¿Tienes pareja o adolescente?

Se termina la película, después de los obligatorios comentarios sobre la dirección, el casting y la adaptación del guión, te levantas. Tu pareja se queda en el sillón, celular en mano (eso va a tomar un rato). Recoges los platos de la botana, en el camino a la cocina te encuentras las cosas que compraron el fin de semana y aún no se han acomodado en su lugar, gruñes. Lavas los platos, junto con todo lo que se había quedado sucio desde el desayuno, sales de la cocina, sigue en el celular, gruñes más fuerte. Al entrar en tu recámara encuentras un cerro de ropa lavada que tiene días ahí, esperando por ser doblada y guardada en su correspondiente lugar, gruñes ahora varias veces mientras lo haces. Un rato después tu pareja entra entusiasmada para mostrarte un video gracioso que encontró, te encuentra con la cara desencajada. Por fin estalla la queja por sentir que estás haciéndote cargo de todo en casa y viene esa respuesta que te hace desear arrancarte un brazo y arrojárselo: “Me hubieras dicho que te ayudara”.

¿Qué está mal aquí? Estoy segura de que para éste momento, la mayoría de las personas que me leen se sienten identificadas con al menos una parte de la historia. Ojo, si nada te sonó familiar, es muy probable que seas la pareja bulto del cuento o lleves un buen rato de soltería. No me culpes a mí, es mera estadística.

Volviendo al tema, ok, ya te identificaste ¿y ahora qué?. ¿Vivir regañando? ¿Resignarte y hacer todo? ¿Enfrentar ese temido tercer divorcio? Eso nada más tiene gracia en sitcoms de los 90’s, en la vida real usualmente terminas en el psiquiatra y no mejoras con un cambio de temporada. El teléfono de tu abogado familiar NO debería aparecer entre tus contactos favoritos ¿sabes? Lo que quiero decirte es que ésto no es algo que deberías resolver tú y ahí es donde te has estado equivocando desde el principio. De hecho ni siquiera te estoy escribiendo a tí, deja de leerme y pásale el dispositivo a tu amorcito. Si todavía tiene el cel en las manos, será fácil: haz un movimiento rápido y sólo intercambia un teléfono por el otro, como esos trucos de jalar el mantel sin mover la vajilla. 

¡Hey hola! Si te acaban de poner éste artículo enfrente, me temo que te tengo malas noticias: el Instituto Nacional Electoral te ha estado mintiendo, a pesar de las arrugas y las canas, sigues siendo adolescente. ¿La buena noticia? Se quita y no duele tanto como crees.

Hoy vamos a hablar de carga mental en las relaciones. Es eso que enloquece a tu pareja y le hace hervir la sangre porque aparentemente para tí hay objetos invisibles a conveniencia dentro de la casa o situaciones simples que extrañamente no puedes resolver. La carga mental es todo eso que tiene que pedirte hacer o de plano resignarse a hacerse cargo porque “a tí se te olvida”, porque “te distraes fácilmente”, porque “tú no le entiendes”, porque “le sale mejor” o porque “inserte pretexto aquí”. Ya sé que las parejas modernas dicen que están al tanto de que los roles de género estereotipados en las relaciones son negativos, eso dices mientras los perpetúas siendo negligente de tus responsabilidades con el pretexto de que el otro sólo necesita pedir que hagas las cosas… TUS cosas, ¿sabes quiénes necesitan que les den órdenes para funcionar? ajá, los adolescentes y los subordinados, ¿ya vamos cachando por qué sientes que te están regañando a cada rato? lo que menos queremos de una relación es que se convierta en ésta especie de jefe, mamá o papá que nos riña por nuestros errores constantemente, pero éso es lo que ocurre cuando no se juntan dos adultos autónomos y autosuficientes.

Ésto puede darse en un sinfín de situaciones pero no nos engañemos, suele haber un claro sesgo de género en ello. Lo más probable es que si eres de los que pasan 47 veces junto a la toalla que dejaron tirada sin recogerla porque “no la vieron”, seas hombre. Mujeres, no canten victoria, ¿les suena eso de “no dejo a mi marido porque me mantiene”? la autosuficiencia abarca todos los aspectos de nuestras vidas, negar alguno implica un estado de adolescencia persistente.

No es tu culpa, fué la cultura, la sociedad, los cuentos de hadas y las telenovelas. Tu mamá lavándote la ropa aún cuando ya ni siquiera vivías con ella y tu papá dándote dinero para que no te faltara nada, aunque ya trabajabas y te podías mantener. No fué tu culpa, pero si quieres jugarle bien a la adulteada, ahora es tu responsabilidad aprender a hacerlo. Cada vez que te recargas en tu pareja para que te indique lo que tienes que hacer, la estás convirtiendo en la líder de la relación. Ésto puede derivar en 2 problemas: 

1. Que no le guste y sienta que la desresponsabilización de tu parte es falta de interés, de amor o de compromiso. Que se enoje porque crea que estás echando la flojera o peor aún, que se dé cuenta de la situación de fondo y decida no estar con alguien que no puede seguirle el paso.

 2. Que desde sus propias carencias, crea que le gusta y a continuación tengas a un sargento gritón y controlador a tu lado. 

La propuesta puede sonar escandalosa, definitivamente va en contra de lo que las familias tradicionales llevan milenios practicando: una división de roles que mantiene a los miembros de la pareja de alguna manera aniñados y carentes. un sistema diseñado para que nadie sea realmente autosuficiente, diseñado para mantenernos dependientes.

El mundo no es el de hace milenios, ni siquiera es el de hace algunas décadas, cada vez funciona menos éste modelo en el que algunos de estos “adolescenteadultos” no saben cómo se utiliza una lavadora o se prepara algo más complejo que un sandwich y otros no se imaginan trabajando para sustentarse. Las únicas relaciones sexo-afectivas libres son las que pueden ocurrir entre 2 auténticos adultos, completamente autónomos y  autosuficientes. Ésto de ninguna manera significa que no se vale organizarse y funcionar como equipo, sólo asegúrate de que haya consenso y que tu pareja no está haciéndose cargo de tareas que realmente no tiene deseos de hacer sólo porque tú las dejas abandonadas. 

¿Esclavos de la heteronorma?

El día de hoy se conmemora a nivel internacional el día del hombre, con el objeto de proporcionar un día de conciencia mundial que torna alrededor de promover modelos de masculinidad positiva, erradicar la discriminación que existe en contra del hombre desde modelos misándricos radicales y promover la salud y contribuciones del hombre hacia la humanidad.

Parece que de alguna forma, es necesario recodarle de tanto en tanto a la humanidad que ser hombre no es sinónimo de ser malo. Que si, de múltiples formas, históricamente si se han podido vivir desde un privilegio, no es causal de violencia hacia los herederos de la carga patriarcal en la que vivimos actualmente.

En épocas actuales, la palabra masculinidad tiene una carga social negativa implícita, lo que no permite que se pueda modelar o evolucionar hacia la versión realista de lo que significa ser hombre, porque de forma inmediata,  es atacado desde la heteronorma y parece ser, de una manera un tanto paradójica, que al querer darle un significado positivo, real y sano a la vivencia masculina se le priva de fundamento ya que es atacada por existir.

Pareciera ser entonces, que la mejor herramienta con la que se cuenta es la educación desde la infancia, en la cual la masculinidad se fomenta desde el incentivo de ser mejores personas, no desde la humillación y la violencia. Recordemos que, si como humanidad buscamos cambios estructurales en materia de equidad no podemos ser artífices de perpetuidad de violencia, independientemente del género.

No hablemos de masculinidades tóxicas, hablemos de la desconstrucción de las masculinidades. Hablemos de deconstrucción social. Y quizá, un día, los hombres dejaran de sentir que son esclavos condenados de la heteronorma.

“Cierren las piernas” Dijo el macho que no sabe cerrar la boca.

Sr. Héctor Alonso Granados, déjeme decirle por qué creo que definitivamente usted carece de alguna facultad:

Me parece imposible creer que para su edad y posición, carezca usted de al menos un nivel educativo básico y de un entendimiento al menos rudimentario de cómo funciona el proceso reproductivo de los seres humanos. De cualquier manera, ante declaraciones con el profundo nivel de ignorancia como las que usted hizo, me veo compelida como sexóloga a intentar explicarle al menos un poco sobre el asunto. Fíjese que para que un embarazo ocurra, se requiere de la unión de 2 gametos: uno masculino y uno femenino, le ahorro la búsqueda en el diccionario, estoy hablando de un óvulo y un espermatozoide. ¡Si! Aunque parezca increíble, esto lo que significa es que tienen que estar involucrados un hombre y una mujer, lo cual hace muy incomprensibles sus declaraciones, o tal vez la parte de la entrevista en la que usted dice “hay que pensarlo bien antes de introducir un pene sin condón en una vagina y embarazar a alguien” fué injustamente editada, en cuyo caso, le pido por adelantado una muy sentida disculpa.

Lo que me hace dudar de que ésto haya ocurrido es su declaración reciente, hace apenas unos cuantos días, ridiculizando a sus compañeras ante la iniciativa de que se eliminen los anuncios espectaculares que muestren a las mujeres como objetos sexuales. Sé que va mucho más allá de su capacidad de comprensión, pero le resumo básicamente lo que usted está fomentando:

1- Está bien que el cuerpo femenino sea exhibido como un bien de consumo, a la par de las botellas de cerveza, la comida rápida y el aceite para motores.

2- Dado que es un bien de consumo, es correcto que cualquier hombre tenga derecho de llegar y “usarlo”, así como puede ir a cualquier tienda y comprar una botella de refresco o una bolsa de frituras.

3- La responsabilidad de dicha transacción recae completamente sobre las mujeres, ya que en vista de que somos un bien de consumo, los hombres no tienen por qué tomarse la molestia de cuidarnos (o para el caso, de cuidarse), estamos aquí para su beneplácito.

4- En caso de que las mujeres no se vean en capacidades o posibilidades de evitar que dicho consumo devenga en un embarazo no planeado (entre muchas otras posibles consecuencias de un contacto sexual no protegido), ésta responsabilidad debe recaer exclusivamente sobre nosotras, eximiendo por completo la participación masculina en el hecho.

5- En el caso de un embarazo no planeado, las mujeres debemos estar obligadas a conservarlo, sin contar con ninguna clase de apoyo por parte de alguna institución. Lo cual espero pueda usted explicarme, resulta completamente incongruente con la politica de SU partido de dar un apoyo económico a madres solteras.

Supongo que no soy la primera en decirlo, pero por éste tipo de desafortunados eventos es mejor pensar tantito, antes de abrir la boca. Espero de verdad que la quemada masiva que está  viviendo en éste momento lo haga al menos un poquito más prudente, en vista de que no es usted inteligente.



Ser mamá: ¿Bendición, maldición o elección?

Viene el día de las madres y eso me recuerda que en verdad no intento usar doble condón porque sé que no funciona pero juro que no es por falta de ganas (lo del condón, lo otro es evidente). En estas fechas le perdono a mi implante anticonceptivo todas las fregaderas que me ha hecho a lo largo de los años y doy gracias infinitas de vivir en una ciudad en la que el aborto es libre y legal por si un día los anticonceptivos fallaran. Tal vez estoy siendo demasiado sutil, por si no se ha entendido, de verdad no me gustaría ser mamá.

Lo he sabido desde que tengo uso de razón, me recuerdo como una niña de menos de 10 años haciendo la constante declaración de no querer hijos nunca. Yo quería perros, eso si lo recuerdo claramente, algo salió mal también ahí, no veía venir que terminaría siendo una trabajohólica crazy cat lady, pero aquí estamos. Al menos con lo de los hijos he sido consistente. No tengo idea de por qué no quería cuando era niña, pero si comprendo perfecto por qué como adulta tampoco quise: estoy plenamente convencida de que yo sería una pésima madre y que la pobre criatura que se las tuviera que ver contra el mundo después de haber sido criada por mí, saldría bien librada si no se volviera asesina en serie (y seguro ni eso, nomás sería un NINI mediocre o algo por el estilo) y sé que tengo razón porque además muchos de los que me conocen están completamente de acuerdo conmigo.

Haciendo a un lado la exposición sobre mi psicopatología, lo importante aquí es que no soy la única que piensa así o que ha tomado este tipo de decisiones. Cada vez más y más mujeres (y hombres) optan por la vida “child-free”, evidentemente las motivaciones son individuales, pero parecieran poder resumirse en que simplemente los hijos no nos caben en la vida. Si me despego del tema, honestamente no culpo a ninguna de las personas que están tomando éstas decisiones, el mundo de hoy no parece estar diseñado para respaldar la maternidad, de hecho pareciera estar en su contra. Piensa por un momento en todos esos memes que has visto burlándose de las “mamás luchonas”, incluso aquellas que lo toman con sentido del humor apodan bendición a sus criaturas, podemos mantener ese espíritu muy a la mexicana y reír mucho, pero en el fondo sabemos que ser madre hoy en día es una batalla campal.

Cualquier Millennial puede testificar que la situación económica del país no está mejorando. Aunque en algunas empresas, los horarios de trabajo son más considerados, los tiempos de traslado a cualquier lugar aumentan día con día. En la ciudad de México ya necesitamos un tercer piso en el Periférico o que de plano los autos empiecen a volar, si eres de esas pocas Godínez afortunadas que tiene al menos un día a la semana para hacer Home Office, agradece a los dioses antiguos por ello. Aún así, el conjunto completo: distancias, economía, horarios de trabajo, poco respaldo de la familia, costos de guarderías, etc. ha terminado por disuadir cada vez a más parejas de la idea de tener hijos y a más mujeres del deseo de ser madres. ¿Serán estos los únicos motivos por los que la clara tendencia generacional parece avanzar hacia la irremediable extinción de la humanidad? yo honestamente no lo creo, sospecho que probablemente sólo tenemos jóvenes cada vez más libres de decidir sobre su vida reproductiva y ¡Oh sorpresa!, pareciera que tener hijos está dejando de ser el plan de vida ideal. ¿Lo habrá sido alguna vez? El tema es complicado y escabroso, por decir lo menos. No quiero que se malinterprete, sé perfectamente que para muchas mujeres, el deseo de tener al menos un hijo es de sus más grandes motivadores, tampoco quiero que piensen que dudo ni por un segundo que para muchísimas más, el ser madres es la mayor causa de alegría y satisfacción en sus vidas. Mi punto es que posiblemente, para una gran cantidad de nosotras no hubo opción en el pasado, nuestra cultura adoctrina que la “completud” femenina se alcanza sólo con la reproducción, sin embargo parece que mientras más tenemos la opción de elegir nuestros futuros, muchas deseamos algo diferente, seguro han escuchado del tema, es algo nuevo y loco a lo que llaman “derechos reproductivos”.

Esa conclusión sería bella, un mundo en el que la maternidad sea siempre voluntaria, siempre electiva. Sin coerciones, sin accidentes y con apoyo social suficiente. No estamos ahí aún, el primer paso es llegar a la completa responsabilidad reproductiva, lo cual no será asequible hasta que existan métodos antifecundativos 100% eficaces, gratuitos y de acceso libre a toda la población, esto junto con educación sobre la sexualidad de mucho mejor nivel y respaldo en la toma de decisiones de las mujeres al respecto. No estamos ahí aún, pero llegaremos. Ya nos vi a todas, eligiendo cómo, cuándo y si realmente deseamos ser madres. Ya nos vi, es un futuro hermoso, libre y brillante.




El #MeToo no es suficiente

Confieso que me tiemblan un poco los dedos mientras escribo, por demás he sido advertida sobre los riesgos de expresar públicamente mis puntos de vista sobre este tema, ya bastante sensible por sí mismo como para que yo llegue a remover las aguas, pero aparentemente me gana la imprudencia. El “Me Too” tiene ya un tiempo de haber surgido y ha cobrado cada vez más fuerza en días recientes. Para quienes no sepan de qué hablo, es un movimiento de denuncia por parte de las víctimas de alguna clase de acoso sexual, cuya intención es hacer visible la incidencia de estas experiencias, ya que probablemente muchas personas no saben lo frecuente que es para gran parte de la población del mundo. Aunque ha habido bastantes hombres reportando distintos tipos de acoso, no necesito especificar que obviamente la mayoría de los reportes vienen de mujeres y ahí es donde comienza el problema.

Éste es un tema que sólo genera enojo y tristeza, nadie está contento con la situación, quienes reportan los acosos y abusos lo hacen desde un frente por demás complicado, encontrando algo de fuerza en los números e intentan mostrar la situación que enfrentan día con día. Por otro lado tenemos a quienes se enteran de las denuncias y responden molestos, indignados, frustrados, incrédulos… Nadie sabe muy bien qué hacer con esto. Un día tienes un actor favorito al que aprecias y admiras, al siguiente te enteras de que ha hecho cosas abominables, uno tras otro van generando cascadas de decepción. El trago amargo es fuerte, tiene todo el sentido que no siempre sea fácil de pasar o de aceptar, nos quitan de golpe la venda de los ojos y en verdad hay ocasiones en las que es demasiado abrumador, yo muchos días deseo poder volver a épocas anteriores en las que vivía en una ignorancia más pacífica.

Y luego tenemos lo espinoso de las denuncias falsas, claro que existe, seguramente en muchas más ocasiones de las que se pueden contar. El dilema es ¿cómo manejamos eso? Si no verificamos las acusaciones, puede que en muchas ocasiones estemos condenando a inocentes. Por otro lado, si cuestionamos a las personas que denuncian, disminuimos la probabilidad de que otras se atrevan a hacerlo y potencialmente estamos dejando a una víctima a merced de su abusador. De nuevo entonces ¿Cómo se resuelve esto? Porque la opción que no es viable es la de resignarnos y seguir como hemos estado por milenios, al menos no en mi visión de las cosas.

Llevo un muy buen rato masticando la situación, viviéndola al lado de pacientes, estudiantes, amistades y en carne propia. Observando constantemente el resultado que mencioné al principio, éste movimiento sólo tiene a todos tristes y enojados, he presenciado el nivel de desgaste emocional que conlleva adentrarse en el ambiente intrigoso de las denuncias, tenemos heroínas y héroes sin capa allá afuera, peleando batallas exhaustivas todos los días, buscando regalarnos seguridad y paz a todos los demás, créanme cuando les digo que está costándoles un pedacito de su alma cada vez. Con riesgo de ser crucificada por lo siguiente: en verdad creo que el Me Too no está funcionando por sí mismo, requiere apoyo, algo más que le ayude a encontrar respuestas trascendentes y permanentes, la denuncia es excelente, crea consciencia de lo que está ocurriendo en el mundo, pero si quedamos sólo en eso, el proceso está incompleto. Llámenme idealista y loca, pero creo que la verdadera solución radica en un lento proceso de desarrollar empatía y crecer juntos como sociedad hacia una cultura respetuosa de todos, indistintamente de sus cualidades humanas.

El Me Too es un excelente primer paso, no podemos seguir aceptando ni condonando el acoso y el abuso. Pero si volteamos a ver algunos de los efectos colaterales que está ocasionando, es más fácil notar que en verdad son necesarias acciones adicionales. La denuncia está logrando y va a lograr que muchos de estos actos violentos disminuyan o hasta se detengan, lo cual por supuesto, es excelente. Pero ¿sabemos por qué lo logra? Quien me esté leyendo y se identifique como feminista seguramente ha notado la respuesta de enojo que el movimiento está generando en muchos hombres, aquellos que sean (o se crean) completamente inocentes, perciben la posibilidad de ser acusados injustamente como una clara amenaza y les preocupa; en el otro extremo están quienes probablemente llevan toda su vida cometiendo estos actos y ni siquiera logran comprender por qué está mal lo que están haciendo, ni van a comprenderlo. Esto no los exime de responsabilidades, pero tampoco debería ser un fenómeno que pase desapercibido.

Mi propuesta, por contraintuitiva que parezca, es voltear hacia los hombres y verlos como un grupo afectado más; antes de que me busquen para arrojarme huevos en la calle, permítanme explicar. Tenemos casos (de renombre y extensión en la lista de víctimas) que dejan claro que están más allá de cualquier capacidad de comprensión, arrepentimiento o redención. Sin embargo, creo en verdad que el resto de nuestra población es perfectamente susceptible a comprender y detener conductas que simple y llanamente jamás han percibido como violentas o inapropiadas, debido a que han pasado toda su vida inmersos en una cultura que valida y fomenta el acoso sexual y la violencia de género como formas aceptables de comportamiento masculino. En breve resumen, sería bueno que comprendiéramos que a muchos no les han avisado a tiempo o con claridad suficiente que ciertas conductas dañan a quienes les rodean. Es la enorme diferencia entre ver a los hombres como agresores innatos o como seres humanos desinformados.

Y si, yo lo sé compañera feminista, en este momento te estás preguntando “¿y por qué tendría yo que ir a educar sobre lo que es acoso y no se debe hacer?”. Sólo tengo una frustrante respuesta para ti: porque tú lo puedes ver. No podemos esperar que alguien descubra por sí mismo algo que no le enseñaron en casa, ni en la escuela, la calle, los medios o en cualquier otra parte. Tú que lo ves, seas hombre o mujer, puedes cambiar el mundo un comentario a la vez, muchos sólo van a necesitar que se les explique en una sola ocasión que algo no está bien para no repetirlo por el resto de sus días, para que se convierta en una cadena de empatía y curación cultural en la que podamos comprender la posición del otro y terminar con esta división de géneros que tiene a la humanidad partida en 2.

Mi petición desesperada para los hombres es: por favor entiendan, muchas de verdad vivimos situaciones de acoso tan seguido que en un mes, en una semana o hasta en un día podríamos perder la cuenta, nos cansa, nos desgasta y nos desalienta. Por favor comprendan ese enojo a veces desbordado porque no ha bastado con hartarnos de llorar. A las mujeres, a mis hermanas, les imploro que intentemos recordar que ellos son también nuestros hermanos, que no son el enemigo, que merecen el beneficio de la duda y la oportunidad de aprender a ser amables con nosotras y con ellos mismos. Porque lo merecemos todos, porque la humanidad lo vale, para unirse, acompañarse y ayudarse… porque nos estamos quedando cada vez más solos y a veces se nos olvida que el otro es el único apoyo que tenemos.






México, ¿me prestas mi cuerpo?

El día que anuncié que quería perforarme el ombligo, encontré una serie de respuestas “interesantes” en las personas que me rodeaban. Hubo quien me dijo que no debía hacerlo porque mutilaría mi cuerpo para siempre, dañándolo de manera irremediable, hubo también quien me dijo que debía preocuparme la imagen que iba a dar, ya que los ombligos perforados al parecer son banderines promocionales de la promiscuidad sexual (de haber sabido que era así de fácil). Lo más curioso fue encontrar a ese último sector que con entusiasmo me comunicó que yo no tenía el cuerpo como para perforarme el ombligo. Según yo, el único cuerpo que necesitas para perforarte el ombligo, es uno que tenga un ombligo. Por supuesto, también hubo muchas personas a las que la idea les agradó y apoyaron mi decisión, 12 años después, acabo de comprar una pieza nueva, es rosa, brillante y feliz. Lo relevante de la historia y lo que debería inquietarnos a todos no es encontrar quién tenía la razón, si no que ninguno de esos argumentos fué solicitado, la facilidad con la que la gente se siente en libertad de opinar y hasta de intentar imponer dichas opiniones sobre el cuerpo de los demás, debería aterrarnos.

El tema del aborto es la punta del iceberg que nos enseña la fea cara de una cultura en la que constantemente creemos que el cuerpo, las decisiones y la vida de los demás, están sujetos a revisión, si, a NUESTRA revisión. Interrumpir un embarazo no le gusta a nadie, no es un tema del que nos guste hablar, no se recuerda con disfrute y no se busca por placer. Interrumpir un embarazo es una necesidad de salud y bienestar, tanto para la mujer que lo hace como para la sociedad a la que pertenece. La mujer que decide no conservar un embarazo lo hace para cuidar de ella misma, pero a la vez, está cuidándonos a todos. Si se pretende imposibilitar la autonomía de las mujeres, la sociedad encontrará un límite muy claro: puede forzar a una mujer a parir, pero no puede obligarla a ser madre, no quiero extenderme con las estadísticas e historias de niños abandonados y maltratados que evidencian que nadie, ni hombre ni mujer puede ser forzado a ser madre o padre. Cuando una mujer decide no conservar un embarazo, actúa por su beneficio y el de la sociedad a la que pertenece, ya que claramente no es un grupo que sepa hacerse cargo de los pequeños que son abandonados, si así fuera, encontrar niños en disponibilidad de adopción sería más esporádico que ver lluvias de estrellas, los miles de pequeños esperando por la oportunidad de pertenecer a una familia son claro testimonio de que nuestra sociedad no sabe manejar las consecuencias de los partos forzosos que ocasiona.

Si encontramos juntos la manera de respetar el cuerpo de los demás, las decisiones de los demás y la vida de los demás como propiedad privada, podríamos comenzar a ponerle solución a este problema. Ojalá hubiera una forma de explicar lo ofensivo e irracional que suena cuando mi país y mi gobierno me insinúan que mis decisiones reproductivas no son mías, ojalá pudiera explicar lo frustrante que es saber que no existen anticonceptivos infalibles, que la mayoría de las mujeres que busca utilizar entonces un método quirúrgico permanente no encuentra apoyo por parte del sistema de salud, que pedirle a los hombres que por favor utilicen un condón a veces pareciera peor que escupirles en la cara  y que, con todo esto, la conclusión termina siendo “si no te quieres embarazar, entonces cierra las piernas”. Una vez más, aquí lo importante es que para el mundo, yo no soy dueña y señora de mí misma.

Pero lo soy, mi cuerpo es mío, mi vida es mía, cuido de él lo mejor que puedo y no es mi intención afectar nunca a terceros. No soy la única, las mujeres somos así, los humanos somos así. Quiero un país y una sociedad que me dé la educación que necesito desde joven para cuidar mi vida sexual, quiero poder ser plena, sana y feliz, quiero que se comprenda que nada es infalible y que si no deseo parir, se respete, quiero que acepten que no todas queremos ser madres y por encima de todo: quiero un país, un gobierno y una sociedad que me diga que mi vida vale más y es más importante que la posibilidad de vida que implica un embarazo.

Quiero un mundo en el que la vida de las mujeres sea más respetada que los embarazos no planeados. No podemos permitirnos ir hacia atrás, no podemos aceptar decisiones políticas que sólo nos traerán muerte. Un mundo que nos dice que es más importante conservar un embarazo que nuestras propias vidas no es uno al que quiero pertenecer y no es el que le deseo a las mujeres por venir. La lucha para legalizar la interrupción del embarazo no puede frenar y no puede detenerse, tenemos que convertirnos en un frente unido, un muro verde que rechace por completo la continuación del abuso sistematizado que ejerce la sociedad sobre nosotras. Dejemos de permitir que se nos trate como ciudadanas de segunda clase, mi vida importa, tu vida importa y todo lo que quieras hacer con ella debería ser prioridad para tu país. México, nosotras también somos parte de ti, si no puedes ofrecerle los mismos derechos a toda tu gente, el privilegio de género no ha terminado.

Así que lo pregunto: ¿me vas a dar el derecho de decidir sobre mi cuerpo y mi vida o ese es un derecho reservado para sólo una mitad?

8 de Marzo, Nada que celebrar

En un día y un mundo en el que las redes van a estallar con peticiones de respeto, con llamados a la equidad y gritos desesperados por el derecho a elección y autonomía de cuerpos, yo sólo quiero recordarte lo bonito que se siente cuando una buena amiga te da un abrazo, de esos suavecitos y que huelen a shampoo de frutitas. Eso de estar en comunión con otras mujeres, casi siempre huele muy bien.

Ser mujer no siempre es divertido, literalmente es un asunto sangriento. De pronto pareciera que la naturaleza nos quería preparar a todas para ser heroínas perfectas de películas de acción. Considéralo: umbral elevado ante el dolor, tolerancia a la falta de sueño, a la hambruna y a las fuerzas G, es como si en toda mujer habitara una pequeña agente de fuerzas especiales, lista para salvar al universo. La parte triste del asunto es que pocas de estas características son innatas en nosotras (lo de las fuerzas G si, chécalo porque es muy interesante). El resto se lo debemos a una cultura que lamentablemente nos ha enseñado a aguantar dolor y abuso de muchas maneras. ¿De verdad no te sientes tan mal cuando tienes gripe o es que “no te puedes dar el chance” de estar mal? Eso es algo para que reflexiones hoy cuando hagas corajes cada vez que te encuentres con una felicitación por ser lo más bonito del mundo y la flor más bella del ejido. Necesitamos menos supermujeres y más salud mental, por favor.

Probablemente sea buena idea que antes de intentar salvar a la galaxia, nos rescatemos a nosotras mismas; díganme si exagero, pero a veces pareciera que para ser una mujer exitosa, tienes que convertirte en tu peor enemiga. ¿No es suficiente con toda la basura que cargamos por default allá afuera? Como si fuera poca la constante presión por estudiar, sostener a veces hasta 3 empleos o más (en simultáneo), tratar de sacar adelante hijos, amistades, relaciones de pareja, cuidar familiares y encima de todo, hacer lo anterior en tacones y dedicar suficiente tiempo para ir al salón y al gimnasio porque en esta sociedad pareciera que es pecado tener un pelo fuera de lugar. Las mujeres libramos una batalla interminable todos los días de nuestras vidas, intentando ser suficientes dentro de un sistema que nos dice que, por definición, somos parte de un juego que nos considera limitadas, vulnerables y fallidas. Sé que no vas a rendirte y sé que no vas a cansarte, pero caray, sólo que el día de hoy quisiera recordarte que también se vale que pelees por tu derecho a disfrutar.

Y ese puede venir en la forma que quieras, porque el doble discurso que nos encontramos al respecto es complicado. Aunque no lo parezca, puede ser difícil distinguir qué cosas queremos nosotras auténticamente y cuáles son dictadas por la cultura y la sociedad: a veces tengo días complicados en los que no logro distinguir si me puse delineador porque mis ojos se ven más grandes o porque Maybelline y Cover Girl se han encargado de convencerme toda la vida de que mi cara lavada es completamente inaceptable para eventos más allá de mi sala. Las mismas dudas ocurren cuando no sé si está bien que mi crema corporal no tenga aroma a hierbas de los alpes ni me haga sentir rejuvenecida y extasiada en cuanto me la pongo. Algo sí tengo bien claro, Gillette tiene la culpa de que yo no pueda aplicar el no-shave November sin sentir que me convierto en una especie de leñador combinado con Muppet (este último es más por la personalidad que por los pelos, pero me expliqué ¿no?).

No felicites a nadie el 8 de marzo, es una fecha que se conmemora y existe para crear conciencia, no es una fiesta, pero tal vez puedas celebrarte a ti misma, con todo aquello que te conforma. Que te manden esas imágenes ridículas con flores y cachorritos, llenas de cursilería hueca como que “todas somos bellas y perfectas” no sirve de nada, eso lo sabemos, pero sería divino si hubiera alguna manera de creer que lo somos. El bombardeo mediático es imparable y son muy pocas las que no han sucumbido ante él, al menos de vez en cuando: “Necesitas un marido, una faja, cabello más largo o tal vez un corte, estudia mucho, no trabajes tanto, toma esto para que despiertes y ponte aquello en las ojeras… ¿por qué estás siempre tan cansada?”.

Si tienes oportunidad, ponte de pie, acércate a un espejo, mírate a los ojos y háblate bonito. Sal a la calle y háblale bonito a otras mujeres, todas necesitamos que nos digan cosas amables y afectuosas cada tanto. ¿Acaso crees que hay una sola de nosotras allá afuera que no ha tenido un mal día últimamente? ¿Una sola a la que no han acosado en el transporte público, menospreciado en el trabajo o maltratado en su relación de pareja? Cada vez que juzgas, criticas o atacas a otra mujer, perpetúas un ciclo no solo de violencia, si no de deslealtad. A ti que me lees, quiero que sepas que me haces falta, que algún día vamos a cruzar caminos y te necesito de mi lado. A ti, mujer, prometo apoyarte, creerte y confiar en ti siempre que esté en mis manos. Y cuando no pueda hacer ninguna de las anteriores, al menos juro que no voy a estorbarte. Estoy para ser tu peldaño, no tu lastre.

Ahora sal a la calle segura de que no estarás sola y que tus luchas son las mías.

8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer