Ser mamá: ¿Bendición, maldición o elección?

Viene el día de las madres y eso me recuerda que en verdad no intento usar doble condón porque sé que no funciona pero juro que no es por falta de ganas (lo del condón, lo otro es evidente). En estas fechas le perdono a mi implante anticonceptivo todas las fregaderas que me ha hecho a lo largo de los años y doy gracias infinitas de vivir en una ciudad en la que el aborto es libre y legal por si un día los anticonceptivos fallaran. Tal vez estoy siendo demasiado sutil, por si no se ha entendido, de verdad no me gustaría ser mamá.

Lo he sabido desde que tengo uso de razón, me recuerdo como una niña de menos de 10 años haciendo la constante declaración de no querer hijos nunca. Yo quería perros, eso si lo recuerdo claramente, algo salió mal también ahí, no veía venir que terminaría siendo una trabajohólica crazy cat lady, pero aquí estamos. Al menos con lo de los hijos he sido consistente. No tengo idea de por qué no quería cuando era niña, pero si comprendo perfecto por qué como adulta tampoco quise: estoy plenamente convencida de que yo sería una pésima madre y que la pobre criatura que se las tuviera que ver contra el mundo después de haber sido criada por mí, saldría bien librada si no se volviera asesina en serie (y seguro ni eso, nomás sería un NINI mediocre o algo por el estilo) y sé que tengo razón porque además muchos de los que me conocen están completamente de acuerdo conmigo.

Haciendo a un lado la exposición sobre mi psicopatología, lo importante aquí es que no soy la única que piensa así o que ha tomado este tipo de decisiones. Cada vez más y más mujeres (y hombres) optan por la vida “child-free”, evidentemente las motivaciones son individuales, pero parecieran poder resumirse en que simplemente los hijos no nos caben en la vida. Si me despego del tema, honestamente no culpo a ninguna de las personas que están tomando éstas decisiones, el mundo de hoy no parece estar diseñado para respaldar la maternidad, de hecho pareciera estar en su contra. Piensa por un momento en todos esos memes que has visto burlándose de las “mamás luchonas”, incluso aquellas que lo toman con sentido del humor apodan bendición a sus criaturas, podemos mantener ese espíritu muy a la mexicana y reír mucho, pero en el fondo sabemos que ser madre hoy en día es una batalla campal.

Cualquier Millennial puede testificar que la situación económica del país no está mejorando. Aunque en algunas empresas, los horarios de trabajo son más considerados, los tiempos de traslado a cualquier lugar aumentan día con día. En la ciudad de México ya necesitamos un tercer piso en el Periférico o que de plano los autos empiecen a volar, si eres de esas pocas Godínez afortunadas que tiene al menos un día a la semana para hacer Home Office, agradece a los dioses antiguos por ello. Aún así, el conjunto completo: distancias, economía, horarios de trabajo, poco respaldo de la familia, costos de guarderías, etc. ha terminado por disuadir cada vez a más parejas de la idea de tener hijos y a más mujeres del deseo de ser madres. ¿Serán estos los únicos motivos por los que la clara tendencia generacional parece avanzar hacia la irremediable extinción de la humanidad? yo honestamente no lo creo, sospecho que probablemente sólo tenemos jóvenes cada vez más libres de decidir sobre su vida reproductiva y ¡Oh sorpresa!, pareciera que tener hijos está dejando de ser el plan de vida ideal. ¿Lo habrá sido alguna vez? El tema es complicado y escabroso, por decir lo menos. No quiero que se malinterprete, sé perfectamente que para muchas mujeres, el deseo de tener al menos un hijo es de sus más grandes motivadores, tampoco quiero que piensen que dudo ni por un segundo que para muchísimas más, el ser madres es la mayor causa de alegría y satisfacción en sus vidas. Mi punto es que posiblemente, para una gran cantidad de nosotras no hubo opción en el pasado, nuestra cultura adoctrina que la “completud” femenina se alcanza sólo con la reproducción, sin embargo parece que mientras más tenemos la opción de elegir nuestros futuros, muchas deseamos algo diferente, seguro han escuchado del tema, es algo nuevo y loco a lo que llaman “derechos reproductivos”.

Esa conclusión sería bella, un mundo en el que la maternidad sea siempre voluntaria, siempre electiva. Sin coerciones, sin accidentes y con apoyo social suficiente. No estamos ahí aún, el primer paso es llegar a la completa responsabilidad reproductiva, lo cual no será asequible hasta que existan métodos antifecundativos 100% eficaces, gratuitos y de acceso libre a toda la población, esto junto con educación sobre la sexualidad de mucho mejor nivel y respaldo en la toma de decisiones de las mujeres al respecto. No estamos ahí aún, pero llegaremos. Ya nos vi a todas, eligiendo cómo, cuándo y si realmente deseamos ser madres. Ya nos vi, es un futuro hermoso, libre y brillante.




¿Cómo saber si estás intenseando?

La frase suena por todos lados y con todas sus variantes: “estás intenseando”. Aunque honestamente no he encontrado que exista un verdadero consenso cultural al respecto. Me parece que no todos están de acuerdo en lo que significa aquello de intensear, es similar al Duvalín, todo mundo lo ha probado, pero poca gente sabe realmente qué es y me temo que yo tampoco estoy tan clara, así que haré mi mejor esfuerzo por no dejarte más confundido que como te encontré. Una gran diferencia es que cualquiera acepta feliz un Duvalín y en cambio, la acusación de estar siendo intenso da más miedo que la llorona, el coco y las declaraciones de impuestos, todos juntos.

Empezando por el principio, trataré de dar una definición: el asunto de intensear tiene que ver con una expresión emocional, eso creo que todos lo tenemos asentado ¿no?. La cosa es que la mentada expresión al parecer es “exagerada” a los ojos del que la presencia o la recibe, en pocas palabras vivimos en un mundo en el que los demás pueden decidir si estás sintiendo o expresando “demasiado”. ¿Ya cachaste lo ridículo del asunto? Si todavía no, ni te preocupes, porque me voy a seguir en esa línea hasta el final del artículo.

Esta onda de tenerle tanto miedo a la expresión de sentimientos pareciera ser bastante nueva dentro de nuestra cultura. La realidad no podría estar más lejos de ésto, sólo cambiamos de modalidad. El cliché es por demás conocido: los hombres no lloran porque se ven débiles y las mujeres no se enojan porque se ven feas (o al menos eso dicen, yo tengo una teoría bastante diferente en la que me dedicaré a ahondar otro día). Los que se rechazaban eran los sentimientos percibidos como negativos y sólo bajo condiciones extremas se validaba su emisión. Hasta Pepe el toro tuvo permiso de llorar, pero se le tuvo que morir el hijo para que eso sucediera, que por cierto, ¿sabías que en esa escena nunca grita “Torito”? Búscala, has vivido engañado todos estos años.

Claro que ese no cuenta como un momento exagerado e “intenso” ¿o sí?. Va de nuevo, aquí el problema es que estas cosas suelen ser decididas por alguien más, suena muy extremo que alguien acusara a otra persona de estar sobreactuando ante la experiencia de un hijo muerto, pero la metáfora es útil. ¿Cómo saber que ya te estás pasando? ¿Cuando le preguntas a la persona con la que llevas saliendo por 2 meses para dónde va la relación? ¿Y si sólo es un mes? o ¿qué tal si le mandas un mensaje al día siguiente de la primer cita? Nadie se ha dedicado a definir los protocolos de ligue, todos parecen decidir desde sus pequeños mares de inseguridades y miedo al compromiso. Si, leíste bien, todos esos que andan acusando a los demás de “intensear” son un montón de pequeños venaditos asustados.

De alguna manera hemos convertido la atracción y el afecto en algo negativo, bueno, realmente no, pero eso pareciera. Cada vez me encuentro más personas dispuestas a visitar regularmente al dentista que a exponerse mandando un mensaje de buenos días a la persona que les gusta. Es excelente que la salud bucal mexicana mejore tanto, pero qué tremendo desperdicio si no tienes quién bese esa perfecta y blanca sonrisa porque tus temblorosos dedos no logran presionar en “enviar”. ¿De dónde viene este terror a mostrarte interesado?

Hagamos esto fácil, si crees que es intenso decirle a alguien que te gusta, invitarle a salir, mandar un mensaje al día siguiente de una cita, ¡o hasta el mismo día si se te da la gana!, preguntarle qué busca contigo, hacia dónde va la relación o pedir las cosas que te gustaría que ocurrieran en ella. Hazte un gran favor y déjalo ir. Tienes derecho de manifestar tu interés y mereces encontrar a alguien a quien ésto no le resulte amenazante. Si no te gusta que esa personita con la que estás saliendo se desaparezca por días y al parecer te busque sólo cuando le conviene ¡dile! Si te choca que te deje en visto ¡dile! Y si mueres de ganas de verla ¡dile!. Lo peor que puede pasar es que no recibas lo que buscas y quedes entonces disponible para buscarlo en otra parte. Quien te tache de intenso por algo así, necesita ir a revisarse a sí mismo, no estás haciendo nada mal.

Si te amenazan con terminarte porque no contestaste un mensaje en 2 horas, si te llaman 35 veces mientras estás en el cine con el teléfono en silencio, si llegan a gritarte a las 3 de la mañana fuera de tu casa porque les dió un ataque de celos o si te acosan siguiéndote a la escuela o esperándote a que salgas del trabajo. ESO si es intenso, siéntete libre de reportarlo con las autoridades pertinentes y enviar al individuo en cuestión a evaluación psiquiátrica para que reciba la medicación que requiere. Deja de permitir que tu miedo al rechazo rija sobre tus decisiones, a todos nos mandan a volar de vez en cuando y siempre se supera. Te invito a hacer el experimento, manda ese mensaje que tanto miedo te da, descubre tu fuerza y con suerte puede que consigas una cita ardiente para el fin de semana. De verdad, por favor ya supérenlo; sentir, querer y desear es de seres humanos, si les falta drama en la vida, para eso está Netflix.






Esto de la poligamia… ¿Con qué se come?

Seguramente has escuchado el término últimamente y si no, felicidades ahora que por fin ha llegado el internet a la cueva en la que que vives. Amor libre, relaciones abiertas, swinging, poliamor… seguro alguno te suena. De pronto, de un tiempo para acá, las redes sociales están inundadas con estos temas. Las cosas han cambiado muy rápido, hace apenas unos años el tema era completamente desconocido para la mayoría. ¡Bueno! Ahora sigue siendo desconocido, pero al menos los términos empiezan a resonar. Un poco como con tus clases de química y biología en la prepa, te suena a que en algún lado lo viste, pero no sabes qué es.

Empecemos por el principio, etimológicamente hablando: “gamos” es griego y significa vínculo o unión íntima. Seguro te hace sentido si piensas que monogamia se refiere a tener una sola pareja o de perdida, eso se supone. Bajo este concepto, la poligamia debería hacer referencia exclusivamente a la práctica de tener varias relaciones eróticas y/o románticas. Pero ¡ah! ¿verdad que no es lo que has escuchado?, te invito a que corras a un diccionario (obvio no harás eso, seguro ya ni te acuerdas de cómo se usan) o puedes preguntarle a Google y te vas a encontrar un montón de definiciones que hablan de matrimonios múltiples y de la práctica de que un hombre tenga varias esposas (casi nunca se contempla la estructura opuesta), eso mi querido lector, se llama heteronormatividad. La estructura cultural tradicional que busca relaciones exclusivas ni siquiera considera la posibilidad de que exista otra manera de vincularse “formalmente” que no sea el matrimonio… pero habemos quienes ya encontramos algunas. Otro día nos dedicamos a revisar el glosario completo de los tipos de polirelaciones que existen, hoy quisiera dedicarme más a dar a conocer quiénes somos los que las practicamos y por qué.

Lamento decepcionarte, casi todos parecemos seres humanos normales. Somos comunes y corrientes, tenemos estilos de vida igual de estereotipados, nos gustan las mismas películas, ir a los mismos bares y comer los mismos helados… sólo que a veces necesitamos porta cepillos de dientes tamaño jumbo y cuando buscamos departamento, es importante que quepa bien una cama King Size y que haya espacio extra en los closets.

La parte más importante a aclarar es que estamos exactamente igual de dañados que todos los demás, definitivamente NO hemos encontrado la panacea relacional, eso no existe (perdón por ponchar tu burbuja, te aviso de una vez que tú tampoco la tienes). No tenemos superioridad ética ni somos mejores ni peores en nuestros amores, simplemente los llevamos diferente. De hecho le subimos unos cuantos grados de dificultad porque lo andamos haciendo un poco a ciegas, ya que la cultura completa está diseñada y dirigida a las relaciones monógamas cerradas. Piensa en todas esas películas y series románticas que has visto a lo largo de tu vida. ¿A poco no todas se tratan de lo mismo? La búsqueda del amor eterno, de esa única persona que complementa perfectamente al protagonista, todo termina en boda, con la promesa de que todo será miel sobre hojuelas hasta el fin de los días. Ya sé, ya sé, todo es una gran estafa, la tasa de divorcios anda ya casi en el 50% en muchos lugares, si ya formas parte de esas filas: ¡bienvenido al club!. ¿Cómo decidiste lidiar con eso? ¿Eres de los que aún tiene fe y anda buscando el segundo round o de los que ya se rindió y no quiere volver a comprometerse jamás? …¿y si te digo que hay una tercera opción?

Mantener un matrimonio monógamo cerrado hace miles de años, cuando el concepto se inventó, era muy fácil. La gente se casaba a los 15 o menos y tenía una expectativa de vida de 30. Ser fiel y exclusivo por 15 años no suena tan complicado, lo malo es que nadie le avisó a la humanidad que se iban a inventar las vacunas y los antibióticos. Aguantar 50 o 60 años sin hablarle bonito un día a la de la farmacia o al instructor de tennis ha resultado ser un reto titánico en el que la mayoría falla catastróficamente. Podemos tratar de culpar a Louis Pasteur de todos nuestros fracasos amorosos o aceptar que tal vez es momento de buscar una estructura relacional que se adapte mejor a este siglo. Algo que tienen en común todos los diferentes estilos de poligamia es que se centran en el concepto de que nuestra pareja o parejas no tienen por qué relacionarse exclusivamente con nosotros, la libertad de nuestros seres amados para vincularse con otras personas es un principio básico, junto con la responsabilidad emocional, el cuidado de las relaciones y niveles de honestidad y comunicación que para muchos podrían catalogarse hasta de crudos y dolorosos, pero son esenciales. Efectivamente, si ya lo estabas pensando, a veces parece que nos gusta sufrir, pero cuando se hace bien y se juntan las personas correctas, se resuelven muchos de los problemas inherentes a la monogamia que muchos ya no queremos soportar. Prometo poco a poco abordar cada uno de los estilos de polirrelaciones que hay allá afuera, pero cada uno es tan distinto del siguiente como las relaciones en general, incluso sin tomar en cuenta que cada persona le pone su “toque” individual.

No soy la única que lo piensa, hay cada vez más estudiosos de las relaciones de pareja alrededor del mundo que están abordando el tema de la crisis relacional de hoy en día desde éste punto de vista (y no, no todos son mis cuates). Algo definitivamente requiere flexibilizarse porque al parecer, las parejas actuales tienden cada vez más a romperse, en lugar de fluir y acomodarse a las necesidades de sus participantes. No estoy de ninguna manera sugiriendo que la opción sea la poligamia, créanme, siempre digo que estas cosas no sólo NO SON para todos, de hecho son para casi nadie. Muy seguido no lo pasamos bien, la frecuencia de las crisis de pareja a veces se multiplica en lugar de disminuir y no es tan divertido como en las series o las películas que abordan el tema. Igualito que en la monogamia, hay un montón de patanerías y traiciones, muchos fallan y lastiman. Pero es la manera en que estamos intentando funcionar. Lo único que puedo decir es que tal vez no sea siempre, pero cuando las nubes se despejan y todo fluye bien, el resultado si es amor multiplicado… y es glorioso.







El #MeToo no es suficiente

Confieso que me tiemblan un poco los dedos mientras escribo, por demás he sido advertida sobre los riesgos de expresar públicamente mis puntos de vista sobre este tema, ya bastante sensible por sí mismo como para que yo llegue a remover las aguas, pero aparentemente me gana la imprudencia. El “Me Too” tiene ya un tiempo de haber surgido y ha cobrado cada vez más fuerza en días recientes. Para quienes no sepan de qué hablo, es un movimiento de denuncia por parte de las víctimas de alguna clase de acoso sexual, cuya intención es hacer visible la incidencia de estas experiencias, ya que probablemente muchas personas no saben lo frecuente que es para gran parte de la población del mundo. Aunque ha habido bastantes hombres reportando distintos tipos de acoso, no necesito especificar que obviamente la mayoría de los reportes vienen de mujeres y ahí es donde comienza el problema.

Éste es un tema que sólo genera enojo y tristeza, nadie está contento con la situación, quienes reportan los acosos y abusos lo hacen desde un frente por demás complicado, encontrando algo de fuerza en los números e intentan mostrar la situación que enfrentan día con día. Por otro lado tenemos a quienes se enteran de las denuncias y responden molestos, indignados, frustrados, incrédulos… Nadie sabe muy bien qué hacer con esto. Un día tienes un actor favorito al que aprecias y admiras, al siguiente te enteras de que ha hecho cosas abominables, uno tras otro van generando cascadas de decepción. El trago amargo es fuerte, tiene todo el sentido que no siempre sea fácil de pasar o de aceptar, nos quitan de golpe la venda de los ojos y en verdad hay ocasiones en las que es demasiado abrumador, yo muchos días deseo poder volver a épocas anteriores en las que vivía en una ignorancia más pacífica.

Y luego tenemos lo espinoso de las denuncias falsas, claro que existe, seguramente en muchas más ocasiones de las que se pueden contar. El dilema es ¿cómo manejamos eso? Si no verificamos las acusaciones, puede que en muchas ocasiones estemos condenando a inocentes. Por otro lado, si cuestionamos a las personas que denuncian, disminuimos la probabilidad de que otras se atrevan a hacerlo y potencialmente estamos dejando a una víctima a merced de su abusador. De nuevo entonces ¿Cómo se resuelve esto? Porque la opción que no es viable es la de resignarnos y seguir como hemos estado por milenios, al menos no en mi visión de las cosas.

Llevo un muy buen rato masticando la situación, viviéndola al lado de pacientes, estudiantes, amistades y en carne propia. Observando constantemente el resultado que mencioné al principio, éste movimiento sólo tiene a todos tristes y enojados, he presenciado el nivel de desgaste emocional que conlleva adentrarse en el ambiente intrigoso de las denuncias, tenemos heroínas y héroes sin capa allá afuera, peleando batallas exhaustivas todos los días, buscando regalarnos seguridad y paz a todos los demás, créanme cuando les digo que está costándoles un pedacito de su alma cada vez. Con riesgo de ser crucificada por lo siguiente: en verdad creo que el Me Too no está funcionando por sí mismo, requiere apoyo, algo más que le ayude a encontrar respuestas trascendentes y permanentes, la denuncia es excelente, crea consciencia de lo que está ocurriendo en el mundo, pero si quedamos sólo en eso, el proceso está incompleto. Llámenme idealista y loca, pero creo que la verdadera solución radica en un lento proceso de desarrollar empatía y crecer juntos como sociedad hacia una cultura respetuosa de todos, indistintamente de sus cualidades humanas.

El Me Too es un excelente primer paso, no podemos seguir aceptando ni condonando el acoso y el abuso. Pero si volteamos a ver algunos de los efectos colaterales que está ocasionando, es más fácil notar que en verdad son necesarias acciones adicionales. La denuncia está logrando y va a lograr que muchos de estos actos violentos disminuyan o hasta se detengan, lo cual por supuesto, es excelente. Pero ¿sabemos por qué lo logra? Quien me esté leyendo y se identifique como feminista seguramente ha notado la respuesta de enojo que el movimiento está generando en muchos hombres, aquellos que sean (o se crean) completamente inocentes, perciben la posibilidad de ser acusados injustamente como una clara amenaza y les preocupa; en el otro extremo están quienes probablemente llevan toda su vida cometiendo estos actos y ni siquiera logran comprender por qué está mal lo que están haciendo, ni van a comprenderlo. Esto no los exime de responsabilidades, pero tampoco debería ser un fenómeno que pase desapercibido.

Mi propuesta, por contraintuitiva que parezca, es voltear hacia los hombres y verlos como un grupo afectado más; antes de que me busquen para arrojarme huevos en la calle, permítanme explicar. Tenemos casos (de renombre y extensión en la lista de víctimas) que dejan claro que están más allá de cualquier capacidad de comprensión, arrepentimiento o redención. Sin embargo, creo en verdad que el resto de nuestra población es perfectamente susceptible a comprender y detener conductas que simple y llanamente jamás han percibido como violentas o inapropiadas, debido a que han pasado toda su vida inmersos en una cultura que valida y fomenta el acoso sexual y la violencia de género como formas aceptables de comportamiento masculino. En breve resumen, sería bueno que comprendiéramos que a muchos no les han avisado a tiempo o con claridad suficiente que ciertas conductas dañan a quienes les rodean. Es la enorme diferencia entre ver a los hombres como agresores innatos o como seres humanos desinformados.

Y si, yo lo sé compañera feminista, en este momento te estás preguntando “¿y por qué tendría yo que ir a educar sobre lo que es acoso y no se debe hacer?”. Sólo tengo una frustrante respuesta para ti: porque tú lo puedes ver. No podemos esperar que alguien descubra por sí mismo algo que no le enseñaron en casa, ni en la escuela, la calle, los medios o en cualquier otra parte. Tú que lo ves, seas hombre o mujer, puedes cambiar el mundo un comentario a la vez, muchos sólo van a necesitar que se les explique en una sola ocasión que algo no está bien para no repetirlo por el resto de sus días, para que se convierta en una cadena de empatía y curación cultural en la que podamos comprender la posición del otro y terminar con esta división de géneros que tiene a la humanidad partida en 2.

Mi petición desesperada para los hombres es: por favor entiendan, muchas de verdad vivimos situaciones de acoso tan seguido que en un mes, en una semana o hasta en un día podríamos perder la cuenta, nos cansa, nos desgasta y nos desalienta. Por favor comprendan ese enojo a veces desbordado porque no ha bastado con hartarnos de llorar. A las mujeres, a mis hermanas, les imploro que intentemos recordar que ellos son también nuestros hermanos, que no son el enemigo, que merecen el beneficio de la duda y la oportunidad de aprender a ser amables con nosotras y con ellos mismos. Porque lo merecemos todos, porque la humanidad lo vale, para unirse, acompañarse y ayudarse… porque nos estamos quedando cada vez más solos y a veces se nos olvida que el otro es el único apoyo que tenemos.






¿Tu juguete trató de matarte?

Buena idea: Quieres avivar las actividades extracurriculares en el dormitorio y se te ocurrió comprar un par de cositas medio kinkys.

Mala idea: Te gana el codo, prefieres gastar parte del presupuesto en la fiesta y ahora estás en urgencias, con un pedazo de tu “cosita kinky” encajado en las tripas, todo por no comprar calidad.

Hay cosas con las que te puedes arriesgar en esta vida y cosas con las que no. Puestos de tacos de muerte lenta en alguna estación del metro a los que ni los perros callejeros se acercan, saltar en paracaídas con promoción 2×1 en “Vuelos Gutiérrez” y comprar tus juguetes sexuales en apps de compras chinas entran en la lista de LO QUE NO. Deja los riesgos y las aventuras para algo menos peligroso, como nadar con tiburones,  guardar las revistas porno en ese cajón que nunca limpia tu mamá o recibir mensajes de “Juan Mecánico” a las 3 de la mañana en Domingo y esperar que tu novia no sospeche nada.

Los juguetes sexuales pueden ser un agregado fabuloso a tu vida, son divertidos, placenteros, novedosos y hasta arreglan disfunciones y problemas de relación. Pero tienes que elegirlos bien. Ya sé, hay tanto en el mercado, que marea y no sabes ni por dónde empezar. Como con casi todo en esta vida, es mejor iniciar de menos a más. Aquí todo depende de qué tan vainilla seas de origen, ojo, si no sabes a qué me refiero con “ser vainilla”, probablemente lo eres. Esto es bien sencillo, comienza por dirigirte a tu farmacia o tienda de conveniencia más cercana y compra un lubricante interesante, hay unos que tienen L-Arginina o provocan sensaciones de calor o frío. No hay manera más sencilla de entrar en el mundo de “agregar diversión” en tu vida sexual. También existen condones que ayudan a sentir más, menos o diferente, ya si quieres el nivel más elevado, compra un anillo vibrador, las marcas populares tienen todas su propia versión, son desechables y bastante entretenidos, recuerda que van por encima del condón y te recomiendo que si lo van a usar, la mujer se ponga arriba para que controle mejor dónde y cómo quiere la estimulación. Hombres, lo siento, ustedes no van a sentir gran diferencia con eso, pero no es como si necesitaran más estimulación de todos modos, por algo se venden tan bien los condones con retardante.

Si se te da la aventura, entonces visita una sex-shop. Seguramente hay alguna no muy lejos de tu casa, no tengas miedo, te aseguro que no llamarás la atención de nadie, no eres el único sucio pervertido que los ha visitado. Ten cuidado si intentas ir disfrazado para mantenerte incógnito, puede que le atines al fetiche de algún otro cliente y salgas de ahí con un enamorado nuevo. Si es una tienda bien surtida, vas a encontrar un sinfín de productos, ¡no te dejes amedrentar! Llévalo con calma y seguramente podrás adquirir unas cuantas cosas geniales. Tómame la palabra nada más con un par de recomendaciones: 1. Si encuentras algo y no logras entender qué es, probablemente es un vibrador. Y 2. Si algo te parece demasiado grande, grueso o peligroso, seguramente lo es, pasa de largo hacia un pasillo más fresa.

Ahora, hablando muy en serio, si no quieres que tu juguete sexual termine atentando contra tu integridad física, consigue algo de buena calidad y de un nivel de complejidad que puedas manejar (no me obligues a contarte la historia de mi amiga a la que una cosa rara con balines rotatorios la terminó pellizcando en salva sea la parte). Los encargados de las sex shops suelen estar muy bien informados sobre sus productos y seguramente podrán calar qué tan teto eres con sólo verte, hazle caso a sus recomendaciones. Claro que van a intentar convencerte de que gastes mucho, por eso debes tener un presupuesto establecido, ojo, para garantizar que te llevas un buen producto, se supone que inviertas un poquito más que en una ida regular al cine con todo y combo.

Si no encuentras una sex-shop cerca de tu casa o de plano te gana la vergüenza, puedes comprar juguetes en línea, obviamente hay mayor riesgo, pero ¡no te preocupes! Aquí unos cuantos consejos:

1- Busca páginas que tengan comentarios de sus clientes, decidas o no comprarles, es muy probable que encuentres buenas historias ahí, ¡el chisme ante todo!.

2- Si vas a comprar esposas, evita las de metal, aún forradas de peluche de leopardo, pueden lastimarte y no me des cuerda con lo que pasa si pierdes las llaves. De tela o cuero con velcro o hebillas son mucho más aguantadoras y seguras.

3- Compra juguetes que no tengan piezas que parezca que pueden llegar a desprenderse o de un funcionamiento demasiado complejo. Como no puedes verlas en vivo, es mejor no arriesgarse y comprar algo que se vea sólido.

4- Si el juguete no parece venir en buenas condiciones o no funciona correctamente ¡No lo utilices! Créeme que no quieres terminar siendo una historia que los médicos de emergencias cuenten en sus fiestas.

Y obviamente, hagas lo que hagas, nunca intentes imponer el uso de un juguete con tu pareja, esas cosas se platican primero y siempre se vale echarse para atrás. Más vale dejar perder la inversión a que te manden a volar.








Triunfando con tu amigo con derechos

Para empezar, déjame decirte que si pudiste conseguir a alguien interesado en tener sexo contigo sin que sea “forzoso” porque te ama o porque andan, ya eres un ganador en mi libro. Volviendo a la realidad, en la que no soy la horrenda persona que acaba de decirte esas cosificadoras aberraciones, la verdad sí quiero que te vaya bien.

Y para que te vaya bien, primero tengo que definir de qué estoy hablando. “Fuck buddy” es el nombre cariñoso con el que se denomina al amigo que felizmente te estás dando sin compromisos. El chiste aquí no es sólo el intercambio de fluidos, si no que éste acontece bajo un amistoso acuerdo de no agresión (sí, los fuck buddies son como embajadores del buen sexo con inmunidad diplomática). Por si no te has dado cuenta, este no va a ser un artículo serio, porque estamos hablando de fuck buddies y eso no es un tema serio, si te tomas a tu fuck buddy en serio, estás fallando a lo grande.Lo que sería muy serio es que termines haciéndolo todo mal y termines sin fuck y sin buddy. Rompamos el mito de que encamarte con alguien va a arruinar la amistad, ponte los flotadores y aviéntate a este chapoteadero relacional.

Lo más importante en este asunto es que la persona en verdad sea tu amiga o de perdida tu cuate, porque aunque no lo creas, el sexo sin compromisos requiere la misma cantidad de cuidados que cuando ocurre dentro de una relación exclusiva y “formal”, para actividades frecuentes y en confianza, no hay nada mejor. La mejor parte de hacer esto con un verdadero amigo es que al terminar, siempre pueden poner una película o echar el chisme sobre los eventos recientes de sus vidas. Es igual de bueno que con un novio, sólo que no necesitas acordarte de cuándo es el cumpleaños de la suegra.

Ahora, si todo al parecer es tan maravilloso, ¿por qué pueden fallar las cosas con un fuck buddy? Un error de origen es que alguien ahí no quiera quedarse sólo como amigo, por favor no seas esa persona y no le aceptes sexo sin compromiso a tu cuate ñoño que lleva la vida entera suspirando por ti. No queremos que esto termine en una masacre ¿ok? Quiero creer que no necesito hacer hincapié en que tú tampoco deberías, la empresa no se hace responsable por propuestas de matrimonio fallidas, la terapia que necesites para superar el trauma corre por tu cuenta, aunque tal vez podamos conseguirte cortesías en el bar de tu conveniencia para promoción 2×1 en shots los jueves de solteros y solteras.

En el completo opuesto, a veces las cosas fallan porque alguno de los 2 decide intentar una relación de pareja exclusiva con alguien más y no sabe cómo manejarlo. Caramba, si se supone que son cuates deberían poder decirse estas cosas sin problema. Puede ser que la situación les haga notar que tienen la madurez emocional de un niño de primaria (de esos que reprobaron un par de años porque “todavía les faltaba”) y que entonces descubran que toda la idea del sexo casual fue un tremendo error, estas cosas son para gente grande, párate por favor junto al dinosaurio para ver si puedes entrar a este juego.

Si juran que esto jamás les pasaría porque tienen súper claro que no buscan un noviazgo y nadie va a clavarse, etc, etc. déjenme decirles que todavía quedan varias trampas de arena por delante. ¿Ya hicieron acuerdos? Si ni siquiera sabes lo que son los acuerdos, por favor regresa a la entrada, no se vale ponerse de puntitas junto al dinosaurio. Si sabes qué son, pero no los hiciste, ¿qué estás esperando? Esa onda Millennial de “sin involucrar sentimientos” no te va a llevar lejos. Necesitas tener las reglas claras, ¿qué tan seguido quieren verse?, ¿cómo van a cuidarse?, ¿se vale salir como cuates?. Si su relación era cercana antes de comenzar esta nueva etapa, ¿qué pasa si un día quieres apoyo de amigos con algo? Ah, por cierto, si son mamíferos normales, por supuesto que van a tener sentimientos, el sexo con psicópatas puede sonar emocionante al principio, pero en lo personal no lo recomiendo. (¿Ya viste You?).

En general estos lineamientos deberían ayudarte a que todo se mantenga divertido y sexy. Claro que si eres de esos masoquistas a los que les gusta complicarse la vida, puede que se te ocurra terminar enamorándote de tu fuck buddy y que para colmo sea mutuo, si después de mucho reflexionar siguen pensando que es buena idea y que quieren intentar una relación más comprometida, olvídate de los carritos chocones, bienvenido a la casa del terror, ésta es sólo para mayores de 18. Y como seguro estás muy perdido (obvio lo estás si crees que la mejor manera de buscar novio es empezando con un fuck buddy) probablemente te sirva leer esto:

https://vinculocolectivo.com/2019/02/20/encontre-pareja-que-le-doy-de-comer/

Suerte y que la fuerza esté contigo.





Morirás solo y triste (a menos de que leas esto)

Hay que reconocer que lo intentaron todo: pelearon, platicaron, se alejaron y se reencontraron, se fueron de vacaciones, siguieron consejos de Cosmopolitan para “reavivar la llama”, hasta fueron a terapia y no funcionó: te acaban de tronar.

Al principio probablemente entraste en shock, negación total de lo sucedido. A momentos piensas que seguramente no ocurrió, de pronto recuerdas que sí y tu corazón se acelera, la sensación no es agradable. Has visto demasiada ciencia ficción, se nota porque de pronto te cachas en la fantasía de que tal vez estás viviendo en la Matrix o en un episodio muy aburrido de Black Mirror (no exageres, aunque tu ruptura esté muy fea, no es televisable). Pasan los días y te va cayendo el veinte, ahora sí terminó, no es como en el pasado cuando peleaban y en pleno drama se borraban de Facebook y se bloqueaban en Whatsapp para buscarse al poco tiempo y “arreglar” todo. Ahora ni pelea hubo. Estaban tranquilos, tristes, podría decirse que hasta nostálgicos por aquella relación que alguna vez fue. Por fin pasas el trago, ahora sí se acabó.

Bueno, ¿y ahora qué? No tienes la menor idea de qué hacer en esta situación, no es como si en la prepa te hubieran dado una clase de cómo sobrevivir un truene, aunque vaya que hace falta. Saliste sabiendo despejar ecuaciones, balancear compuestos orgánicos e inorgánicos y hasta algunos artículos de la constitución te habrás aprendido. Nada de eso ayuda ahora que te has convertido en una gallina ciega, corriendo en círculos y tropezando hasta contigo mismo. Ok, sólo porque este si es un tema feo, de esos que duelen hasta que el pecho se adormece y neutralizan nuestra capacidad de razonar como seres humanos, te voy a dar la receta para que salgas de ese hoyo. Sí, por supuesto que hay receta, para todo en esta vida hay una. El problema es que no funciona igual en todos los casos. Superar una ruptura amorosa es como preparar picadillo: todo mundo sabe hacerlo, pero nadie lo hace exactamente igual (ni le pone sazón). Aún así, lo reconoces en donde quiera que lo comas ¿correcto?

Paso 1. Detente. No finjas que no está pasando nada, no intentes pretender que todo está bien, porque no lo está. Negar un proceso de duelo no hace que desaparezca ni lo hace más fácil. ¿Por cuánto tiempo extrañas tus audífonos favoritos cuando se te pierden? Pues no inventes, idealmente tu ex era un poquito más importante.

Paso 2. Llora. A mares, todo lo que te salga, compra más electrolitos que si te prepararas para la cruda del siglo, porque vas a deshidratarte. Berrear a moco tendido relaja y desahoga mejor que nada. ¿Ya no salen las lágrimas? No te preocupes, aquí entran los que me gusta llamar “laxantes emocionales”: Películas románticas trágicas o canciones melancólicas y asunto resuelto. Vamos, aún cuando estás contento un par de canciones de José José te sacan la lagrimita, ¡Imagínate ahora!

Paso 3. Busca a tu gente. Calienta esos dedos, porque vas a estar escribiendo más mensajes que tu tía la manda Piolines serial. Necesitas redes de apoyo, ¿dónde están esos amigos que puedan llegar a ver series contigo, apapacharte, secarte las lágrimas, emborracharte, curarte la cruda, contarte chistes y demás?

Paso 4. Dale tiempo. Esto no va a salir rápido, es odioso y desesperante pero tienes que vivir el proceso completo. Un tip ahí es que no te emociones demasiado cuando de pronto tengas un muy buen día en el que ya te sientas increíble porque a la vuelta de la esquina hay una recaída de esas que terminan contigo en el suelo de un bar… a las 11 de la mañana.

Paso 5. Cuidado con los rebotes. El rebote es una cosa bonita pero que hay que practicarlo con cuidado o, incluso pasar de él por completo. Por favor que no se parezca a tu ex, por favor que no te maltrate y HAGAS LO QUE HAGAS, no te claves con el rebote, porque no estamos buscando subirle el grado de dificultad a esto.

(Rebote: sust. masc. Rife con el que sales un tiempo después de terminar, que idealmente te hace sentir menos solo y miserable)

(Rife: sust. masc. Pretenso romántico. Véase también, ligue)

Después de hacerle la chamba a la RAE, una última recomendación: aprende de la experiencia, los fracasos son excelentes maestros si estás dispuesto a atender la lección. No repitas los mismos errores y confía en que algún día saldrá bien.









México, ¿me prestas mi cuerpo?

El día que anuncié que quería perforarme el ombligo, encontré una serie de respuestas “interesantes” en las personas que me rodeaban. Hubo quien me dijo que no debía hacerlo porque mutilaría mi cuerpo para siempre, dañándolo de manera irremediable, hubo también quien me dijo que debía preocuparme la imagen que iba a dar, ya que los ombligos perforados al parecer son banderines promocionales de la promiscuidad sexual (de haber sabido que era así de fácil). Lo más curioso fue encontrar a ese último sector que con entusiasmo me comunicó que yo no tenía el cuerpo como para perforarme el ombligo. Según yo, el único cuerpo que necesitas para perforarte el ombligo, es uno que tenga un ombligo. Por supuesto, también hubo muchas personas a las que la idea les agradó y apoyaron mi decisión, 12 años después, acabo de comprar una pieza nueva, es rosa, brillante y feliz. Lo relevante de la historia y lo que debería inquietarnos a todos no es encontrar quién tenía la razón, si no que ninguno de esos argumentos fué solicitado, la facilidad con la que la gente se siente en libertad de opinar y hasta de intentar imponer dichas opiniones sobre el cuerpo de los demás, debería aterrarnos.

El tema del aborto es la punta del iceberg que nos enseña la fea cara de una cultura en la que constantemente creemos que el cuerpo, las decisiones y la vida de los demás, están sujetos a revisión, si, a NUESTRA revisión. Interrumpir un embarazo no le gusta a nadie, no es un tema del que nos guste hablar, no se recuerda con disfrute y no se busca por placer. Interrumpir un embarazo es una necesidad de salud y bienestar, tanto para la mujer que lo hace como para la sociedad a la que pertenece. La mujer que decide no conservar un embarazo lo hace para cuidar de ella misma, pero a la vez, está cuidándonos a todos. Si se pretende imposibilitar la autonomía de las mujeres, la sociedad encontrará un límite muy claro: puede forzar a una mujer a parir, pero no puede obligarla a ser madre, no quiero extenderme con las estadísticas e historias de niños abandonados y maltratados que evidencian que nadie, ni hombre ni mujer puede ser forzado a ser madre o padre. Cuando una mujer decide no conservar un embarazo, actúa por su beneficio y el de la sociedad a la que pertenece, ya que claramente no es un grupo que sepa hacerse cargo de los pequeños que son abandonados, si así fuera, encontrar niños en disponibilidad de adopción sería más esporádico que ver lluvias de estrellas, los miles de pequeños esperando por la oportunidad de pertenecer a una familia son claro testimonio de que nuestra sociedad no sabe manejar las consecuencias de los partos forzosos que ocasiona.

Si encontramos juntos la manera de respetar el cuerpo de los demás, las decisiones de los demás y la vida de los demás como propiedad privada, podríamos comenzar a ponerle solución a este problema. Ojalá hubiera una forma de explicar lo ofensivo e irracional que suena cuando mi país y mi gobierno me insinúan que mis decisiones reproductivas no son mías, ojalá pudiera explicar lo frustrante que es saber que no existen anticonceptivos infalibles, que la mayoría de las mujeres que busca utilizar entonces un método quirúrgico permanente no encuentra apoyo por parte del sistema de salud, que pedirle a los hombres que por favor utilicen un condón a veces pareciera peor que escupirles en la cara  y que, con todo esto, la conclusión termina siendo “si no te quieres embarazar, entonces cierra las piernas”. Una vez más, aquí lo importante es que para el mundo, yo no soy dueña y señora de mí misma.

Pero lo soy, mi cuerpo es mío, mi vida es mía, cuido de él lo mejor que puedo y no es mi intención afectar nunca a terceros. No soy la única, las mujeres somos así, los humanos somos así. Quiero un país y una sociedad que me dé la educación que necesito desde joven para cuidar mi vida sexual, quiero poder ser plena, sana y feliz, quiero que se comprenda que nada es infalible y que si no deseo parir, se respete, quiero que acepten que no todas queremos ser madres y por encima de todo: quiero un país, un gobierno y una sociedad que me diga que mi vida vale más y es más importante que la posibilidad de vida que implica un embarazo.

Quiero un mundo en el que la vida de las mujeres sea más respetada que los embarazos no planeados. No podemos permitirnos ir hacia atrás, no podemos aceptar decisiones políticas que sólo nos traerán muerte. Un mundo que nos dice que es más importante conservar un embarazo que nuestras propias vidas no es uno al que quiero pertenecer y no es el que le deseo a las mujeres por venir. La lucha para legalizar la interrupción del embarazo no puede frenar y no puede detenerse, tenemos que convertirnos en un frente unido, un muro verde que rechace por completo la continuación del abuso sistematizado que ejerce la sociedad sobre nosotras. Dejemos de permitir que se nos trate como ciudadanas de segunda clase, mi vida importa, tu vida importa y todo lo que quieras hacer con ella debería ser prioridad para tu país. México, nosotras también somos parte de ti, si no puedes ofrecerle los mismos derechos a toda tu gente, el privilegio de género no ha terminado.

Así que lo pregunto: ¿me vas a dar el derecho de decidir sobre mi cuerpo y mi vida o ese es un derecho reservado para sólo una mitad?

8 de Marzo, Nada que celebrar

En un día y un mundo en el que las redes van a estallar con peticiones de respeto, con llamados a la equidad y gritos desesperados por el derecho a elección y autonomía de cuerpos, yo sólo quiero recordarte lo bonito que se siente cuando una buena amiga te da un abrazo, de esos suavecitos y que huelen a shampoo de frutitas. Eso de estar en comunión con otras mujeres, casi siempre huele muy bien.

Ser mujer no siempre es divertido, literalmente es un asunto sangriento. De pronto pareciera que la naturaleza nos quería preparar a todas para ser heroínas perfectas de películas de acción. Considéralo: umbral elevado ante el dolor, tolerancia a la falta de sueño, a la hambruna y a las fuerzas G, es como si en toda mujer habitara una pequeña agente de fuerzas especiales, lista para salvar al universo. La parte triste del asunto es que pocas de estas características son innatas en nosotras (lo de las fuerzas G si, chécalo porque es muy interesante). El resto se lo debemos a una cultura que lamentablemente nos ha enseñado a aguantar dolor y abuso de muchas maneras. ¿De verdad no te sientes tan mal cuando tienes gripe o es que “no te puedes dar el chance” de estar mal? Eso es algo para que reflexiones hoy cuando hagas corajes cada vez que te encuentres con una felicitación por ser lo más bonito del mundo y la flor más bella del ejido. Necesitamos menos supermujeres y más salud mental, por favor.

Probablemente sea buena idea que antes de intentar salvar a la galaxia, nos rescatemos a nosotras mismas; díganme si exagero, pero a veces pareciera que para ser una mujer exitosa, tienes que convertirte en tu peor enemiga. ¿No es suficiente con toda la basura que cargamos por default allá afuera? Como si fuera poca la constante presión por estudiar, sostener a veces hasta 3 empleos o más (en simultáneo), tratar de sacar adelante hijos, amistades, relaciones de pareja, cuidar familiares y encima de todo, hacer lo anterior en tacones y dedicar suficiente tiempo para ir al salón y al gimnasio porque en esta sociedad pareciera que es pecado tener un pelo fuera de lugar. Las mujeres libramos una batalla interminable todos los días de nuestras vidas, intentando ser suficientes dentro de un sistema que nos dice que, por definición, somos parte de un juego que nos considera limitadas, vulnerables y fallidas. Sé que no vas a rendirte y sé que no vas a cansarte, pero caray, sólo que el día de hoy quisiera recordarte que también se vale que pelees por tu derecho a disfrutar.

Y ese puede venir en la forma que quieras, porque el doble discurso que nos encontramos al respecto es complicado. Aunque no lo parezca, puede ser difícil distinguir qué cosas queremos nosotras auténticamente y cuáles son dictadas por la cultura y la sociedad: a veces tengo días complicados en los que no logro distinguir si me puse delineador porque mis ojos se ven más grandes o porque Maybelline y Cover Girl se han encargado de convencerme toda la vida de que mi cara lavada es completamente inaceptable para eventos más allá de mi sala. Las mismas dudas ocurren cuando no sé si está bien que mi crema corporal no tenga aroma a hierbas de los alpes ni me haga sentir rejuvenecida y extasiada en cuanto me la pongo. Algo sí tengo bien claro, Gillette tiene la culpa de que yo no pueda aplicar el no-shave November sin sentir que me convierto en una especie de leñador combinado con Muppet (este último es más por la personalidad que por los pelos, pero me expliqué ¿no?).

No felicites a nadie el 8 de marzo, es una fecha que se conmemora y existe para crear conciencia, no es una fiesta, pero tal vez puedas celebrarte a ti misma, con todo aquello que te conforma. Que te manden esas imágenes ridículas con flores y cachorritos, llenas de cursilería hueca como que “todas somos bellas y perfectas” no sirve de nada, eso lo sabemos, pero sería divino si hubiera alguna manera de creer que lo somos. El bombardeo mediático es imparable y son muy pocas las que no han sucumbido ante él, al menos de vez en cuando: “Necesitas un marido, una faja, cabello más largo o tal vez un corte, estudia mucho, no trabajes tanto, toma esto para que despiertes y ponte aquello en las ojeras… ¿por qué estás siempre tan cansada?”.

Si tienes oportunidad, ponte de pie, acércate a un espejo, mírate a los ojos y háblate bonito. Sal a la calle y háblale bonito a otras mujeres, todas necesitamos que nos digan cosas amables y afectuosas cada tanto. ¿Acaso crees que hay una sola de nosotras allá afuera que no ha tenido un mal día últimamente? ¿Una sola a la que no han acosado en el transporte público, menospreciado en el trabajo o maltratado en su relación de pareja? Cada vez que juzgas, criticas o atacas a otra mujer, perpetúas un ciclo no solo de violencia, si no de deslealtad. A ti que me lees, quiero que sepas que me haces falta, que algún día vamos a cruzar caminos y te necesito de mi lado. A ti, mujer, prometo apoyarte, creerte y confiar en ti siempre que esté en mis manos. Y cuando no pueda hacer ninguna de las anteriores, al menos juro que no voy a estorbarte. Estoy para ser tu peldaño, no tu lastre.

Ahora sal a la calle segura de que no estarás sola y que tus luchas son las mías.

8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer


¿Tronamos o nos encueramos?

Un día despiertas y el pensamiento te golpea la cara como cachetada peor que patada de despeje: tu relación de pareja se encuentra en estado crítico. La aqueja un mal grave y puede ser que no resista. Pasas la mañana absorto en tus pensamientos, desmotivado y triste, estás tan letárgico que pareciera que de pronto tienes un puesto burocrático en el gobierno (¡a la ventanilla 6, señora!). Sin embargo, algo dentro de ti aún late. No quieres rendirte ¿verdad? Todavía hay amor y los recuerdos de los buenos tiempos son irritantemente parecidos a propaganda barata de San Valentín. Entonces vale la pena, sólo que no sabes ni por dónde empezar a ponerle pies y cabeza a esto.

No te desesperes, una ventaja es que si están tan mal, difícilmente podrás empeorar la situación, así que casi cualquier cosa que hagas, puede ayudar. Piérdele el miedo, ¿qué es lo peor que puede pasar? Si esta relación termina yéndose por el drenaje, solo debes enfrentar un triste futuro de eterna soledad. Ya sé, no estoy ayudando a que te sientas menos patético, pero si no le entramos con sentido del humor, esto será imposible. Tienes que aceptar que si no haces algo, las cosas no se van a resolver por sí mismas. ¿Quién lo diría? Resulta que si tu carro se descompone, no se arregla solito cuando lo ignoras (puede ser que por fin comprendas por qué se desvieló aquél primer Chevy que tuviste). En general todo en este mundo necesita mantenimiento, ¿qué nos hizo creer que nuestras relaciones no?

El paso #1 es enfrentar la situación, y eso implica abordarlo con tu pareja. Créeme, seguro se ha dado cuenta en alguna medida de que las cosas no están funcionando igual de bien de un tiempo para acá. Ese cliché de terapeuta que dicta: “la comunicación es lo más importante” ¡Es un cliché por una buena razón! Y no, el hecho de que diario platiquen sobre quién creen que va a ganar en esta temporada de Master Chef o cómo les fue en el trabajo no cuenta, la realidad del no estamos funcionando es descarnada, pero necesaria para volver a lograrlo.

Y hablando de eso, ¿por qué funcionaban? Échate un clavado al pasado, a esos tiempos en los que tenías más cabello, pesabas 10kgs menos y tus ojos brillaban con ingenuidad. Si ya me odias por patearte mientras estás en el suelo, enójate contigo mismo porque yo no tengo la culpa de que hayas dejado de ir al gimnasio para quedarte viendo pelis con tu amorcito más seguido, para colmo, con palomitas de caramelo (claro, porque las naturales no te sabotean lo suficiente). ¿Ya vas cachando por dónde va esto? Lo primero que descuidaste en la relación, fue a ti mismo. Es importante concientizar esto, porque cuando sentimos que una relación ya no nos llena, muy seguido, de verdad MUY seguido, los que ya no funcionamos somos nosotros. No extrañas tanto esos primeros días de romance como extrañas los tiempos en los que te sentías bien contigo ¿cierto?

Lo maravilloso en este asunto de la resucitación relacional es que el proceso completo es de mucho autocuidado, antes que del cuidado del otro. Te va a encantar, detengan la cascada de reclamos mutuos en los que es culpa del otro todo lo que ya no sienten, gozan y disfrutan. Si te empiezas a hacer responsable de tu propia felicidad aún dentro de tu relación de pareja y el otro hace lo mismo, empezarán a recuperar toda esa energía que por el momento no encuentran por ninguna parte. Su pobre relación, que en este momento está más seca que el lago de Texcoco (si, ese que rescataron) tendrá chance de reverdecer. Traduciendo entonces, el chiste es que para empezar cada quién revise qué le está faltando y que sean muy realistas al respecto, ¿de quién es responsabilidad que ya nunca salgas con tus amigos?, ¿por qué dejaste de coleccionar las estampitas para tu álbum del mundial o de ir a las convenciones de comics? (¿No te bastó con decepcionar a tus padres, también a Stan Lee?) Tal vez no sientan bonito al descubrir que se han convertido en un obstáculo en el camino hacia la felicidad del otro, pero al menos ahora puedan quitarse de en medio. Duele darse cuenta de que a veces, para estar bien juntos, hay que separarse un poco, pero llegar a estos puntos medios es lo que permite que la relación sobreviva, recuerda que tu otra opción es tener todo el tiempo libre del mundo si terminan tronando.

De una vez te aviso, para que no digas que no se te advirtió: este proceso será más horroroso que ir al dentista (cuando tu dentista es Elba Ester Gordillo). Pero vale la pena si no quieres tener que estar descargando apps de ligue en un futuro próximo, no te asustes, no todo está perdido.