandonados y maltratados que evidencian que nadie, ni hombre ni mujer puede ser forzado a ser madre o padre. Cuando una mujer decide no conservar un embarazo, actúa por su beneficio y el de la sociedad a la que pertenece, ya que claramente no es un grupo que sepa hacerse cargo de los pequeños que son abandonados, si así fuera, encontrar niños en disponibilidad de adopción sería más esporádico que ver lluvias de estrellas, los miles de pequeños esperando por la oportunidad de pertenecer a una familia son claro testimonio de que nuestra sociedad no sabe manejar las consecuencias de los partos forzosos que ocasiona.

Si encontramos juntos la manera de respetar el cuerpo de los demás, las decisiones de los demás y la vida de los demás como propiedad privada, podríamos comenzar a ponerle solución a este problema. Ojalá hubiera una forma de explicar lo ofensivo e irracional que suena cuando mi país y mi gobierno me insinúan que mis decisiones reproductivas no son mías, ojalá pudiera explicar lo frustrante que es saber que no existen anticonceptivos infalibles, que la mayoría de las mujeres que busca utilizar entonces un método quirúrgico permanente no encuentra apoyo por parte del sistema de salud, que pedirle a los hombres que por favor utilicen un condón a veces pareciera peor que escupirles en la cara  y que, con todo esto, la conclusión termina siendo “si no te quieres embarazar, entonces cierra las piernas”. Una vez más, aquí lo importante es que para el mundo, yo no soy dueña y señora de mí misma.

Pero lo soy, mi cuerpo es mío, mi vida es mía, cuido de él lo mejor que puedo y no es mi intención afectar nunca a terceros. No soy la única, las mujeres somos así, los humanos somos así. Quiero un país y una sociedad que me dé la educación que necesito desde joven para cuidar mi vida sexual, quiero poder ser plena, sana y feliz, quiero que se comprenda que nada es infalible y que si no deseo parir, se respete, quiero que acepten que no todas queremos ser madres y por encima de todo: quiero un país, un gobierno y una sociedad que me diga que mi vida vale más y es más importante que la posibilidad de vida que implica un embarazo.

Quiero un mundo en el que la vida de las mujeres sea más respetada que los embarazos no planeados. No podemos permitirnos ir hacia atrás, no podemos aceptar decisiones políticas que sólo nos traerán muerte. Un mundo que nos dice que es más importante conservar un embarazo que nuestras propias vidas no es uno al que quiero pertenecer y no es el que le deseo a las mujeres por venir. La lucha para legalizar la interrupción del embarazo no puede frenar y no puede detenerse, tenemos que convertirnos en un frente unido, un muro verde que rechace por completo la continuación del abuso sistematizado que ejerce la sociedad sobre nosotras. Dejemos de permitir que se nos trate como ciudadanas de segunda clase, mi vida importa, tu vida importa y todo lo que quieras hacer con ella debería ser prioridad para tu país. México, nosotras también somos parte de ti, si no puedes ofrecerle los mismos derechos a toda tu gente, el privilegio de género no ha terminado.

Así que lo pregunto: ¿me vas a dar el derecho de decidir sobre mi cuerpo y mi vida o ese es un derecho reservado para sólo una mitad?