¿Qué es el género y cuántos géneros hay?

Te reto a que hagas un experimento imaginario (si lo quieres hacer en la vida real, también está bien): Imagina que estás enfrente de tus amigos o tu familia y comienzas a hacer los ademanes estereotípicos del sexo opuesto (si eres hombre imagina que mueves tus manos y tu rostro como una mujer y, si eres mujer, pues como hombre). Ahora imagina la reacción de tus espectadores, ¿se rieron?, ¿se escandalizaron?; si tu pareja estaba en la audiencia, ¿te echo una miradita desconfiada? Después de ver sus reacciones, ¿Te dan ganas de seguir comportándote así… o mejor pararle?.

Quiero que reconozcas que tu cuerpo era físicamente capaz de hacer esos movimientos; que no existió ningún impedimento biológico para que movieras las manos de una u otra forma. El único posible impedimento aquí era el impedimento social.

Ahora vamos a hacer otro experimento imaginario, esta vez, las mujeres se van a imaginar que orinan de pie y los hombres que menstrúan. Resulta más difícil de hacer ¿cierto?, porque aquí hay un impedimento biológico. Podríamos entonces estar de acuerdo en que existen impedimentos biológicos e impedimentos sociales a tus capacidades humanas.

Pues bien, la Organización Mundial de la Salud dice que “el género son todas las características que una sociedad construye para hombres y mujeres: normas, roles y relaciones dentro y entre los grupos de hombres y mujeres. Varían de una sociedad a otra y pueden cambiar”[1].

Aquí quisiera agregar—tras los resultados de mis experimentos imaginarios—que el género es un conjunto de restricciones sociales al comportamiento natural de los individuos, que cumple la función de exaltar las diferencias entre los sexos. El sexo siendo entonces el conjunto de características y capacidades naturales de las personas, en función de un fenómeno biológico presente en muchas especies animales: El Dimorfismo Sexual.

Creo que aquí es donde la cosa se pone interesante, los términos se hacen ambiguos y los ánimos se calientan a la hora de entrar en definiciones. Y esto es sólo culpa de las sinonimias que se han desarrollado en nuestro lenguaje cotidiano. Piénsalo, si tuvieras que llenar un formato del gobierno te podrías encontrar de manera indiferente con cualquiera las siguientes preguntas y sus respuestas:

Sexo (H) (M)… ó… Sexo (M) (F)… ó… Género (H) (M)… ó… Género (M) (F)

Nota: ¡H y M no significan Hembra y Macho!

El crimen de los formatos gubernamentales y los coloquialismos ha sido usar estas dos palabras distintas de manera indistinta. Cuando en realidad “sexo” y “género” son dos fenómenos distanciadísimos en la evolución de las mentes y las sociedades. Verás, los perros y los gatos—y los pájaros Kookaburra (por lo que a todo esto respecta)—tienen sexos; ellos nacen con estructuras anatómicas e instintos peculiares a su sexo, es decir, tienen dimorfismos sexuales en sus cromosomas, en sus anatomías y hasta en sus cerebros. Los humanos también nacemos con sexos, pero por encima de estos sexos construimos géneros en nuestro afán por que las cosas que son diferentes sean BIEN diferentes. A nuestro cerebro parecen agradarle los patrones discretos, y parece que los espectros infinitesimales de grises nos confunden, ¡vaya!, ni siquiera los alcanzamos a distinguir bien. Entonces, nos gusta forzar las diferencias, para que queden “bien claritas”.

Aunque—que no se me malinterprete—pienso que si bien nuestros constructos pueden volverse contra nosotros mismos—como al confinar nuestras libertades—también creo que existe una abrumadora belleza en las invenciones humanas, como cuando se superan las reglas naturales. Unos humanos querían volar, pues volaron. Unos humanos querían comunicarse con otros al otro lado del mundo, pues se comunicaron. Unos querían cambiar el género que fue construido para ellos (y hasta las características sexuales que la naturaleza les dio), pues lo hicieron.

“Oye, que eso no es género”, “Que el género es XX y XY y si crees lo contrario estás demente” “Que Dios creó al hombre y a la mujer para R.E.P.R.O.D.U.C.I.R.S.E”. “Que el género es natural y no es una construcción”

Si vale, entonces, si quieres, le cambiamos de nombre. Vamos a ponerle “Blénero” a un fenómeno que indiscutiblemente existe: los seres humanos crean (inventan) reglas de comportamiento (restricciones) que exacerban las diferencias entre las dos formas sexuales prevalentes en nuestra especie. La existencia de esta construcción social es indiscutible, cualquiera que sea el nombre que le demos. Pero, caray, si ya existe la palabra “sexo” para los dimorfismos sexuales, ¿para qué queremos que el “género” sea su sinónimo? Dejemos entonces que “género” denote la construcción social y, “sexo”, la naturaleza biológica (*).

Estando de acuerdo en esto del género es indiscutible su existencia como fenómeno social y también indiscutible su carácter de invención, por tanto, también su capacidad de expansión hacia nuevos horizontes alejados de las restricciones biológicas. Y, la verdad, es que no hay que ir muy lejos hasta el horizonte, puesto que los “otros” géneros ya estamos aquí. Somos quimeras básicas—porque con quimeras es que nuestra imaginación funciona—individuos de un sexo que se presentan como si fueran del otro, o de ninguno, en fin, una combinatoria básica de sumas y restas en partes de nuestro quehacer social.

 Así pues, el género es nuestra invención y comparte con las invenciones humanas una diversidad exquisita. Si nos lo permitimos, podemos inventar cuantos géneros se nos dé la gana. Si podemos imaginarlo, entonces podemos inventarlo. ¿Que cuántos géneros hay?… Todos los que queramos.

Aquí en Vínculo Colectivo creemos que el cambio es benéfico para las sociedades. Si cada uno de nosotros es capaz de expandir los propios conceptos, entonces comprenderemos mejor al mundo y seremos más capaces de caminar hacia el futuro juntos.

(*)Escena postcréditos:

Resulta que ni siquiera nuestro dimorfismo biológico es binario; lo que existe es un polimorfismo (es decir, con más de dos formas): en los cromosomas, en las anatomías y en los cerebros. Esto en otro artículo… más denso.

(No te pierdas “¡Ni la biología es binaria!”, próximamente)


[1] https://www.medicalnewstoday.com/articles/232363.php