8 de Marzo, Nada que celebrar

En un día y un mundo en el que las redes van a estallar con peticiones de respeto, con llamados a la equidad y gritos desesperados por el derecho a elección y autonomía de cuerpos, yo sólo quiero recordarte lo bonito que se siente cuando una buena amiga te da un abrazo, de esos suavecitos y que huelen a shampoo de frutitas. Eso de estar en comunión con otras mujeres, casi siempre huele muy bien.

Ser mujer no siempre es divertido, literalmente es un asunto sangriento. De pronto pareciera que la naturaleza nos quería preparar a todas para ser heroínas perfectas de películas de acción. Considéralo: umbral elevado ante el dolor, tolerancia a la falta de sueño, a la hambruna y a las fuerzas G, es como si en toda mujer habitara una pequeña agente de fuerzas especiales, lista para salvar al universo. La parte triste del asunto es que pocas de estas características son innatas en nosotras (lo de las fuerzas G si, chécalo porque es muy interesante). El resto se lo debemos a una cultura que lamentablemente nos ha enseñado a aguantar dolor y abuso de muchas maneras. ¿De verdad no te sientes tan mal cuando tienes gripe o es que “no te puedes dar el chance” de estar mal? Eso es algo para que reflexiones hoy cuando hagas corajes cada vez que te encuentres con una felicitación por ser lo más bonito del mundo y la flor más bella del ejido. Necesitamos menos supermujeres y más salud mental, por favor.

Probablemente sea buena idea que antes de intentar salvar a la galaxia, nos rescatemos a nosotras mismas; díganme si exagero, pero a veces pareciera que para ser una mujer exitosa, tienes que convertirte en tu peor enemiga. ¿No es suficiente con toda la basura que cargamos por default allá afuera? Como si fuera poca la constante presión por estudiar, sostener a veces hasta 3 empleos o más (en simultáneo), tratar de sacar adelante hijos, amistades, relaciones de pareja, cuidar familiares y encima de todo, hacer lo anterior en tacones y dedicar suficiente tiempo para ir al salón y al gimnasio porque en esta sociedad pareciera que es pecado tener un pelo fuera de lugar. Las mujeres libramos una batalla interminable todos los días de nuestras vidas, intentando ser suficientes dentro de un sistema que nos dice que, por definición, somos parte de un juego que nos considera limitadas, vulnerables y fallidas. Sé que no vas a rendirte y sé que no vas a cansarte, pero caray, sólo que el día de hoy quisiera recordarte que también se vale que pelees por tu derecho a disfrutar.

Y ese puede venir en la forma que quieras, porque el doble discurso que nos encontramos al respecto es complicado. Aunque no lo parezca, puede ser difícil distinguir qué cosas queremos nosotras auténticamente y cuáles son dictadas por la cultura y la sociedad: a veces tengo días complicados en los que no logro distinguir si me puse delineador porque mis ojos se ven más grandes o porque Maybelline y Cover Girl se han encargado de convencerme toda la vida de que mi cara lavada es completamente inaceptable para eventos más allá de mi sala. Las mismas dudas ocurren cuando no sé si está bien que mi crema corporal no tenga aroma a hierbas de los alpes ni me haga sentir rejuvenecida y extasiada en cuanto me la pongo. Algo sí tengo bien claro, Gillette tiene la culpa de que yo no pueda aplicar el no-shave November sin sentir que me convierto en una especie de leñador combinado con Muppet (este último es más por la personalidad que por los pelos, pero me expliqué ¿no?).

No felicites a nadie el 8 de marzo, es una fecha que se conmemora y existe para crear conciencia, no es una fiesta, pero tal vez puedas celebrarte a ti misma, con todo aquello que te conforma. Que te manden esas imágenes ridículas con flores y cachorritos, llenas de cursilería hueca como que “todas somos bellas y perfectas” no sirve de nada, eso lo sabemos, pero sería divino si hubiera alguna manera de creer que lo somos. El bombardeo mediático es imparable y son muy pocas las que no han sucumbido ante él, al menos de vez en cuando: “Necesitas un marido, una faja, cabello más largo o tal vez un corte, estudia mucho, no trabajes tanto, toma esto para que despiertes y ponte aquello en las ojeras… ¿por qué estás siempre tan cansada?”.

Si tienes oportunidad, ponte de pie, acércate a un espejo, mírate a los ojos y háblate bonito. Sal a la calle y háblale bonito a otras mujeres, todas necesitamos que nos digan cosas amables y afectuosas cada tanto. ¿Acaso crees que hay una sola de nosotras allá afuera que no ha tenido un mal día últimamente? ¿Una sola a la que no han acosado en el transporte público, menospreciado en el trabajo o maltratado en su relación de pareja? Cada vez que juzgas, criticas o atacas a otra mujer, perpetúas un ciclo no solo de violencia, si no de deslealtad. A ti que me lees, quiero que sepas que me haces falta, que algún día vamos a cruzar caminos y te necesito de mi lado. A ti, mujer, prometo apoyarte, creerte y confiar en ti siempre que esté en mis manos. Y cuando no pueda hacer ninguna de las anteriores, al menos juro que no voy a estorbarte. Estoy para ser tu peldaño, no tu lastre.

Ahora sal a la calle segura de que no estarás sola y que tus luchas son las mías.

8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer