¿Tienes pareja o adolescente?

Se termina la película, después de los obligatorios comentarios sobre la dirección, el casting y la adaptación del guión, te levantas. Tu pareja se queda en el sillón, celular en mano (eso va a tomar un rato). Recoges los platos de la botana, en el camino a la cocina te encuentras las cosas que compraron el fin de semana y aún no se han acomodado en su lugar, gruñes. Lavas los platos, junto con todo lo que se había quedado sucio desde el desayuno, sales de la cocina, sigue en el celular, gruñes más fuerte. Al entrar en tu recámara encuentras un cerro de ropa lavada que tiene días ahí, esperando por ser doblada y guardada en su correspondiente lugar, gruñes ahora varias veces mientras lo haces. Un rato después tu pareja entra entusiasmada para mostrarte un video gracioso que encontró, te encuentra con la cara desencajada. Por fin estalla la queja por sentir que estás haciéndote cargo de todo en casa y viene esa respuesta que te hace desear arrancarte un brazo y arrojárselo: “Me hubieras dicho que te ayudara”.

¿Qué está mal aquí? Estoy segura de que para éste momento, la mayoría de las personas que me leen se sienten identificadas con al menos una parte de la historia. Ojo, si nada te sonó familiar, es muy probable que seas la pareja bulto del cuento o lleves un buen rato de soltería. No me culpes a mí, es mera estadística.

Volviendo al tema, ok, ya te identificaste ¿y ahora qué?. ¿Vivir regañando? ¿Resignarte y hacer todo? ¿Enfrentar ese temido tercer divorcio? Eso nada más tiene gracia en sitcoms de los 90’s, en la vida real usualmente terminas en el psiquiatra y no mejoras con un cambio de temporada. El teléfono de tu abogado familiar NO debería aparecer entre tus contactos favoritos ¿sabes? Lo que quiero decirte es que ésto no es algo que deberías resolver tú y ahí es donde te has estado equivocando desde el principio. De hecho ni siquiera te estoy escribiendo a tí, deja de leerme y pásale el dispositivo a tu amorcito. Si todavía tiene el cel en las manos, será fácil: haz un movimiento rápido y sólo intercambia un teléfono por el otro, como esos trucos de jalar el mantel sin mover la vajilla. 

¡Hey hola! Si te acaban de poner éste artículo enfrente, me temo que te tengo malas noticias: el Instituto Nacional Electoral te ha estado mintiendo, a pesar de las arrugas y las canas, sigues siendo adolescente. ¿La buena noticia? Se quita y no duele tanto como crees.

Hoy vamos a hablar de carga mental en las relaciones. Es eso que enloquece a tu pareja y le hace hervir la sangre porque aparentemente para tí hay objetos invisibles a conveniencia dentro de la casa o situaciones simples que extrañamente no puedes resolver. La carga mental es todo eso que tiene que pedirte hacer o de plano resignarse a hacerse cargo porque “a tí se te olvida”, porque “te distraes fácilmente”, porque “tú no le entiendes”, porque “le sale mejor” o porque “inserte pretexto aquí”. Ya sé que las parejas modernas dicen que están al tanto de que los roles de género estereotipados en las relaciones son negativos, eso dices mientras los perpetúas siendo negligente de tus responsabilidades con el pretexto de que el otro sólo necesita pedir que hagas las cosas… TUS cosas, ¿sabes quiénes necesitan que les den órdenes para funcionar? ajá, los adolescentes y los subordinados, ¿ya vamos cachando por qué sientes que te están regañando a cada rato? lo que menos queremos de una relación es que se convierta en ésta especie de jefe, mamá o papá que nos riña por nuestros errores constantemente, pero éso es lo que ocurre cuando no se juntan dos adultos autónomos y autosuficientes.

Ésto puede darse en un sinfín de situaciones pero no nos engañemos, suele haber un claro sesgo de género en ello. Lo más probable es que si eres de los que pasan 47 veces junto a la toalla que dejaron tirada sin recogerla porque “no la vieron”, seas hombre. Mujeres, no canten victoria, ¿les suena eso de “no dejo a mi marido porque me mantiene”? la autosuficiencia abarca todos los aspectos de nuestras vidas, negar alguno implica un estado de adolescencia persistente.

No es tu culpa, fué la cultura, la sociedad, los cuentos de hadas y las telenovelas. Tu mamá lavándote la ropa aún cuando ya ni siquiera vivías con ella y tu papá dándote dinero para que no te faltara nada, aunque ya trabajabas y te podías mantener. No fué tu culpa, pero si quieres jugarle bien a la adulteada, ahora es tu responsabilidad aprender a hacerlo. Cada vez que te recargas en tu pareja para que te indique lo que tienes que hacer, la estás convirtiendo en la líder de la relación. Ésto puede derivar en 2 problemas: 

1. Que no le guste y sienta que la desresponsabilización de tu parte es falta de interés, de amor o de compromiso. Que se enoje porque crea que estás echando la flojera o peor aún, que se dé cuenta de la situación de fondo y decida no estar con alguien que no puede seguirle el paso.

 2. Que desde sus propias carencias, crea que le gusta y a continuación tengas a un sargento gritón y controlador a tu lado. 

La propuesta puede sonar escandalosa, definitivamente va en contra de lo que las familias tradicionales llevan milenios practicando: una división de roles que mantiene a los miembros de la pareja de alguna manera aniñados y carentes. un sistema diseñado para que nadie sea realmente autosuficiente, diseñado para mantenernos dependientes.

El mundo no es el de hace milenios, ni siquiera es el de hace algunas décadas, cada vez funciona menos éste modelo en el que algunos de estos “adolescenteadultos” no saben cómo se utiliza una lavadora o se prepara algo más complejo que un sandwich y otros no se imaginan trabajando para sustentarse. Las únicas relaciones sexo-afectivas libres son las que pueden ocurrir entre 2 auténticos adultos, completamente autónomos y  autosuficientes. Ésto de ninguna manera significa que no se vale organizarse y funcionar como equipo, sólo asegúrate de que haya consenso y que tu pareja no está haciéndose cargo de tareas que realmente no tiene deseos de hacer sólo porque tú las dejas abandonadas. 

¿Por qué existe el día de la esterilidad?

Hoy 1 de Junio es el día mundial de la esterilidad o infertilidad, es una fecha de conmemoración para darle la importancia que merece esta condición, padecerla puede provocar confusión, dolor, estrés, miedo, ira, y otros sentimientos en las personas que se ven involucradas de modo individual y en pareja, en la mayoría de las  ocasiones no se manejan correctamente estas emociones provocando repercusiones graves en su vida.

En México hay alrededor de 5 millones de parejas con este problema, algunas ni siquiera son conscientes de ello, o lo consideran algo que no es grave, la desinformación sobre el tema nos lleva a probar remedios caseros, y lo peor a reprimir los sentimientos. Es sabido por todos que uno de los deseos de las parejas enamoradas es tener un hijo (aclaramos, tal vez no de todas las parejas), aunque en los últimos años bastantes personas se inclinan por la opción de no tener descendencia, para quien si lo desea es un golpe duro saber que no puede hacerlo, es por esto que a veces llegan a evitar hacerse los estudios necesarios para así tener una ilusión aunque esto genere aún más confusión en las emociones de las personas, al verlo desde esta perspectiva podemos comprender que hay desilusiones y frustraciones que agravan las heridas , al no desahogar sus sentimientos, tienden a dañar la autoestima de sus parejas, y la propia dejando secuelas emocionales que difícilmente se podrán manejar, esto sin contar la presión social y familiar a la que se ven sometidos, con eternos cuestionamientos y tabúes que solo logran hacerlos sentir culpables por una situación que no depende de ellos.

En México tenemos una característica especial por llamarlo así, debido a que  el machismo que aún se vive  agrava este tipo de situaciones, hay poblados donde aún se tiene la creencia de que si hay problemas de fertilidad es culpa de la mujer, cuando se ha demostrado con estudios que no es algo exclusivo de un género, sin importar esto las mujeres que no pueden dar la descendencia esperada son juzgadas y culpadas. El otro lado son los hombres que al notar que no pueden tener hijos piensan que deben afrontar esto solos, pueden tomar muchas actitudes ya que como bien sabemos en México “no eres hombre si no puedes tener hijos” y esto puede llevarlos a herir a otras personas o a sí mismos.

 Respetando el punto de vista de cada quien, debemos entender que para quien anhela tener un hijo por las razones que sean válidas para este, genera sufrimiento no poder hacerlo, es difícil dejar de juzgar y tratar de ser empáticos, si tu o una persona que conoces está atravesando por una situación parecida es importante buscar apoyo psicológico, para poder sobrellevar la situación, los tratamientos de fertilidad no siempre dan los resultados esperados o son más agresivos de lo pensamos, para soportarlos necesitamos contar con apoyo profesional, no es algo que se entienda o supere fácil, pero podemos avanzar, tratar el creciente problema de la forma correcta, sin resultar tan lastimados,  sentirnos solos o aislados.

Pocas veces se visualiza el daño emocional que las situaciones pueden causar, es momento de tomarlas enserio y actuar, no dejemos pasar este día y comencemos cambiando el estigma, acude con un profesional, o lleva a tu amigo, amiga, pareja o familia, démosle a nuestras emociones la importancia que tienen.

Independientemente de cual sea tu opinión acerca de tener hijos siempre ten presente que para poder educar personas felices debemos empezar por nosotros.

¿Me subo o dejo ir el tren?

Las relaciones de pareja no son color de rosa todo el tiempo y es necesario ser más tolerantes y aprender a identificar lo que si es dañino y no nos gusta o nos incomoda.

Una relación nutritiva es aquella que te cuestiona, te hace ver tus errores, te dice las cosas como son y todo esto con la finalidad de que evoluciones y crezcas como persona y también como pareja.

Las relaciones nutritivas están en constante cambio y crecimiento, ambos buscan ser mejores, tanto individualmente como en pareja. Existe la confianza para poder hablar de cualquier tema y/o problema y resolverlo en el momento en lugar de evadirlo y que se haga mas grande. Dentro de la relación se puede hablar con la verdad sin necesidad de lastimar al otro, de forma directa y buscando mejorar.

No siempre tienen que estar de acuerdo entre ustedes, las discusiones no son malas, al contrario, nos ayudan a ver otros puntos de vista, conocer la opinión del otro o sus necesidades. Aprender a escuchar al otro es fundamental para que la relación pueda fluir y puedan resolver sus diferencia de manera adecuada y no creando conflictos innecesarios.

Muchas veces las personas nos lastiman y en ocasiones no lo hacen de manera intencional, es importante hacerle saber al otro que lo que hace nos lastima o nos enoja porque no lo sabe. Si aún así lo sigue haciendo entonces ya hay un problema que necesita ser arreglado.

Es necesario y muy importante aprender  comunicarse y poner límites para evitar que los comportamientos que nos lastiman, se repitan.

¿Cómo saber si estás intenseando?

La frase suena por todos lados y con todas sus variantes: “estás intenseando”. Aunque honestamente no he encontrado que exista un verdadero consenso cultural al respecto. Me parece que no todos están de acuerdo en lo que significa aquello de intensear, es similar al Duvalín, todo mundo lo ha probado, pero poca gente sabe realmente qué es y me temo que yo tampoco estoy tan clara, así que haré mi mejor esfuerzo por no dejarte más confundido que como te encontré. Una gran diferencia es que cualquiera acepta feliz un Duvalín y en cambio, la acusación de estar siendo intenso da más miedo que la llorona, el coco y las declaraciones de impuestos, todos juntos.

Empezando por el principio, trataré de dar una definición: el asunto de intensear tiene que ver con una expresión emocional, eso creo que todos lo tenemos asentado ¿no?. La cosa es que la mentada expresión al parecer es “exagerada” a los ojos del que la presencia o la recibe, en pocas palabras vivimos en un mundo en el que los demás pueden decidir si estás sintiendo o expresando “demasiado”. ¿Ya cachaste lo ridículo del asunto? Si todavía no, ni te preocupes, porque me voy a seguir en esa línea hasta el final del artículo.

Esta onda de tenerle tanto miedo a la expresión de sentimientos pareciera ser bastante nueva dentro de nuestra cultura. La realidad no podría estar más lejos de ésto, sólo cambiamos de modalidad. El cliché es por demás conocido: los hombres no lloran porque se ven débiles y las mujeres no se enojan porque se ven feas (o al menos eso dicen, yo tengo una teoría bastante diferente en la que me dedicaré a ahondar otro día). Los que se rechazaban eran los sentimientos percibidos como negativos y sólo bajo condiciones extremas se validaba su emisión. Hasta Pepe el toro tuvo permiso de llorar, pero se le tuvo que morir el hijo para que eso sucediera, que por cierto, ¿sabías que en esa escena nunca grita “Torito”? Búscala, has vivido engañado todos estos años.

Claro que ese no cuenta como un momento exagerado e “intenso” ¿o sí?. Va de nuevo, aquí el problema es que estas cosas suelen ser decididas por alguien más, suena muy extremo que alguien acusara a otra persona de estar sobreactuando ante la experiencia de un hijo muerto, pero la metáfora es útil. ¿Cómo saber que ya te estás pasando? ¿Cuando le preguntas a la persona con la que llevas saliendo por 2 meses para dónde va la relación? ¿Y si sólo es un mes? o ¿qué tal si le mandas un mensaje al día siguiente de la primer cita? Nadie se ha dedicado a definir los protocolos de ligue, todos parecen decidir desde sus pequeños mares de inseguridades y miedo al compromiso. Si, leíste bien, todos esos que andan acusando a los demás de “intensear” son un montón de pequeños venaditos asustados.

De alguna manera hemos convertido la atracción y el afecto en algo negativo, bueno, realmente no, pero eso pareciera. Cada vez me encuentro más personas dispuestas a visitar regularmente al dentista que a exponerse mandando un mensaje de buenos días a la persona que les gusta. Es excelente que la salud bucal mexicana mejore tanto, pero qué tremendo desperdicio si no tienes quién bese esa perfecta y blanca sonrisa porque tus temblorosos dedos no logran presionar en “enviar”. ¿De dónde viene este terror a mostrarte interesado?

Hagamos esto fácil, si crees que es intenso decirle a alguien que te gusta, invitarle a salir, mandar un mensaje al día siguiente de una cita, ¡o hasta el mismo día si se te da la gana!, preguntarle qué busca contigo, hacia dónde va la relación o pedir las cosas que te gustaría que ocurrieran en ella. Hazte un gran favor y déjalo ir. Tienes derecho de manifestar tu interés y mereces encontrar a alguien a quien ésto no le resulte amenazante. Si no te gusta que esa personita con la que estás saliendo se desaparezca por días y al parecer te busque sólo cuando le conviene ¡dile! Si te choca que te deje en visto ¡dile! Y si mueres de ganas de verla ¡dile!. Lo peor que puede pasar es que no recibas lo que buscas y quedes entonces disponible para buscarlo en otra parte. Quien te tache de intenso por algo así, necesita ir a revisarse a sí mismo, no estás haciendo nada mal.

Si te amenazan con terminarte porque no contestaste un mensaje en 2 horas, si te llaman 35 veces mientras estás en el cine con el teléfono en silencio, si llegan a gritarte a las 3 de la mañana fuera de tu casa porque les dió un ataque de celos o si te acosan siguiéndote a la escuela o esperándote a que salgas del trabajo. ESO si es intenso, siéntete libre de reportarlo con las autoridades pertinentes y enviar al individuo en cuestión a evaluación psiquiátrica para que reciba la medicación que requiere. Deja de permitir que tu miedo al rechazo rija sobre tus decisiones, a todos nos mandan a volar de vez en cuando y siempre se supera. Te invito a hacer el experimento, manda ese mensaje que tanto miedo te da, descubre tu fuerza y con suerte puede que consigas una cita ardiente para el fin de semana. De verdad, por favor ya supérenlo; sentir, querer y desear es de seres humanos, si les falta drama en la vida, para eso está Netflix.






Haciendo propuestas que no te puedan rechazar (cómo negociar en pareja)

Confieso de una vez que hice publicidad engañosa, el título de este artículo es una estafa y yo soy una farsa completa. Las negociaciones exitosas en pareja justamente se fundamentan en que ambos rechacen las propuestas del otro. Así que puedes dejar de leer ahora mismo o tal vez darme la oportunidad de explicar por qué es buena idea que tu pareja te batee de vez en cuando.

Si te encantan las pelis de terror pero el novio las odia, mientras que aquél es fan de las comedias románticas que a ti te pueden causar vómito explosivo en cualquier momento, no tiene mucho sentido que terminen en esa corrosiva dinámica de forzarse mutuamente a ver las pelis del otro ¿no crees? Sin embargo, así es como la mayoría de las parejas toma el grueso de sus decisiones, así nos han enseñado a gestionar nuestras necesidades y deseos con nuestros seres queridos: “Yo te impongo o permito que me impongas”, obtener lo que queremos se vive como una constante pelea por el poder.

Aquí es cuando siempre cuento la historia de mi tía: cuando se casó, ella y su vato decidieron que la mejor idea para decorar su casa era que se dividieran las habitaciones entre los dos, cada uno tendría algunos espacios que le serían completamente exclusivos para acomodar y decorar como mejor le pareciera. El resultado, como podrás imaginar, fué catastrófico. La cocina que era propiedad de ella, se convirtió en el “Reino girasol”, porque le encantan y compró absolutamente todos los aditamentos e instrumentos de cocina que encontró con girasoles. Mientras tanto, el estudio que era de él parecía un set de película de Sherlock Holmes, victoriano y lúgubre. Al final, ambos detestaban la mitad de su casa y el hecho de que amaban la otra mitad, parecía poco relevante; al parecer aquello que odiamos tiene mucho más peso que lo que amamos, así que no se compensaba. Cuando se cambiaron de casa, decidieron decorar juntos todos los espacios y probablemente evitaron un divorcio con eso.

¿Por qué rayos intentamos estas divisiones y batallas extrañas entonces? Mi hipótesis es que tenemos una mala concepción de lo que debe ser individual y lo que debe ser conjunto cuando hacemos vida de pareja.

Por un lado, tenemos una cultura que nos enseña a amalgamarnos como si uno fuera las pasas y el otro el panqué (puedes cambiarlo por nueces si no te gustan las pasas). En nuestra sociedad, iniciar “bien” una vida juntos implica perder libertades, dejar atrás actividades deportivas, hobbies, clases, reuniones, pasiones y hasta relaciones con amigos o familia. Entonces comienza este argüende de obligar a la novia a ir contigo al estadio de fut los Domingos, porque a fin de cuentas ella te forzó a ir de compras el Sábado. Si tan sólo supieras que esa nostalgia que tienes mientras miras tu vaso de cerveza y piensas en tus cuates gritando contigo, orgullosamente uniformados con los colores de su equipo es la misma que tu novia siente cuando te modela 5 pares de zapatos diferentes y tú le contestas que “todos se le ven bien” …cómo se nota que no tienes idea de qué tacones se ven bien con pantalones de vestir, qué feo que seas así, deveras.

Lo que recomendaré a continuación va a sonar muy loco, pero puede funcionar: ¿y si en lugar de intentar sostener esos pocos resquicios de tu individualidad pegado como de la cadera a tu pareja, de verdad la conservaras? El chiste para negociar en pareja es aprender a pedir lo que queremos y necesitamos, con la consideración constante de que eso no puede imponerse sobre lo que quiera y necesite el otro. Además de tomar en cuenta que si no podemos cubrir todo lo que requiere, es muy válido que busque hacerlo con alguien más. Ojo: obvio dentro de los acuerdos que tengan, luego no anden diciendo que yo les di permiso de buscar afuera lo que no tienen en casa.

Para llegar como todo un campeón a buenos acuerdos ganar-ganar necesitas primero que nada, saber bien qué es lo que quieres, no andes pidiendo a lo loco que luego por eso te contradices o peor tantito, pides algo que ni querías y más horriblemente aún, te lo pueden hasta llegar a conceder. ¿Te acuerdas de esa vez en la que viste un video bien chistoso de unos lindos hurones y terminaste con una criatura apestosa, incontrolable y mordelona en tu casa? Bueno, imagínate qué espanto si encima ese ex tóxico te hubiera regalado al condenado hurón.


Ya que sepas lo que quieres, es hora de pedirlo claramente y si te sale, hasta de forma bonita. Hazte a la idea por favor de que esa es tu mitad y a continuación le toca a tu pareja la contraparte. Si no coinciden es momento de negociar, lo importante es que encuentren un terreno medio, siempre es mejor que ambos terminen con una opción que les guste aunque no les encante. Si lo que andas buscando es un estilo de vida en el que absolutamente todo sea como, cuando y donde lo quieres, recomiendo ampliamente una estable existencia de soltería, tal vez acompañado de un cactus que no te demande demasiado. Este asunto de meter al amor en nuestra vida, requiere mucho espacio.





Triunfando con tu amigo con derechos

Para empezar, déjame decirte que si pudiste conseguir a alguien interesado en tener sexo contigo sin que sea “forzoso” porque te ama o porque andan, ya eres un ganador en mi libro. Volviendo a la realidad, en la que no soy la horrenda persona que acaba de decirte esas cosificadoras aberraciones, la verdad sí quiero que te vaya bien.

Y para que te vaya bien, primero tengo que definir de qué estoy hablando. “Fuck buddy” es el nombre cariñoso con el que se denomina al amigo que felizmente te estás dando sin compromisos. El chiste aquí no es sólo el intercambio de fluidos, si no que éste acontece bajo un amistoso acuerdo de no agresión (sí, los fuck buddies son como embajadores del buen sexo con inmunidad diplomática). Por si no te has dado cuenta, este no va a ser un artículo serio, porque estamos hablando de fuck buddies y eso no es un tema serio, si te tomas a tu fuck buddy en serio, estás fallando a lo grande.Lo que sería muy serio es que termines haciéndolo todo mal y termines sin fuck y sin buddy. Rompamos el mito de que encamarte con alguien va a arruinar la amistad, ponte los flotadores y aviéntate a este chapoteadero relacional.

Lo más importante en este asunto es que la persona en verdad sea tu amiga o de perdida tu cuate, porque aunque no lo creas, el sexo sin compromisos requiere la misma cantidad de cuidados que cuando ocurre dentro de una relación exclusiva y “formal”, para actividades frecuentes y en confianza, no hay nada mejor. La mejor parte de hacer esto con un verdadero amigo es que al terminar, siempre pueden poner una película o echar el chisme sobre los eventos recientes de sus vidas. Es igual de bueno que con un novio, sólo que no necesitas acordarte de cuándo es el cumpleaños de la suegra.

Ahora, si todo al parecer es tan maravilloso, ¿por qué pueden fallar las cosas con un fuck buddy? Un error de origen es que alguien ahí no quiera quedarse sólo como amigo, por favor no seas esa persona y no le aceptes sexo sin compromiso a tu cuate ñoño que lleva la vida entera suspirando por ti. No queremos que esto termine en una masacre ¿ok? Quiero creer que no necesito hacer hincapié en que tú tampoco deberías, la empresa no se hace responsable por propuestas de matrimonio fallidas, la terapia que necesites para superar el trauma corre por tu cuenta, aunque tal vez podamos conseguirte cortesías en el bar de tu conveniencia para promoción 2×1 en shots los jueves de solteros y solteras.

En el completo opuesto, a veces las cosas fallan porque alguno de los 2 decide intentar una relación de pareja exclusiva con alguien más y no sabe cómo manejarlo. Caramba, si se supone que son cuates deberían poder decirse estas cosas sin problema. Puede ser que la situación les haga notar que tienen la madurez emocional de un niño de primaria (de esos que reprobaron un par de años porque “todavía les faltaba”) y que entonces descubran que toda la idea del sexo casual fue un tremendo error, estas cosas son para gente grande, párate por favor junto al dinosaurio para ver si puedes entrar a este juego.

Si juran que esto jamás les pasaría porque tienen súper claro que no buscan un noviazgo y nadie va a clavarse, etc, etc. déjenme decirles que todavía quedan varias trampas de arena por delante. ¿Ya hicieron acuerdos? Si ni siquiera sabes lo que son los acuerdos, por favor regresa a la entrada, no se vale ponerse de puntitas junto al dinosaurio. Si sabes qué son, pero no los hiciste, ¿qué estás esperando? Esa onda Millennial de “sin involucrar sentimientos” no te va a llevar lejos. Necesitas tener las reglas claras, ¿qué tan seguido quieren verse?, ¿cómo van a cuidarse?, ¿se vale salir como cuates?. Si su relación era cercana antes de comenzar esta nueva etapa, ¿qué pasa si un día quieres apoyo de amigos con algo? Ah, por cierto, si son mamíferos normales, por supuesto que van a tener sentimientos, el sexo con psicópatas puede sonar emocionante al principio, pero en lo personal no lo recomiendo. (¿Ya viste You?).

En general estos lineamientos deberían ayudarte a que todo se mantenga divertido y sexy. Claro que si eres de esos masoquistas a los que les gusta complicarse la vida, puede que se te ocurra terminar enamorándote de tu fuck buddy y que para colmo sea mutuo, si después de mucho reflexionar siguen pensando que es buena idea y que quieren intentar una relación más comprometida, olvídate de los carritos chocones, bienvenido a la casa del terror, ésta es sólo para mayores de 18. Y como seguro estás muy perdido (obvio lo estás si crees que la mejor manera de buscar novio es empezando con un fuck buddy) probablemente te sirva leer esto:

https://vinculocolectivo.com/2019/02/20/encontre-pareja-que-le-doy-de-comer/

Suerte y que la fuerza esté contigo.





Morirás solo y triste (a menos de que leas esto)

Hay que reconocer que lo intentaron todo: pelearon, platicaron, se alejaron y se reencontraron, se fueron de vacaciones, siguieron consejos de Cosmopolitan para “reavivar la llama”, hasta fueron a terapia y no funcionó: te acaban de tronar.

Al principio probablemente entraste en shock, negación total de lo sucedido. A momentos piensas que seguramente no ocurrió, de pronto recuerdas que sí y tu corazón se acelera, la sensación no es agradable. Has visto demasiada ciencia ficción, se nota porque de pronto te cachas en la fantasía de que tal vez estás viviendo en la Matrix o en un episodio muy aburrido de Black Mirror (no exageres, aunque tu ruptura esté muy fea, no es televisable). Pasan los días y te va cayendo el veinte, ahora sí terminó, no es como en el pasado cuando peleaban y en pleno drama se borraban de Facebook y se bloqueaban en Whatsapp para buscarse al poco tiempo y “arreglar” todo. Ahora ni pelea hubo. Estaban tranquilos, tristes, podría decirse que hasta nostálgicos por aquella relación que alguna vez fue. Por fin pasas el trago, ahora sí se acabó.

Bueno, ¿y ahora qué? No tienes la menor idea de qué hacer en esta situación, no es como si en la prepa te hubieran dado una clase de cómo sobrevivir un truene, aunque vaya que hace falta. Saliste sabiendo despejar ecuaciones, balancear compuestos orgánicos e inorgánicos y hasta algunos artículos de la constitución te habrás aprendido. Nada de eso ayuda ahora que te has convertido en una gallina ciega, corriendo en círculos y tropezando hasta contigo mismo. Ok, sólo porque este si es un tema feo, de esos que duelen hasta que el pecho se adormece y neutralizan nuestra capacidad de razonar como seres humanos, te voy a dar la receta para que salgas de ese hoyo. Sí, por supuesto que hay receta, para todo en esta vida hay una. El problema es que no funciona igual en todos los casos. Superar una ruptura amorosa es como preparar picadillo: todo mundo sabe hacerlo, pero nadie lo hace exactamente igual (ni le pone sazón). Aún así, lo reconoces en donde quiera que lo comas ¿correcto?

Paso 1. Detente. No finjas que no está pasando nada, no intentes pretender que todo está bien, porque no lo está. Negar un proceso de duelo no hace que desaparezca ni lo hace más fácil. ¿Por cuánto tiempo extrañas tus audífonos favoritos cuando se te pierden? Pues no inventes, idealmente tu ex era un poquito más importante.

Paso 2. Llora. A mares, todo lo que te salga, compra más electrolitos que si te prepararas para la cruda del siglo, porque vas a deshidratarte. Berrear a moco tendido relaja y desahoga mejor que nada. ¿Ya no salen las lágrimas? No te preocupes, aquí entran los que me gusta llamar “laxantes emocionales”: Películas románticas trágicas o canciones melancólicas y asunto resuelto. Vamos, aún cuando estás contento un par de canciones de José José te sacan la lagrimita, ¡Imagínate ahora!

Paso 3. Busca a tu gente. Calienta esos dedos, porque vas a estar escribiendo más mensajes que tu tía la manda Piolines serial. Necesitas redes de apoyo, ¿dónde están esos amigos que puedan llegar a ver series contigo, apapacharte, secarte las lágrimas, emborracharte, curarte la cruda, contarte chistes y demás?

Paso 4. Dale tiempo. Esto no va a salir rápido, es odioso y desesperante pero tienes que vivir el proceso completo. Un tip ahí es que no te emociones demasiado cuando de pronto tengas un muy buen día en el que ya te sientas increíble porque a la vuelta de la esquina hay una recaída de esas que terminan contigo en el suelo de un bar… a las 11 de la mañana.

Paso 5. Cuidado con los rebotes. El rebote es una cosa bonita pero que hay que practicarlo con cuidado o, incluso pasar de él por completo. Por favor que no se parezca a tu ex, por favor que no te maltrate y HAGAS LO QUE HAGAS, no te claves con el rebote, porque no estamos buscando subirle el grado de dificultad a esto.

(Rebote: sust. masc. Rife con el que sales un tiempo después de terminar, que idealmente te hace sentir menos solo y miserable)

(Rife: sust. masc. Pretenso romántico. Véase también, ligue)

Después de hacerle la chamba a la RAE, una última recomendación: aprende de la experiencia, los fracasos son excelentes maestros si estás dispuesto a atender la lección. No repitas los mismos errores y confía en que algún día saldrá bien.









¿Tronamos o nos encueramos?

Un día despiertas y el pensamiento te golpea la cara como cachetada peor que patada de despeje: tu relación de pareja se encuentra en estado crítico. La aqueja un mal grave y puede ser que no resista. Pasas la mañana absorto en tus pensamientos, desmotivado y triste, estás tan letárgico que pareciera que de pronto tienes un puesto burocrático en el gobierno (¡a la ventanilla 6, señora!). Sin embargo, algo dentro de ti aún late. No quieres rendirte ¿verdad? Todavía hay amor y los recuerdos de los buenos tiempos son irritantemente parecidos a propaganda barata de San Valentín. Entonces vale la pena, sólo que no sabes ni por dónde empezar a ponerle pies y cabeza a esto.

No te desesperes, una ventaja es que si están tan mal, difícilmente podrás empeorar la situación, así que casi cualquier cosa que hagas, puede ayudar. Piérdele el miedo, ¿qué es lo peor que puede pasar? Si esta relación termina yéndose por el drenaje, solo debes enfrentar un triste futuro de eterna soledad. Ya sé, no estoy ayudando a que te sientas menos patético, pero si no le entramos con sentido del humor, esto será imposible. Tienes que aceptar que si no haces algo, las cosas no se van a resolver por sí mismas. ¿Quién lo diría? Resulta que si tu carro se descompone, no se arregla solito cuando lo ignoras (puede ser que por fin comprendas por qué se desvieló aquél primer Chevy que tuviste). En general todo en este mundo necesita mantenimiento, ¿qué nos hizo creer que nuestras relaciones no?

El paso #1 es enfrentar la situación, y eso implica abordarlo con tu pareja. Créeme, seguro se ha dado cuenta en alguna medida de que las cosas no están funcionando igual de bien de un tiempo para acá. Ese cliché de terapeuta que dicta: “la comunicación es lo más importante” ¡Es un cliché por una buena razón! Y no, el hecho de que diario platiquen sobre quién creen que va a ganar en esta temporada de Master Chef o cómo les fue en el trabajo no cuenta, la realidad del no estamos funcionando es descarnada, pero necesaria para volver a lograrlo.

Y hablando de eso, ¿por qué funcionaban? Échate un clavado al pasado, a esos tiempos en los que tenías más cabello, pesabas 10kgs menos y tus ojos brillaban con ingenuidad. Si ya me odias por patearte mientras estás en el suelo, enójate contigo mismo porque yo no tengo la culpa de que hayas dejado de ir al gimnasio para quedarte viendo pelis con tu amorcito más seguido, para colmo, con palomitas de caramelo (claro, porque las naturales no te sabotean lo suficiente). ¿Ya vas cachando por dónde va esto? Lo primero que descuidaste en la relación, fue a ti mismo. Es importante concientizar esto, porque cuando sentimos que una relación ya no nos llena, muy seguido, de verdad MUY seguido, los que ya no funcionamos somos nosotros. No extrañas tanto esos primeros días de romance como extrañas los tiempos en los que te sentías bien contigo ¿cierto?

Lo maravilloso en este asunto de la resucitación relacional es que el proceso completo es de mucho autocuidado, antes que del cuidado del otro. Te va a encantar, detengan la cascada de reclamos mutuos en los que es culpa del otro todo lo que ya no sienten, gozan y disfrutan. Si te empiezas a hacer responsable de tu propia felicidad aún dentro de tu relación de pareja y el otro hace lo mismo, empezarán a recuperar toda esa energía que por el momento no encuentran por ninguna parte. Su pobre relación, que en este momento está más seca que el lago de Texcoco (si, ese que rescataron) tendrá chance de reverdecer. Traduciendo entonces, el chiste es que para empezar cada quién revise qué le está faltando y que sean muy realistas al respecto, ¿de quién es responsabilidad que ya nunca salgas con tus amigos?, ¿por qué dejaste de coleccionar las estampitas para tu álbum del mundial o de ir a las convenciones de comics? (¿No te bastó con decepcionar a tus padres, también a Stan Lee?) Tal vez no sientan bonito al descubrir que se han convertido en un obstáculo en el camino hacia la felicidad del otro, pero al menos ahora puedan quitarse de en medio. Duele darse cuenta de que a veces, para estar bien juntos, hay que separarse un poco, pero llegar a estos puntos medios es lo que permite que la relación sobreviva, recuerda que tu otra opción es tener todo el tiempo libre del mundo si terminan tronando.

De una vez te aviso, para que no digas que no se te advirtió: este proceso será más horroroso que ir al dentista (cuando tu dentista es Elba Ester Gordillo). Pero vale la pena si no quieres tener que estar descargando apps de ligue en un futuro próximo, no te asustes, no todo está perdido.

Amor que no necesite primeros auxilios

¡Lo lograron! Llegaron al primer aniversario, tuvieron esa rebanada de pastel con letreros amorosos escritos con jarabe de chocolate en el plato, hubo romance, seducción, risitas y disfrute; tanto nivel de perfección no se logra ni con filtros de Snapchat.  Ahora despiertas en el día uno del segundo año y te invade el terror. ¿Cómo se llega al segundo aniversario? ¿Y al tercero? ¿De verdad te atreves a soñar con un décimo? Suena imposible de lograr, el mayor nivel de compromiso que has alcanzado es contratar el plan del celular por 18 meses en lugar de un año y (no finjas demencia) a la mera hora siempre terminas aceptando el cambio adelantado. Antes de esta relación, habías tenido litros de leche que duraban más tiempo en tu refri que tus noviazgos. ¡Es hora de cambiar eso! Estás motivado, te sientes todo un ganador, ¡nada te detiene, campeón!… pues ponte la sudadera y dale play al soundtrack de Rocky, porque vamos a ejercitar esos músculos amorosos.

Las estadísticas oscuras están por todas partes y sentencian lo siguiente: la inmensa mayoría de las relaciones se rompe antes de los 4 años, y en algunos lugares del mundo el porcentaje de divorcios es casi del 50%, de pronto parece que es más inteligente encariñarte con tu personaje favorito de Walking Dead que con tu novio. Pareciera que nadie lo logra; volteas desaminado a ver el matrimonio de tus papás y las relaciones de tus amigos y el panorama empeora aún más. Tus dudas son lógicas, sabes que eres tan común y corriente como los burritos de microondas, no sabes qué puede hacerte tan especial como para ser aquél que derrote a las estadísticas, la realidad es que nada; eso, no puedes hacer nada más de lo que ya estás haciendo. Las relaciones duraderas no son para los superdotados emocionales, no necesitas ser alguna clase de iluminado, tampoco requieres que el destino y los astros estén alineados (efectivamente, ya puedes dejar de leer tu horóscopo todos los días, esas cosas las escriben los mismos que le componen a Arjona). ¿Honestamente? Ni siquiera necesitas una química increíble y una conexión cósmica portentosa. Lo único que se requiere es que tengas una pareja que te guste y sea tu amiga, con quien estés dispuesto a esforzarte todos los días para sacar las cosas adelante, sin sufrirle demasiado.

Aquí es donde se separan los guerreros de los conejitos: el éxito es un asunto de mantenimiento. El primer error es que te confíes y creas que esa relación joven va a conservarse fuerte, estable y funcional para siempre. Ese es un privilegio reservado sólo para algunas estrellas en nuestra galaxia, y los teléfonos Nokia 3310 del año 2000 que siguen sonando en tiraderos de Bangladesh; tú eres un simple mortal y tienes que echarle ganitas. Lo primero que tienes que hacer es observar ese vínculo que tienes hoy, comenzando su segundo año, que aún se siente cálido, alegre y tranquilo.

Todavía tienen mucho entusiasmo el uno por el otro y la pasión sigue viva, pero ha bajado lo suficiente como para permitirles tener conversaciones interesantes y hacer actividades fuera del dormitorio que los llevaron a conocerse mejor. No te hagas, todos sabemos lo que estuvieron haciendo esos primeros meses, tenían que salir a respirar e hidratarse en algún momento ¿no? Para que este estado glorioso se mantenga, hay que dejar a un lado la química y la magia, es un asunto de esfuerzo, paciencia y mucha tolerancia a la frustración. Si esta última la percibes baja, ya puedes irle echando la culpa a Barney el dinosaurio por mentirte desde pequeño y convencerte de que eras especial y todos iban a quererte siempre. Vamos a la cruda realidad: lo haces mal, todos lo hacemos mal, ¿por qué? sencillo, tenemos una cultura que nos enseñó que los únicos retos que enfrentan las parejas aparecen alrededor del inicio de las relaciones. Piénsalo bien, entre Blancanieves y María la del Barrio no hay diferencia, una vez que todo se establece y las brujas malas son vencidas, comienza el “felices para siempre”.

Nadie te dijo que los defectos, el aburrimiento y la monotonía que poco a poco te robarán las ganas de vivir son tu futuro. Por lo anterior te voy a regalar 5 reglas de oro que te ayudarán a darle mantenimiento básico a tu vida amorosa:

1.     No dejen de besarse. Y me refiero a buenos besos, de esos que hacen que tu abuelita te regañe por cochino. Darse puros “piquitos” es la antesala de la muerte.

2.     Sigan teniendo conversaciones interesantes. Cuidado con caer en el tedio de sólo hablar sobre su día. Vamos, tienen acceso a Google, hagan equipos y discutan.

3.     Solucionen los conflictos. Si cada vez que discuten por algo, llegan a resolverlo y prevenir que el tema se repita, la relación se mantiene actualizada.

4.     Continúen descubriéndose. Busquen actividades nuevas que les muestren partes del otro que no conocían. Hacer el oso juntos en clases de tango o gritar como quinceañeras en una montaña rusa son, oficialmente, recomendación del médico.

5.     Sepan perdonarse. A lo largo de los años van a meter la pata incontables veces. Pidan disculpas, compensen al otro por los daños y sigan adelante. El resentimiento es asesino de amores.

Como extra, la flexibilidad siempre ayuda. Ante la duda y el conflicto, siempre revisa si puedes bajarle unas rayitas a tu rigidez. ¿Te animas a mantenerte sano haciendo “yoga relacional”? ¡Estírate primero!

Encontré pareja, ¿qué le doy de comer?

Buscaste y buscaste, en fiestas, tugurios y congales, instalaste todas las apps, las desinstalaste y las instalaste de nuevo, le pediste a todos tus amigos que te presentaran a alguien, pusiste santos de cabeza, prendiste velas, conseguiste cuarzos, hiciste rituales de psicomagia y al final, ese día especial (y cuando no lo estabas esperando, ajá) por fin alguien apareció.

Y todo parece genial, ya llevan una semana saliendo y aún te soporta, responde mensajes todos los días (y hasta rapidito, en menos de tres horas), se dan los buenos días y las buenas noches. De verdad empiezas a pensar que esta persona puede ser la buena y como bien lo sabemos, no harás caso de consejos y te vas a aventar como chivo en cristalería porque estás listo y todas las canciones de Bon Jovi dicen que lo hagas o te arrepentirás.

Ahora, el problema es que la última vez que tuviste pareja los teléfonos celulares todavía tenían tonos polifónicos y pantallas monocromáticas. ¿Qué rayos se le daba de comer a un novio? ¿Se seca al sol? Durante tu largo periodo para “encontrarte a ti mismo” es fácil intuir que no lo hiciste muy bien que digamos en la última ocasión, tus pocas habilidades románticas están por demás oxidadas y la única capacitación que has obtenido esta década viene de la serie completa de “How I met your mother”, que ya viste 3 veces… el desastre es inminente. Como dicen los subtítulos de las películas: “música ominosa”.

¡No entres en pánico! O sí, un poco, pero sigue leyendo. Seguro no puede ser tan difícil, por algo la humanidad no se ha extinguido, alguien allá afuera debe estar lográndolo, el amor existe, tiene que ser real y asequible ¿verdad? Ok, un poco más de pánico, respira dentro de una bolsa de papel para que no hiperventiles y convéncete de esto: comenzar esta relación con desmayos constantes puede hacerte parecer más frágil de lo que realmente eres y no queremos eso. Aquí te van algunos lineamientos básicos para que de perdida, lleguen al primer aniversario, ya ahí volvemos a revisar (porque relación = trabajo constante), por ahora, pasitos de bebé.

Lo primero es entender que ningún rascacielos se levanta sin buenos cimientos, el chiste es lograr mantenerte consciente durante esos primeros meses en los que la mayoría se dedica sólo al negligente disfrute y chupar helado de los dedos de tu otra mitad. Te han mentido, el amor no es ciego, sólo se hace menso. Tampoco se trata de que estés hipervigilante todo el tiempo, se supone que te sueltes y la pases increíble en el ensueño de la nueva limeranza, pero sin negar lo que observes, sientas y escuches. Habrá esos momentos, probablemente sutiles y minúsculos, en los que un comentario, una expresión o tal vez una historia del pasado te hagan levantar la ceja, ¿la sentiste? Esa muy pequeña alarma que te avisa que ahí tienen un foco que requiere atención porque ahora es casi imperceptible pero no va a quedarse de ese tamaño. El enamoramiento y la emoción del momento te dirán que lo dejes pasar, que no es importante y que no vale la pena “arruinar” las cosas hablando de un tema poco agradable. ¡No sucumbas ante la tentación! Recuerda que el diablo está entre nosotros y seguramente inventó Netflix para que prefieran poner otro capítulo de la serie, en lugar de platicar y hacer uno que otro acuerdo para prevenir desastres a futuro.

Por otro lado, para que logres lo anterior, necesitas desarrollar una importante habilidad: aprender a hablar, comunicarte, decirse la neta. Sí claro, tú crees que ya sabes, pero malas noticias, te aseguro que no. Saber hablar no significa platicar sobre su día, o comentar sobre ese capítulo de la serie que mencioné hace rato, ni siquiera es contarle a la pareja tus problemas e inquietudes si esto no lleva a conclusiones productivas. La forma de hablar que te va a permitir llegar a ese primer aniversario, e idealmente a muchos más, es cruda, inmisericorde y a veces hasta dolorosa, allá en mi barrio la llaman honestidad. ¿Quieres la rebanada de pastel con la frase “feliz aniversario amor” escrita con jarabe de chocolate en el plato? Pues aprende a decirle que ese chiste que hizo, no te gustó. Encuentra cómo comunicarle que ronca como camión en segunda y de subida, que la manera en la que saluda a tu mamá se te hace grosera y que tus amigos ya te dijeron que de pronto parece que no quiere convivir (o está fingiendo que jijí y jajá pero no deja de ver su teléfono…).

Más importante aún, aprende a decirle quién eres y escuchar lo mismo de regreso. Dile la verdad sobre la cantidad de tiempo que vas a poder dedicarle, no prometas bajarle el sol, la luna y las estrellas si sabes que después no vas a darle ni un huevito Kinder; cuéntale tus planes de vida y las expectativas que tienes sobre la relación, corre el riesgo y comparte tus errores del pasado, no los llames defectos porque suena muy feo, los de RH le llaman “áreas de oportunidad”. Y no te hagas, sabes muy bien cuáles son porque tus exes se han encargado de gritoneártelas hasta el cansancio. Ninguno de los 2 necesita ser perfecto, mientras más pronto se vean como personas reales, mejor.

Y para que llegues feliz y tranquilo a ese aniversario, no olvides que estar feliz es básicamente la mitad de la meta y tranquilo, la otra mitad. Si de pronto a una fracción del camino te das cuenta de que las cosas se pusieron escabrosas o desagradables, recuerda que se vale cancelar la misión, no es como si hubieras ido a jurar a la basílica ni nada (y si lo hiciste, calma, la Virgen sabía que le ibas a quedar mal y seguro no lo tomó en serio). Cuidado con descuidarte y de pronto estar más comprometido con mantener una relación que con tu bienestar, recuerda las ventajas de la soltería, no habrá quién te detenga para terminar la temporada completa de la serie que tanto te gusta en una sola noche.