¿Cojo porque estoy ansioso? Gestión emocional y sexo gay

Por: Psic. Jacob Ortega 

Twitter: @lejacoboy

Hace unos días circuló por el internet un texto del NewYork Times llamado Gay Men Are Dying From a Crisis We Are Not Talking About  y uno de los párrafos que más me impactó, traducido al español dice más o menos lo siguiente:  “Es una realidad desafortunada que ciertas prácticas y creencias insidiosas se sostienen todavía dentro de la cultura gay masculina y estas nos hacen propensos a adoptar comportamientos de riesgo. Nos ponemos gran presión los unos a los otros para ser delgados, atractivos y tener mucho sexo. Aunque la sociedad está significativamente más abierta de lo que estaba hace diez años a la aceptación, muchos hombres gais aún atravesamos por la discriminación, la violencia y nuestra propia homofobia interiorizada, lo que significa que para muchos las drogas pueden ser un escape. Y el uso de metanfetamina puede incrementar importantemente el riesgo de contraer VIH u otras ITS.”  

Después de leerlo me quedé pensando, cuántas veces el sexo actúa como un agente para liberar estrés entre los hombres gais y cuántas otras veces el sexo mismo supone un foco de estrés, cogemos para sentirnos menos ansiosos ante muchas situaciones, pero el sexo también puede terminar causándonos ansiedad. Y todo esto pasa (entre otras cosas) a causa de todas estas expectativas irreales para vernos de cierta forma, tener cierta edad, ser de alguna talla determinada, entre otras cosas. Y por supuesto, me hizo pensar también en el asunto de la gestión emocional y cuánto podría mejorar la vida si supiéramos gestionar mejor nuestras emociones. 

¿Qué es entonces la gestión emocional? Podemos entender por gestión emocional, la capacidad que las personas tienen para modular la intensidad de sus emociones, las herramientas con las que cuentan para transformarlas en emociones de otra naturaleza e incluso para poder asignarle una categoría o un nombre a eso que están sintiendo. Pensemos por ejemplo que de camino al trabajo, nos encontramos con un tráfico mayor al acostumbrado y eso supone que no seremos capaces de llegar a tiempo a la oficina, esto origina una emoción, una que quizá no sea la más agradable y que podamos identificar como ansiedad, y es a partir de este punto en el que se abre un abanico de opciones, que van desde identificar lo que estamos sintiendo  y hacer algo para mantenerlo bajo control, respirar profundo, reconocer que no podemos cambiar eso, hablar a la oficina para avisar y hacer “control de daños” o bien, seguirnos de largo y dejar que eso que empezó como ansiedad se escale hasta traducirse en enfado, mal humor, enojo y que quizá se instaure a lo largo del día aun después de haber superado dicha situación. 

Pero contrario a lo que pudiera parecer, la gestión emocional no es del todo sencilla, en especial si es algo que no se ha aprendido desde la infancia y en el caso de los hombres gais, existen además toda una serie de circunstancias que con frecuencia hacen todavía más complejo el tener un adecuado manejo emocional; situaciones que tienen que ver con violencias vividas durante la infancia por el sólo hecho de ser homosexual, la ansiedad propia de estar en el closet, entre otras. Claro está, que todo esto tiene vuelta de hoja, uno puede superar experiencias pasadas y por supuesto aprender también a gestionar sus emociones de forma más beneficiosa. 

¿Pero cómo se hace todo esto? Para comenzar una cosa tiene que quedar clara y esa es que no puedes prender y apagar tus emociones como si se tratara de un interruptor, la emociones y lo que desata esas emociones van a aparecer en nuestra vida, nos guste o no. Esto hay que tenerlo clarito, para dejar de esperar que las emociones no deseadas desaparezcan, pensar esto resulta contraproducente y nos imposibilita a hacer algo con ellas cuando aparecen. Las emociones, buenas o malas siempre estarán ahí, para nuestro beneficio o como un reto a experimentar día a día. 

Lo que resiste persiste, es una expresión que seguro todos hemos escuchado y que puede parecer una frase vacía de significado pero que cuando se trata de emociones, es tan verdadera como que mañana saldrá el sol. Negar o ignorar las emociones que percibimos como negativas sólo las reafirma, pero si esto es así ¿entonces cuales son las opciones?

Podemos pensar en tres formas estándar para el afrontamiento de problemas, la primera es la evitación, que no suele ser la más ideal, la otra forma es afrontar los problemas, eso es, que no te andes por las ramas y hagas algo con lo que está sucediendo y la tercera opción, afrontar las emociones provocadas por un problemas. Entonces, si tuvieses un problema en el trabajo podrías: 1. Hacer como que no pasa nada y seguir haciendo lo tuyo, ir al gimnasio y a ver qué sucede, 2. Solucionarlo hablando con las partes involucradas y tomando las acciones necesarias ó 3. Tratar de hacer algo para lidiar con el malestar que te genera estar en esta situación laboral. 

¿Y cuándo vamos a hablar de lo de coger?

Ahorita llego a eso, sólo hay que dejar unas cuantas cosas claras para que todo tenga sentido y una de esas cosas que tiene que quedar bien clarita es que Tú no eres tus emociones. Cuando nos entremezclamos con nuestras emociones, cuando pensamos que ellas y nosotros somos la misma persona, es en ese momentos en el que de hecho estamos “tomados” por ellas, por el contrario si puedes identificarlas [las emociones], sin hacerte uno con ellas entonces ya no determinarán tu comportamiento. 

Indefensión aprendida y otras secuelas de la infancia. Cuando hablamos de la indefensión aprendida nos estamos refiriendo a un estado psicológico que se caracteriza por la idea de que uno es indefenso ante las situaciones de la vida, que estás nos sobrepasan  y no hay nada que podamos hacer ante lo que nos ocurre y en el caso de los gais (les dije que ya iba para allá) no es extraño que esta indefensión aprendida esté presente, lo que nos hace propensos a estados de humor depresivos o bien a adoptar una actitud a la defensiva –Bitchy mode on-.

¿Se acuerdan del rollo de la homofobia interiorizada? 

Por si no lo recuerdan y para no hacerles el cuento largo, a los gais las más de las veces nos toca pasar por momentos particularmente ansiógenos desde edades muy tempranas y esto contribuye a construir una idea del mundo como lugar que siempre enseña los dientes, donde la gente tiene siempre intenciones ocultas o no es de fiar, donde ser gay es motivo suficiente para ser la burla de tus compañeros de colegio o bien donde no importa cuánto se intente ocultarlo, seguro que alguien se enterara que eres gaysha. 

Aunque cada historia es siempre única, la homofobia, parece jugar un papel central en el aprendizaje de esta indefensión aprendida, la mayoría de los homosexuales al hablar sobre sus historias de vida reportan haber pasado por experiencias de violencia, bullying o rechazo familiar, escolar o laboral por el sólo hecho de su orientación sexual y así  es que algunos aprenden a interiorizar ese rechazo por parte de la sociedad. De este modo, muchos también terminan por aprender que sin importar lo que hagan o cuánto se esfuercen siempre vendrá otro a fastidiarles.  Ahora, recuerdan las tres formas usuales de abordar el conflicto, pues si uno le suma esa interiorización de que no importa lo que se haga, uno no podrá resolver los problemas ( ya sea que te compres la idea totalmente o sólo hasta cierto punto) entonces lo único que queda, es la posibilidad de lidiar con las cosas a nivel emocional. 

Ahora sí, lo de coger por ansiedad 

Con lo anterior ya va quedando claro porque escogemos la vía emocional cuando se trata de la resolución de conflictos y qué mejor forma de gestionar la ansiedad que cogiendo. Claro está que hay muchos que tienen relaciones sexuales como una actividad lúdica, igualito que si fueran al cine o de paseo con unos amigos, pero hay muchos otros que están más o menos enganchados al sexo como única vía para el manejo emocional, aunque a veces cuando se les confronta surjan algunas defensas de la psique del tipo: No qué va, lo que pasa es que yo no tengo tapujos y me gusta mucho el sexo; también hay otros  quienes intentan ocultarlo por sus creencias sobre el sexo e incluso quienes quieren reprimir eso que sienten, pero como ya dijimos, lo que resiste persiste. 

¿Qué haces cuándo estás ansioso? Queda clara para este momento que no hacer nada (ante la situación que nos genera ansiedad) no sirve de mucho porque seguimos estando ansiosos y que a causa de la indefensión aprendida, muchos tampoco van a intentar solucionar el problema o la energía que podrán para solucionarlo será poca o bien lo intentarán solucionar con una escasa percepción de logro, entonces optarán por técnicas de relajación que les permitan lidiar con su ansiedad.

Y es que hay de formas a formas, hay técnicas para relajarnos que requieren constancia, disciplina, experiencia en su uso, mucha práctica e incluso un tiempo considerable antes de empezar a ver resultados pero que una vez alcanzados son muy efectivos y suelen mantenerse a lo largo del tiempo y hay otras formas para relajarnos que son de una naturaleza mucho más inmediata, requieren menos esfuerzo pero sus resultados tampoco se mantienen a lo largo del tiempo.

¿Yoga? ¿Psicólogo?¿El sauna?¿El Grindr?  Para ver resultados en cualquiera de estas opciones, se requieren  varios meses, además de constancia y eso hace que estas opciones con frecuencia sean abandonadas. Por otro lado existen una serie de estrategias mucho más inmediatas aunque de menor efectividad en el largo plazo, está por ejemplo el alcohol, el cigarro, otro tipo de drogas, pero también está el sexo anónimo, la comida,  el cruising.  No es raro, que muchas de estas estrategias a la larga, generen más problemas de los que resuelven puesto que se convierten en un ciclo complicado de romper, y la cosa va mas o menos así: He tenido una semana de perros en el trabajo, me conecto un rato a alguna aplicación de ligue, quedo de verme con alguien, cogemos, me divierto y me relajo (hasta ahí todo bien), la cosa comienza a complicarse la siguiente vez que estoy estresado, y la próxima y la próxima, porque entonces ante cada una de esas situaciones estresantes, tendré que recurrir al sexo para poder sentirme relajado y como con cualquier comportamiento adictivo, cada vez seré más dependiente, cada que sienta el mínimo nivel de ansiedad tendré que recurrir al sexo casual para poder tranquilizarme. 

¿Y qué hay de malo con eso? Bueno, mientras no sea tú única alternativa para afrontar el estrés todo bien, pero a veces las cosas no van tan bien y se nos salen un poco de las manos, de pronto te das cuenta que aunque dices querer tener pareja, nunca te das el tiempo de conocer a nadie a profundidad porque vas de un episodio a otro de sexo esporádico, de pronto en la ansiedad del momento tienes prácticas de riesgo o incluso te expones a situaciones peligrosas, todo esto a la larga, te va causando más de esa incomodidad que estabas buscando evitar en un primer momento. También están esos fantasmas y esas creencias distorsionadas de “lo promiscuos que somos los homosexuales” (los datos sugieren que no hay diferencia con los heterosexuales) pero si estás inmerso en una dinámica como la que describo arriba, quizá no veas eso con claridad y sólo termines creyendo que eso es verdad o aún peor, sintiéndote culpable. 

Y luego está el rollo de las drogas que fue por lo que empezamos a hablar de esto en primer lugar, para algunas personas los encuentros sexuales también son motivo de cierto nivel de ansiedad y el alcohol u otras drogas hacen que esa ansiedad pueda disminuir, pero igual que con el sexo, se puede entrar en una espiral en la que después sólo se podrá tener relaciones sexuales si existe alguna droga de por medio y nadie nunca toma mejores decisiones estando drogado, al contrario, es posible que la combinación ansiedad-sexo-drogas, te lleve a una inadecuada toma de decisiones que termine complicando aún más las cosas. Muchas veces, ese ciclo se perpetúa hasta que no se presenta algún evento suficientemente serio que permite romper con ese ciclo. 

¿Y luego? Como en todos los procesos de cambio, es importante reconocer que hay algo de quien uno es que se desea cambiar, que eres un ser humano y que como todos los seres humanos a veces fallamos, pero también tenemos una serie de habilidades para enmendar cosas y empezar a hacerlas de manera distinta. Y pues si vamos a cambiar algo, entonce hay que aprender a hacer las cosas de otra forma. Para lidiar con el asunto del sexo compulsivo, ve con un psicólogo para que te ayude y acompañe a lo largo de este proceso, enfoca  tu atención en tus capacidades, en todo eso que sí haces bien y que te gusta, para que puedas dejar de obsesionarte con aquello que no ha ido tan bien.

Aprender cosas nuevas, establecer metas a corto plazo también tiene efectos muy positivos en la salud mental, déjate disfrutar de los pequeños éxitos. Dedica tiempo a tus amigos, tener una red solidaria de amistad es algo con grandes beneficios para las personas, pero hay que hacernos tiempo para eso y procurar a las buenas amistades. El ejercicio también viene muy bien, y aquí no puedo ser suficientemente enérgico a la hora de insistir en ponerse metas reales, empieza con algo sencillo y mantenlo por tres meses, ya después habrá tiempo para tener cuerpo de modelo. Lo mismo para el asunto del tabaco, el alcohol y las drogas. Con el alcohol y el tabaco quizá convenga una reducción paulatina para que puedas ir apreciando su evolución, si estás consumiendo drogas más fuertes, cristal, heroína, buscar ayuda es fundamental para iniciar el proceso de desintoxicación, hay muchas ONG que pueden ayudarte con eso.

Tener sexo puede ser maravilloso, tanto como comer, ir de viaje, salir con los amigos, ir a hacer ejercicio. No hay nada de malo en el sexo casual, siempre que tu vida no se limite a eso. Aunque pueda sonar trillado, siempre es un buen momento para comenzar a adueñarnos de nuestra vida y nuestras decisiones, para empezar a ser felices.