Bye, bye ansiedad, una historia personal

Psic. Jacob Ortega

Twitter: @lejacoboy

Pocas veces hablo en primera persona, de mis experiencias y de lo que ser gay, joto, marica ha significado para mi salud mental. Por poco y no escribo esta entrada, escribía y borraba y volvía a escribir y me ponía a jugar con la barba y me rascaba la cabeza y me decantaba por la procrastinación activa, hasta que por fin me serví un poco de té, algunos frutos secos para estar comiendo mientras escribo (siempre funciona) y pues este soy yo, hablando un poco de mí y mucho del papel que la ansiedad juega en la salud mental de los hombres gais.

Hubo un momento en mi vida, en que fue más o menos claro, que ser gay tenía que venir acompañado de una fortaleza extra para hacer frente a las miradas de desaprobación, a los comentarios no pedidos sobre mi orientación sexual, sobre mis ademanes, sobre mis parejas o mis muestras de afecto en público (Y eso que soy un blanco, cisgénero con suficientes privilegios. Mi admiración para todes quienes han tenido que aguantar eso y más). Aún así, este ejercicio de salir constantemente del closet, de “tener que estar educando a otres”, de educarme a mí mismo, de que el orgullo parezca un acto casi beligerante, puede ser muy cansado.  Sospecho que muchos de ustedes han pasado por esa sensación de ser constantemente cuestionados, de sentirse inadecuados o de tener que cumplir con expectativas impuestas por otros y si no, pues que suerte la de ustedes, pero me alegro de que así sea. 

En cualquier caso, parte del orgullo LGBTT+, es poder hablar abiertamente de nuestras luchas, de las emociones que hemos tenido que enfrentar, las tristezas, los problemas de salud mental, la ansiedad que es tan común a nuestra comunidad y es que, solo podemos servir a otres, facilitarles el camino si nos atrevemos a hablar sin pena de nuestras propias historias. 

Que alguien presente niveles altos de ansiedad es algo que con frecuencia aparece en mi consulta y también es frecuente que quien la está experimentando no esté consciente, de que eso por lo que está pasando, se llama ansiedad, ni de qué es lo que la está causando, pero vaya que hace estragos. La buena noticia, es que hacer algo con esa ansiedad y crear hábitos de vida que resulten emocionalmente más saludables, con frecuencia permite ver cambios  positivos y mantener a raya esa ansiedad, sí esa misma ansiedad que no te deja dormir, que te tiene viendo porno a todas horas o pasando de perfil en perfil en las apps de ligue sin disfrutar ya de ello, muerto de cansancio o siempre a la defensiva. 

Ya antes habíamos hablado de las secuelas de las violencias tan particulares que enfrentamos en la infancia por no ser heterosexuales, y una de esas secuelas es la ansiedad. Sí, sí, que las personas heteroexuales también padecen ansiedad, pero una de las  consecuencias mejor descritas del bullying homofóbico es justo los niveles tan altos de ansiedad que provoca. Este abuso, deja cicatrices que reaccionan al menor estímulo disparando la ansiedad y lo peor es que a veces está tan normalizado, que ni siquiera estamos conscientes de ello. Y para complicar más el asunto, puede que ni siquiera hayas recibido directamente el maltrato, pero al ser testigo de lo que implicaba para otros no ser heterosexual, hayas interiorizado el peligro en el que te encontrabas “si alguien se enteraba”. 

Algunos hombres gais, no dan cuenta de sus niveles de ansiedad sino hasta que la ven reflejada en conductas compulsivas; las apps de ligue abiertas 24/7 aunque nunca queden con nadie, sexo ya no por disfrute sino para aliviar la ansiedad y en condiciones que los ponen en riesgo, etcétera.  Por supuesto, tanto la ansiedad como las conductas que puede desencadenar aparecen en un gran espectro y dependen de múltiples factores, como el lugar en el que se nace, las dinámicas familiares y sociales, las condiciones económicas, entre otras. Y aunque no es ninguna regla, lo cierto es que si se es homosexual, es muy probable que se hayan pasado por estas experiencias y en consecuencia, que existan altos niveles de ansiedad. 

¿Qué hago con la ansiedad entonces?

Aquí hay que ponernos serios por un momento, déjame comenzar por describir las soluciones que me parecen más útiles a largo plazo y luego hablamos de lo que se hace más frecuentemente pero que a la larga no funciona. 

Una vía muy eficaz para reducir la ansiedad a mediano plazo se encuentra en la actividad física, las relaciones sociales de calidad, la meditación, la psicoterapia, el yoga. Comenzar con cualquiera de estas actividades, en un primer momento requiere de cierto grado de compromiso y de disciplina para continuar con ellas, porque con estas actividades los resultados no se notan en dos días, más bien van a pasar un par de semanas, quizá un mes y una práctica constante antes de que comiences a ver los resultados.  

Si no te sale a la primera, no te descorazones, es normal y muchas veces es esa misma ansiedad la que se ponen en medio y nos lleva a cancelar la sesión de psicoterapia, a no ir al gimnasio y a preferir una tarde entera frente a la tele en vez de salir a caminar con nuestros amigues, así que respira, no te agüites, tómatelo en serio e intentalo otra vez.

Por supuesto está la otra opción, está sí que funciona en el corto plazo pero es PÉSIMA a mediano y largo plazos. Sí, estoy hablando de tomarte unas cervezas, fumarte un porro, comerte todas las galletas de la alacena o irte de cruising (sí con todo y pandemia). El alcohol, el sexo, la comida, las drogas son todas formas rápidas de lidiar con la ansiedad pero rápidamente terminan convirtiendose en algo que crea más ansiedad. Aparece la culpa por estar bebiendo tanto a mitad de semana, ansiedad por no encontrar al dealer o por lo que hiciste mientras estabas drogado, dudas sobre tus prácticas sexuales y demás. Vaya, que es una serpiente que se muerde la cola a sí misma y eso que hiciste para “bajar la ansiedad” termina causando más ansiedad.

Sí, muy interesante ¿pero qué hago entonces?

Bueno, pues quizá convenga que escojas eso de las actividades físicas, las relaciones sólidas, la psicoterapia, el comer bien, etcétera aunque tardes un poco más, pero antes también debes aprender a identificar las situaciones que te detonan la ansiedad. Algunas son obvias, tomar mucho café, beber, consumir ciertas sustancias y otras quizá no tanto o más de largo plazo; fechas límites, emociones no habladas, homofobia interiorizada. 

Ya que las hayas identificado, procura evitarlas o trabajarlas (según sea el caso) y lo digo en serio, no ganas nada haciéndote valiente y creyendo que lo puedes controlar todo. Si ya sabes, que por ejemplo, ponerte en ciertas situaciones sociales te angustia, ahórratelo, ve a otro lugar donde te sientas más cómodo o permanece ahí sólo lo mínimo necesario, ya habrá ocasión para que te vuelvas un master de tus emociones.

Como decíamos arriba, el ejercicio puede tener efectos muy positivos en controlar la ansiedad. Ve con calma, en especial si nunca has hecho ejercicio. Puedes empezar por salir a caminar 20 minutos tres veces a la semana y quizá después de tres semanas hacerlo cuatro veces por semana. No conviertas esto en un motivo más de ansiedad. Tómalo paso a paso. 

En la medida en que empiezas a integrar a tu vida estas disciplinas, la relajación se convertirá en un hábito más para ti, sabrás por supuesto que aún hay trabajo por hacer pero podrás acceder a una claridad y un sosiego que te permitirán seguir adelante. 

Este camino rumbo a la salud mental y para lidiar con la ansiedad es distinto para cada uno de nosotros y tiene tiempos y formas distintas, pero las herramientas que te propongo de general funcionan muy bien para la mayoría de nosotros. A mí por ejemplo me viene muy bien el yoga cuatro o cinco días por semana y ya llevo más de diez años desde que empecé, pero si  una semana solo puedo hacerlo dos días, no pasa nada, igual me siento bien, no así con la comida, esa tiene que suceder rigurosamente tres veces al día por lo menos, porque si no me pongo de un humor, que me desconozco. Pero como ya sé que es así, me prevengo y listo. La cosa es que aprendas a conocerte y a partir de ahí cuidar mejor de ti.

Una última cosa, si estás experimentando problemas con tu salud mental sabe que esas dificultades son tan ciertas e importantes como un dolor de muelas o un hueso roto. Habla sobre ello en ambientes seguros, busca a profesionales de la salud, no tienes que pasar por eso solo, no todo se soluciona “echandole ganas” y si crees que no es pudiendo no dudes en alzar la voz y pedir ayuda.