EL machismo me educó.


Hoy soy consciente de toda la violencia normalizada que practicaba.

¿Qué significa el machismo?

Cuando pregunto esto a otros varones, generalmente me responden que es la idea de superioridad de un hombre sobre una mujer. Esto me hace pensar en todo lo que se invisibiliza ante la cultura machista que ha sido encargada de darnos identidad a muchos. Al ser hombre, y nacer con ciertas características físicas, tuve la necesidad de pertenecer al género con el que me identifico, y pasivamente llegué a interiorizar sutiles lecciones que me hicieron ejercer una manera de ser hombre a través de la posición privilegiada que este mismo me dio. Estas lecciones, que se denominan micromachismo, no minimizan el impacto que generan en perpetuar este sistema de creencias, que violentan tanto mujeres como hombres. Hoy quiero compartir las enseñanzas que el machismo me dio, y me atrevo a pensar que también otros las han recibido.

El machismo me enseñó que:

Tener sexo con muchas chicas era un símbolo de poder y estatus que me darían valor y reconocimiento. Pero no me enseño que mis cuidados eran importantes, arriesgando mi salud y de otras personas.

Hoy, sé que tengo derecho a poner mis propios límites para mi autocuidado.

No existían mujeres imposibles, solo hombres pendejos. Pero no me enseñó que aquello que yo llamaba “ligar” podía ser una forma de acoso y hostigamiento.

Hoy, sé que la mejor forma de ligar es aprender a recibir un “no” como respuesta.

Que no debía golpear a las mujeres por ser mujeres. Pero no me enseño que celar, gritar e intimidar son formas de violencia. Cuando me enojaba con mi novia, golpeaba la pared frente a ella, gruñía y agitaba las manos violentamente, haciéndola sentir temor hacia mi enojo.

Hoy, entiendo que tengo derecho a sentir miedo, enojo, tristeza y no me hacen menos hombre, y sentirlas no me obliga a hacerme daño, ni dañar a otras personas u objetos.

Que sólo existía un amor en la vida. Pero no me enseñó que cada vez que me gustaba alguien le ponía esa expectativa, haciéndome sentir frustrado cada vez que no las cumplía. Pensando en que mi infelicidad era por ella.

Hoy, aprendí a disfrutar el enamorarme de alguien con la intención de ser capaz de cuidar mis emociones y expectativas, al punto de crear vínculos significativos con estas personas, sin esperar nada a cambio.

Que el hombre podía llegar hasta donde la mujer permite. Pero no me enseñó que hay personas que pueden dar su consentimiento desde el miedo y la necesidad de protegerse.

Hoy, entiendo que el silencio de alguien puede decir muchas cosas, y que yo también puedo detenerme si siento que la situación en general no está bien.

Puede que muchas cosas que hice yo, u otros, no sean crímenes que puedan ser castigados por la ley. Pero se piensa que la violencia de género sólo es para acosadores sexuales, golpes, violadores, pederastas abusadores de infantes. Estuve mucho tiempo en un sistema que hacía ver estos comportamientos como algo normal. Hoy, que miles de mujeres alzan la voz, da miedo saber que pude ser víctima y victimario de dicha violencia. Aunque haya sido impactante, es importante aprender del dolor de otras personas. Que no por ser un delito no quiere decir que uno no merece ser alguien mejor que eso. Tengo derecho a pedir disculpas, así como ellas tienen derecho a no tener que aceptarlas y solo querer seguir con sus vidas. No es buscar ser un héroe, ni mártir; solo ser un humano, imperfecto, y con el ideal de querer seguir creciendo.

Soy un hombre en constante deconstrucción, privilegiado por tener una formación que me ha facilitado las herramientas para poder lograrlo, y quiero compartirlas. Eso quiere decir que me he roto varias veces para volverme a armar. Y pretendo seguir haciéndolo.