¿Tienes pareja o adolescente?

Se termina la película, después de los obligatorios comentarios sobre la dirección, el casting y la adaptación del guión, te levantas. Tu pareja se queda en el sillón, celular en mano (eso va a tomar un rato). Recoges los platos de la botana, en el camino a la cocina te encuentras las cosas que compraron el fin de semana y aún no se han acomodado en su lugar, gruñes. Lavas los platos, junto con todo lo que se había quedado sucio desde el desayuno, sales de la cocina, sigue en el celular, gruñes más fuerte. Al entrar en tu recámara encuentras un cerro de ropa lavada que tiene días ahí, esperando por ser doblada y guardada en su correspondiente lugar, gruñes ahora varias veces mientras lo haces. Un rato después tu pareja entra entusiasmada para mostrarte un video gracioso que encontró, te encuentra con la cara desencajada. Por fin estalla la queja por sentir que estás haciéndote cargo de todo en casa y viene esa respuesta que te hace desear arrancarte un brazo y arrojárselo: “Me hubieras dicho que te ayudara”.

¿Qué está mal aquí? Estoy segura de que para éste momento, la mayoría de las personas que me leen se sienten identificadas con al menos una parte de la historia. Ojo, si nada te sonó familiar, es muy probable que seas la pareja bulto del cuento o lleves un buen rato de soltería. No me culpes a mí, es mera estadística.

Volviendo al tema, ok, ya te identificaste ¿y ahora qué?. ¿Vivir regañando? ¿Resignarte y hacer todo? ¿Enfrentar ese temido tercer divorcio? Eso nada más tiene gracia en sitcoms de los 90’s, en la vida real usualmente terminas en el psiquiatra y no mejoras con un cambio de temporada. El teléfono de tu abogado familiar NO debería aparecer entre tus contactos favoritos ¿sabes? Lo que quiero decirte es que ésto no es algo que deberías resolver tú y ahí es donde te has estado equivocando desde el principio. De hecho ni siquiera te estoy escribiendo a tí, deja de leerme y pásale el dispositivo a tu amorcito. Si todavía tiene el cel en las manos, será fácil: haz un movimiento rápido y sólo intercambia un teléfono por el otro, como esos trucos de jalar el mantel sin mover la vajilla. 

¡Hey hola! Si te acaban de poner éste artículo enfrente, me temo que te tengo malas noticias: el Instituto Nacional Electoral te ha estado mintiendo, a pesar de las arrugas y las canas, sigues siendo adolescente. ¿La buena noticia? Se quita y no duele tanto como crees.

Hoy vamos a hablar de carga mental en las relaciones. Es eso que enloquece a tu pareja y le hace hervir la sangre porque aparentemente para tí hay objetos invisibles a conveniencia dentro de la casa o situaciones simples que extrañamente no puedes resolver. La carga mental es todo eso que tiene que pedirte hacer o de plano resignarse a hacerse cargo porque “a tí se te olvida”, porque “te distraes fácilmente”, porque “tú no le entiendes”, porque “le sale mejor” o porque “inserte pretexto aquí”. Ya sé que las parejas modernas dicen que están al tanto de que los roles de género estereotipados en las relaciones son negativos, eso dices mientras los perpetúas siendo negligente de tus responsabilidades con el pretexto de que el otro sólo necesita pedir que hagas las cosas… TUS cosas, ¿sabes quiénes necesitan que les den órdenes para funcionar? ajá, los adolescentes y los subordinados, ¿ya vamos cachando por qué sientes que te están regañando a cada rato? lo que menos queremos de una relación es que se convierta en ésta especie de jefe, mamá o papá que nos riña por nuestros errores constantemente, pero éso es lo que ocurre cuando no se juntan dos adultos autónomos y autosuficientes.

Ésto puede darse en un sinfín de situaciones pero no nos engañemos, suele haber un claro sesgo de género en ello. Lo más probable es que si eres de los que pasan 47 veces junto a la toalla que dejaron tirada sin recogerla porque “no la vieron”, seas hombre. Mujeres, no canten victoria, ¿les suena eso de “no dejo a mi marido porque me mantiene”? la autosuficiencia abarca todos los aspectos de nuestras vidas, negar alguno implica un estado de adolescencia persistente.

No es tu culpa, fué la cultura, la sociedad, los cuentos de hadas y las telenovelas. Tu mamá lavándote la ropa aún cuando ya ni siquiera vivías con ella y tu papá dándote dinero para que no te faltara nada, aunque ya trabajabas y te podías mantener. No fué tu culpa, pero si quieres jugarle bien a la adulteada, ahora es tu responsabilidad aprender a hacerlo. Cada vez que te recargas en tu pareja para que te indique lo que tienes que hacer, la estás convirtiendo en la líder de la relación. Ésto puede derivar en 2 problemas: 

1. Que no le guste y sienta que la desresponsabilización de tu parte es falta de interés, de amor o de compromiso. Que se enoje porque crea que estás echando la flojera o peor aún, que se dé cuenta de la situación de fondo y decida no estar con alguien que no puede seguirle el paso.

 2. Que desde sus propias carencias, crea que le gusta y a continuación tengas a un sargento gritón y controlador a tu lado. 

La propuesta puede sonar escandalosa, definitivamente va en contra de lo que las familias tradicionales llevan milenios practicando: una división de roles que mantiene a los miembros de la pareja de alguna manera aniñados y carentes. un sistema diseñado para que nadie sea realmente autosuficiente, diseñado para mantenernos dependientes.

El mundo no es el de hace milenios, ni siquiera es el de hace algunas décadas, cada vez funciona menos éste modelo en el que algunos de estos “adolescenteadultos” no saben cómo se utiliza una lavadora o se prepara algo más complejo que un sandwich y otros no se imaginan trabajando para sustentarse. Las únicas relaciones sexo-afectivas libres son las que pueden ocurrir entre 2 auténticos adultos, completamente autónomos y  autosuficientes. Ésto de ninguna manera significa que no se vale organizarse y funcionar como equipo, sólo asegúrate de que haya consenso y que tu pareja no está haciéndose cargo de tareas que realmente no tiene deseos de hacer sólo porque tú las dejas abandonadas. 

¿Esclavos de la heteronorma?

El día de hoy se conmemora a nivel internacional el día del hombre, con el objeto de proporcionar un día de conciencia mundial que torna alrededor de promover modelos de masculinidad positiva, erradicar la discriminación que existe en contra del hombre desde modelos misándricos radicales y promover la salud y contribuciones del hombre hacia la humanidad.

Parece que de alguna forma, es necesario recodarle de tanto en tanto a la humanidad que ser hombre no es sinónimo de ser malo. Que si, de múltiples formas, históricamente si se han podido vivir desde un privilegio, no es causal de violencia hacia los herederos de la carga patriarcal en la que vivimos actualmente.

En épocas actuales, la palabra masculinidad tiene una carga social negativa implícita, lo que no permite que se pueda modelar o evolucionar hacia la versión realista de lo que significa ser hombre, porque de forma inmediata,  es atacado desde la heteronorma y parece ser, de una manera un tanto paradójica, que al querer darle un significado positivo, real y sano a la vivencia masculina se le priva de fundamento ya que es atacada por existir.

Pareciera ser entonces, que la mejor herramienta con la que se cuenta es la educación desde la infancia, en la cual la masculinidad se fomenta desde el incentivo de ser mejores personas, no desde la humillación y la violencia. Recordemos que, si como humanidad buscamos cambios estructurales en materia de equidad no podemos ser artífices de perpetuidad de violencia, independientemente del género.

No hablemos de masculinidades tóxicas, hablemos de la desconstrucción de las masculinidades. Hablemos de deconstrucción social. Y quizá, un día, los hombres dejaran de sentir que son esclavos condenados de la heteronorma.

“Cierren las piernas” Dijo el macho que no sabe cerrar la boca.

Sr. Héctor Alonso Granados, déjeme decirle por qué creo que definitivamente usted carece de alguna facultad:

Me parece imposible creer que para su edad y posición, carezca usted de al menos un nivel educativo básico y de un entendimiento al menos rudimentario de cómo funciona el proceso reproductivo de los seres humanos. De cualquier manera, ante declaraciones con el profundo nivel de ignorancia como las que usted hizo, me veo compelida como sexóloga a intentar explicarle al menos un poco sobre el asunto. Fíjese que para que un embarazo ocurra, se requiere de la unión de 2 gametos: uno masculino y uno femenino, le ahorro la búsqueda en el diccionario, estoy hablando de un óvulo y un espermatozoide. ¡Si! Aunque parezca increíble, esto lo que significa es que tienen que estar involucrados un hombre y una mujer, lo cual hace muy incomprensibles sus declaraciones, o tal vez la parte de la entrevista en la que usted dice “hay que pensarlo bien antes de introducir un pene sin condón en una vagina y embarazar a alguien” fué injustamente editada, en cuyo caso, le pido por adelantado una muy sentida disculpa.

Lo que me hace dudar de que ésto haya ocurrido es su declaración reciente, hace apenas unos cuantos días, ridiculizando a sus compañeras ante la iniciativa de que se eliminen los anuncios espectaculares que muestren a las mujeres como objetos sexuales. Sé que va mucho más allá de su capacidad de comprensión, pero le resumo básicamente lo que usted está fomentando:

1- Está bien que el cuerpo femenino sea exhibido como un bien de consumo, a la par de las botellas de cerveza, la comida rápida y el aceite para motores.

2- Dado que es un bien de consumo, es correcto que cualquier hombre tenga derecho de llegar y “usarlo”, así como puede ir a cualquier tienda y comprar una botella de refresco o una bolsa de frituras.

3- La responsabilidad de dicha transacción recae completamente sobre las mujeres, ya que en vista de que somos un bien de consumo, los hombres no tienen por qué tomarse la molestia de cuidarnos (o para el caso, de cuidarse), estamos aquí para su beneplácito.

4- En caso de que las mujeres no se vean en capacidades o posibilidades de evitar que dicho consumo devenga en un embarazo no planeado (entre muchas otras posibles consecuencias de un contacto sexual no protegido), ésta responsabilidad debe recaer exclusivamente sobre nosotras, eximiendo por completo la participación masculina en el hecho.

5- En el caso de un embarazo no planeado, las mujeres debemos estar obligadas a conservarlo, sin contar con ninguna clase de apoyo por parte de alguna institución. Lo cual espero pueda usted explicarme, resulta completamente incongruente con la politica de SU partido de dar un apoyo económico a madres solteras.

Supongo que no soy la primera en decirlo, pero por éste tipo de desafortunados eventos es mejor pensar tantito, antes de abrir la boca. Espero de verdad que la quemada masiva que está  viviendo en éste momento lo haga al menos un poquito más prudente, en vista de que no es usted inteligente.



El #MeToo no es suficiente

Confieso que me tiemblan un poco los dedos mientras escribo, por demás he sido advertida sobre los riesgos de expresar públicamente mis puntos de vista sobre este tema, ya bastante sensible por sí mismo como para que yo llegue a remover las aguas, pero aparentemente me gana la imprudencia. El “Me Too” tiene ya un tiempo de haber surgido y ha cobrado cada vez más fuerza en días recientes. Para quienes no sepan de qué hablo, es un movimiento de denuncia por parte de las víctimas de alguna clase de acoso sexual, cuya intención es hacer visible la incidencia de estas experiencias, ya que probablemente muchas personas no saben lo frecuente que es para gran parte de la población del mundo. Aunque ha habido bastantes hombres reportando distintos tipos de acoso, no necesito especificar que obviamente la mayoría de los reportes vienen de mujeres y ahí es donde comienza el problema.

Éste es un tema que sólo genera enojo y tristeza, nadie está contento con la situación, quienes reportan los acosos y abusos lo hacen desde un frente por demás complicado, encontrando algo de fuerza en los números e intentan mostrar la situación que enfrentan día con día. Por otro lado tenemos a quienes se enteran de las denuncias y responden molestos, indignados, frustrados, incrédulos… Nadie sabe muy bien qué hacer con esto. Un día tienes un actor favorito al que aprecias y admiras, al siguiente te enteras de que ha hecho cosas abominables, uno tras otro van generando cascadas de decepción. El trago amargo es fuerte, tiene todo el sentido que no siempre sea fácil de pasar o de aceptar, nos quitan de golpe la venda de los ojos y en verdad hay ocasiones en las que es demasiado abrumador, yo muchos días deseo poder volver a épocas anteriores en las que vivía en una ignorancia más pacífica.

Y luego tenemos lo espinoso de las denuncias falsas, claro que existe, seguramente en muchas más ocasiones de las que se pueden contar. El dilema es ¿cómo manejamos eso? Si no verificamos las acusaciones, puede que en muchas ocasiones estemos condenando a inocentes. Por otro lado, si cuestionamos a las personas que denuncian, disminuimos la probabilidad de que otras se atrevan a hacerlo y potencialmente estamos dejando a una víctima a merced de su abusador. De nuevo entonces ¿Cómo se resuelve esto? Porque la opción que no es viable es la de resignarnos y seguir como hemos estado por milenios, al menos no en mi visión de las cosas.

Llevo un muy buen rato masticando la situación, viviéndola al lado de pacientes, estudiantes, amistades y en carne propia. Observando constantemente el resultado que mencioné al principio, éste movimiento sólo tiene a todos tristes y enojados, he presenciado el nivel de desgaste emocional que conlleva adentrarse en el ambiente intrigoso de las denuncias, tenemos heroínas y héroes sin capa allá afuera, peleando batallas exhaustivas todos los días, buscando regalarnos seguridad y paz a todos los demás, créanme cuando les digo que está costándoles un pedacito de su alma cada vez. Con riesgo de ser crucificada por lo siguiente: en verdad creo que el Me Too no está funcionando por sí mismo, requiere apoyo, algo más que le ayude a encontrar respuestas trascendentes y permanentes, la denuncia es excelente, crea consciencia de lo que está ocurriendo en el mundo, pero si quedamos sólo en eso, el proceso está incompleto. Llámenme idealista y loca, pero creo que la verdadera solución radica en un lento proceso de desarrollar empatía y crecer juntos como sociedad hacia una cultura respetuosa de todos, indistintamente de sus cualidades humanas.

El Me Too es un excelente primer paso, no podemos seguir aceptando ni condonando el acoso y el abuso. Pero si volteamos a ver algunos de los efectos colaterales que está ocasionando, es más fácil notar que en verdad son necesarias acciones adicionales. La denuncia está logrando y va a lograr que muchos de estos actos violentos disminuyan o hasta se detengan, lo cual por supuesto, es excelente. Pero ¿sabemos por qué lo logra? Quien me esté leyendo y se identifique como feminista seguramente ha notado la respuesta de enojo que el movimiento está generando en muchos hombres, aquellos que sean (o se crean) completamente inocentes, perciben la posibilidad de ser acusados injustamente como una clara amenaza y les preocupa; en el otro extremo están quienes probablemente llevan toda su vida cometiendo estos actos y ni siquiera logran comprender por qué está mal lo que están haciendo, ni van a comprenderlo. Esto no los exime de responsabilidades, pero tampoco debería ser un fenómeno que pase desapercibido.

Mi propuesta, por contraintuitiva que parezca, es voltear hacia los hombres y verlos como un grupo afectado más; antes de que me busquen para arrojarme huevos en la calle, permítanme explicar. Tenemos casos (de renombre y extensión en la lista de víctimas) que dejan claro que están más allá de cualquier capacidad de comprensión, arrepentimiento o redención. Sin embargo, creo en verdad que el resto de nuestra población es perfectamente susceptible a comprender y detener conductas que simple y llanamente jamás han percibido como violentas o inapropiadas, debido a que han pasado toda su vida inmersos en una cultura que valida y fomenta el acoso sexual y la violencia de género como formas aceptables de comportamiento masculino. En breve resumen, sería bueno que comprendiéramos que a muchos no les han avisado a tiempo o con claridad suficiente que ciertas conductas dañan a quienes les rodean. Es la enorme diferencia entre ver a los hombres como agresores innatos o como seres humanos desinformados.

Y si, yo lo sé compañera feminista, en este momento te estás preguntando “¿y por qué tendría yo que ir a educar sobre lo que es acoso y no se debe hacer?”. Sólo tengo una frustrante respuesta para ti: porque tú lo puedes ver. No podemos esperar que alguien descubra por sí mismo algo que no le enseñaron en casa, ni en la escuela, la calle, los medios o en cualquier otra parte. Tú que lo ves, seas hombre o mujer, puedes cambiar el mundo un comentario a la vez, muchos sólo van a necesitar que se les explique en una sola ocasión que algo no está bien para no repetirlo por el resto de sus días, para que se convierta en una cadena de empatía y curación cultural en la que podamos comprender la posición del otro y terminar con esta división de géneros que tiene a la humanidad partida en 2.

Mi petición desesperada para los hombres es: por favor entiendan, muchas de verdad vivimos situaciones de acoso tan seguido que en un mes, en una semana o hasta en un día podríamos perder la cuenta, nos cansa, nos desgasta y nos desalienta. Por favor comprendan ese enojo a veces desbordado porque no ha bastado con hartarnos de llorar. A las mujeres, a mis hermanas, les imploro que intentemos recordar que ellos son también nuestros hermanos, que no son el enemigo, que merecen el beneficio de la duda y la oportunidad de aprender a ser amables con nosotras y con ellos mismos. Porque lo merecemos todos, porque la humanidad lo vale, para unirse, acompañarse y ayudarse… porque nos estamos quedando cada vez más solos y a veces se nos olvida que el otro es el único apoyo que tenemos.