¿Homofobia interiorizada? ¿Y eso cómo se quita?

Jorge: Sí, yo soy muy trabajadora y en general me gusta levantarme temprano 

Carlos: No te digas así 

Jorge: ¿Qué no me diga cómo?

Carlos: Así, no hables de ti como si fueras mujere

Jorge: ¿Por?

Carlos: No me gusta….

Seguro muches [sic] de ustedes se pueden identificar con las líneas de arriba, si no, quizá hayan escuchado algo como esto: “Bueno está bien que sea gay, pero no lo tengo que andar diciendo todo el tiempo”, “si tal, no fuera tan femenino estaría guapo”, “¿por qué te pones esa ropa si es de mujer?”. 

¿Les suena? Seguro sí, ese tipo de cosas se dicen todo el tiempo y las dice todo el mundo, están ahí normalizadas y maltratando la autoestima de tantas y tantas personas, creando ideales de masculinidad irreales e inalcanzables y que no obedecen sino a una suerte de pánicos morales que no tienen ni pies ni cabeza, pero que muchas veces están enraizadas en nuestros imaginarios e historias de vida desde las edades más tempranas. 

Entonces ¿a qué nos referimos cuando hablamos de homofobia interiorizada? La homofobia interiorizada (IH) tiene que ver con la aversión que las personas homosexuales mostramos hacia los propios comportamientos y sentimientos homosexuales y que también se expresa ya sea en forma de reacciones hostiles y de rechazo por parte de homosexuales hacia otros homosexuales o de la aceptación, como verdad, de una serie de estereotipos y estigmas asociados con ser gay.

Como en otros aspectos de la vida, en el caso de la IH, también existe toda una gradación en la fuerza con la que esta se expresa y la magnitud con la que los individuos la viven. La más latente es sin duda la de quienes a toda costa y por una diversidad de motivos, desprecian su propia homosexualidad y también la de otros; una más sutil pero también mucho más difundida es esa que consiste en un rechazo hacia los valores y costumbres de la comunidad homosexual y de general hacia todo aquello que se aleje de la heteronorma. Piensen por ejemplo en ese rechazo por parte de un homosexual hacia otros gais quienes desde su óptica, son muy femeninos, “muy obvios”, “muy promiscuos” o el estereotipo que usted guste elegir.

Ahora, queride lectore [sic] hay que decir que los gais experimentamos a lo largo de nuestras vidas diferentes tipos de IH, ya sea desde que atisbamos nuestra propia homosexualidad, cuando tratamos de luchar contra ella y decirnos que se trata sólo de “admiración por otros hombres”, hasta cuando nos burlamos en la escuela de esos otros gais que pasan menos desapercibidos, con tal de que las burlas se dirijan a ellos y no a nosotros mismos. Una vez que se acepta la propia homosexualidad, a todos los gais nos queda una buena dosis de IH por reconocer y trabajar (o sería lo deseable). 

Yo soy gay, yo no puedo ser homofóbico 

¿Y qué haces entonces pidiendo straight acting guy en el Grindr?, ¿no te parece homófobo decirle a alguien: es que es bien obvia?, y el ya clásico “tampoco tengo porque anunciarlo”. Un buen ejercicio para ubicar nuestra propia homofobia interiorizada es el de comparar una situación, de esas “que dan mucho bochorno” si uno es gay, y preguntarse si a una persona heterosexual le daría pena esa misma situación. Para usar el ejemplo de “tampoco tengo que anunciarlo” piense queride lectore si a las personas en el trabajo, cuando llegan el lunes y alguien les pregunta “¿qué tal estuvo tu fin de semana?”, alguna vez les da pena contestar, “pues el sábado salí con mi novia”, “el fin me la pasé con mi chavo y unos amigos”, “me presentaron a un morro en una fiesta”. Bueno, pues ahí está su respuesta, las personas heterosexuales están anunciando su heterosexualidad todo el tiempo, ¿por qué tú no podrías decir que saliste con tu novio al cine o que fuiste a casa de tus suegros? (Salvo que le cueste a uno el trabajo, pero ese es un asunto aparte y las motivaciones son muy distintas). Cambie el escenario y piense en una charla en la universidad o en el gimnasio,  esos lugares, en México, son bastante seguros para ser homosexual. Ahí la utilidad de comparar la misma conducta realizada por un heterosexual o por un homosexual, si en un heterosexual está bien, pero piensas que está mal en un homosexual, seguro que se trata de algún grado de homofobia interiorizada. Claro, esto se debe (lo de que los heterosexuales hablen libremente de sus afectos) a que ellos no han oído desde pequeños que sus afectos están mal, que sean pecaminosos, ofensivos, desviados o nada por el estilo. Vaya, los motivos de esta homofobia son tangibles y abundan los ejemplos, pero lo que nos ocupa aquí más que desmenuzar su raíz, es reconocer que eso existe y saber que se puede cambiar. 

IH y autoestima 

Prefiero las relaciones discretas y de mostrar afecto en público, ni hablamos. Trabajar y liberarnos de la IH puede ser un proceso complejo y en función de diversos factores puede ser más o menos rápido, como consecuencia permite a las personas una vida más plena, con un grado menor de ansiedad y que posibilita la construcción de relaciones más saludables. 

El abordaje de la IH discurre principalmente por dos líneas, lo cognitivo y lo emocional. Lo cognitivo dicho de forma llana, tiene que ver con toda una serie de creencias que se tienen interiorizadas y que se han incorporado a lo largo de la vida, son ideas sobre las que se reflexiona poco, pero que modelan importantemente nuestro ser en el mundo, la forma en que nos relacionamos con otros, cómo reaccionamos y las lecturas que hacemos ante diferentes situaciones. Muchas de estas ideas se aprendieron en momentos de la vida en los que no teníamos los argumentos para cuestionarlas, para ponerle límite a su influencia, pero si se ven a la luz de la realidad actual y de nuestros conocimientos como personas adultas, podremos ser capaces de refutarlas, verlas en su real medida y controlar la injerencia que tienen sobre nuestras vidas. 

Ahora, está la parte emocional, esa que también se ha construido a lo largo de nuestra vida y que quizá se ha ido integrando a fuerza de situaciones complicadas o dolorosas y cuyos disparadores hemos aprendido  a evitar, todas esas ansiedades y malestares que racionales o no, nos movilizan para evitar todo tipo de situaciones, que en el pasado las han provocado y que ahora imaginamos que por nuestra conducta, pueden surgir de nuevo, que podemos volver a ser señalados o rechazados. Pero que si pensamos racionalmente, que si sopesamos a la luz de la realidad de México en este siglo ( y todavía más si se vive en una ciudad grande) es poco probable que sucedan. ¿Y cómo se trabaja eso? Acercándonos poco a poco a  esas situaciones que nos son aversivas, redimensionando, descubriendo que no todes nos van a rechazar, pero es poco a poco, de manera gradual, hasta que se va adquiriendo la seguridad necesaria para vivir la homosexualidad sin ningún tipo de vergüenza ni prejuicio, con orgullo.