Morirás solo y triste (a menos de que leas esto)

Hay que reconocer que lo intentaron todo: pelearon, platicaron, se alejaron y se reencontraron, se fueron de vacaciones, siguieron consejos de Cosmopolitan para “reavivar la llama”, hasta fueron a terapia y no funcionó: te acaban de tronar.

Al principio probablemente entraste en shock, negación total de lo sucedido. A momentos piensas que seguramente no ocurrió, de pronto recuerdas que sí y tu corazón se acelera, la sensación no es agradable. Has visto demasiada ciencia ficción, se nota porque de pronto te cachas en la fantasía de que tal vez estás viviendo en la Matrix o en un episodio muy aburrido de Black Mirror (no exageres, aunque tu ruptura esté muy fea, no es televisable). Pasan los días y te va cayendo el veinte, ahora sí terminó, no es como en el pasado cuando peleaban y en pleno drama se borraban de Facebook y se bloqueaban en Whatsapp para buscarse al poco tiempo y “arreglar” todo. Ahora ni pelea hubo. Estaban tranquilos, tristes, podría decirse que hasta nostálgicos por aquella relación que alguna vez fue. Por fin pasas el trago, ahora sí se acabó.

Bueno, ¿y ahora qué? No tienes la menor idea de qué hacer en esta situación, no es como si en la prepa te hubieran dado una clase de cómo sobrevivir un truene, aunque vaya que hace falta. Saliste sabiendo despejar ecuaciones, balancear compuestos orgánicos e inorgánicos y hasta algunos artículos de la constitución te habrás aprendido. Nada de eso ayuda ahora que te has convertido en una gallina ciega, corriendo en círculos y tropezando hasta contigo mismo. Ok, sólo porque este si es un tema feo, de esos que duelen hasta que el pecho se adormece y neutralizan nuestra capacidad de razonar como seres humanos, te voy a dar la receta para que salgas de ese hoyo. Sí, por supuesto que hay receta, para todo en esta vida hay una. El problema es que no funciona igual en todos los casos. Superar una ruptura amorosa es como preparar picadillo: todo mundo sabe hacerlo, pero nadie lo hace exactamente igual (ni le pone sazón). Aún así, lo reconoces en donde quiera que lo comas ¿correcto?

Paso 1. Detente. No finjas que no está pasando nada, no intentes pretender que todo está bien, porque no lo está. Negar un proceso de duelo no hace que desaparezca ni lo hace más fácil. ¿Por cuánto tiempo extrañas tus audífonos favoritos cuando se te pierden? Pues no inventes, idealmente tu ex era un poquito más importante.

Paso 2. Llora. A mares, todo lo que te salga, compra más electrolitos que si te prepararas para la cruda del siglo, porque vas a deshidratarte. Berrear a moco tendido relaja y desahoga mejor que nada. ¿Ya no salen las lágrimas? No te preocupes, aquí entran los que me gusta llamar “laxantes emocionales”: Películas románticas trágicas o canciones melancólicas y asunto resuelto. Vamos, aún cuando estás contento un par de canciones de José José te sacan la lagrimita, ¡Imagínate ahora!

Paso 3. Busca a tu gente. Calienta esos dedos, porque vas a estar escribiendo más mensajes que tu tía la manda Piolines serial. Necesitas redes de apoyo, ¿dónde están esos amigos que puedan llegar a ver series contigo, apapacharte, secarte las lágrimas, emborracharte, curarte la cruda, contarte chistes y demás?

Paso 4. Dale tiempo. Esto no va a salir rápido, es odioso y desesperante pero tienes que vivir el proceso completo. Un tip ahí es que no te emociones demasiado cuando de pronto tengas un muy buen día en el que ya te sientas increíble porque a la vuelta de la esquina hay una recaída de esas que terminan contigo en el suelo de un bar… a las 11 de la mañana.

Paso 5. Cuidado con los rebotes. El rebote es una cosa bonita pero que hay que practicarlo con cuidado o, incluso pasar de él por completo. Por favor que no se parezca a tu ex, por favor que no te maltrate y HAGAS LO QUE HAGAS, no te claves con el rebote, porque no estamos buscando subirle el grado de dificultad a esto.

(Rebote: sust. masc. Rife con el que sales un tiempo después de terminar, que idealmente te hace sentir menos solo y miserable)

(Rife: sust. masc. Pretenso romántico. Véase también, ligue)

Después de hacerle la chamba a la RAE, una última recomendación: aprende de la experiencia, los fracasos son excelentes maestros si estás dispuesto a atender la lección. No repitas los mismos errores y confía en que algún día saldrá bien.