Amor que no necesite primeros auxilios

¡Lo lograron! Llegaron al primer aniversario, tuvieron esa rebanada de pastel con letreros amorosos escritos con jarabe de chocolate en el plato, hubo romance, seducción, risitas y disfrute; tanto nivel de perfección no se logra ni con filtros de Snapchat.  Ahora despiertas en el día uno del segundo año y te invade el terror. ¿Cómo se llega al segundo aniversario? ¿Y al tercero? ¿De verdad te atreves a soñar con un décimo? Suena imposible de lograr, el mayor nivel de compromiso que has alcanzado es contratar el plan del celular por 18 meses en lugar de un año y (no finjas demencia) a la mera hora siempre terminas aceptando el cambio adelantado. Antes de esta relación, habías tenido litros de leche que duraban más tiempo en tu refri que tus noviazgos. ¡Es hora de cambiar eso! Estás motivado, te sientes todo un ganador, ¡nada te detiene, campeón!… pues ponte la sudadera y dale play al soundtrack de Rocky, porque vamos a ejercitar esos músculos amorosos.

Las estadísticas oscuras están por todas partes y sentencian lo siguiente: la inmensa mayoría de las relaciones se rompe antes de los 4 años, y en algunos lugares del mundo el porcentaje de divorcios es casi del 50%, de pronto parece que es más inteligente encariñarte con tu personaje favorito de Walking Dead que con tu novio. Pareciera que nadie lo logra; volteas desaminado a ver el matrimonio de tus papás y las relaciones de tus amigos y el panorama empeora aún más. Tus dudas son lógicas, sabes que eres tan común y corriente como los burritos de microondas, no sabes qué puede hacerte tan especial como para ser aquél que derrote a las estadísticas, la realidad es que nada; eso, no puedes hacer nada más de lo que ya estás haciendo. Las relaciones duraderas no son para los superdotados emocionales, no necesitas ser alguna clase de iluminado, tampoco requieres que el destino y los astros estén alineados (efectivamente, ya puedes dejar de leer tu horóscopo todos los días, esas cosas las escriben los mismos que le componen a Arjona). ¿Honestamente? Ni siquiera necesitas una química increíble y una conexión cósmica portentosa. Lo único que se requiere es que tengas una pareja que te guste y sea tu amiga, con quien estés dispuesto a esforzarte todos los días para sacar las cosas adelante, sin sufrirle demasiado.

Aquí es donde se separan los guerreros de los conejitos: el éxito es un asunto de mantenimiento. El primer error es que te confíes y creas que esa relación joven va a conservarse fuerte, estable y funcional para siempre. Ese es un privilegio reservado sólo para algunas estrellas en nuestra galaxia, y los teléfonos Nokia 3310 del año 2000 que siguen sonando en tiraderos de Bangladesh; tú eres un simple mortal y tienes que echarle ganitas. Lo primero que tienes que hacer es observar ese vínculo que tienes hoy, comenzando su segundo año, que aún se siente cálido, alegre y tranquilo.

Todavía tienen mucho entusiasmo el uno por el otro y la pasión sigue viva, pero ha bajado lo suficiente como para permitirles tener conversaciones interesantes y hacer actividades fuera del dormitorio que los llevaron a conocerse mejor. No te hagas, todos sabemos lo que estuvieron haciendo esos primeros meses, tenían que salir a respirar e hidratarse en algún momento ¿no? Para que este estado glorioso se mantenga, hay que dejar a un lado la química y la magia, es un asunto de esfuerzo, paciencia y mucha tolerancia a la frustración. Si esta última la percibes baja, ya puedes irle echando la culpa a Barney el dinosaurio por mentirte desde pequeño y convencerte de que eras especial y todos iban a quererte siempre. Vamos a la cruda realidad: lo haces mal, todos lo hacemos mal, ¿por qué? sencillo, tenemos una cultura que nos enseñó que los únicos retos que enfrentan las parejas aparecen alrededor del inicio de las relaciones. Piénsalo bien, entre Blancanieves y María la del Barrio no hay diferencia, una vez que todo se establece y las brujas malas son vencidas, comienza el “felices para siempre”.

Nadie te dijo que los defectos, el aburrimiento y la monotonía que poco a poco te robarán las ganas de vivir son tu futuro. Por lo anterior te voy a regalar 5 reglas de oro que te ayudarán a darle mantenimiento básico a tu vida amorosa:

1.     No dejen de besarse. Y me refiero a buenos besos, de esos que hacen que tu abuelita te regañe por cochino. Darse puros “piquitos” es la antesala de la muerte.

2.     Sigan teniendo conversaciones interesantes. Cuidado con caer en el tedio de sólo hablar sobre su día. Vamos, tienen acceso a Google, hagan equipos y discutan.

3.     Solucionen los conflictos. Si cada vez que discuten por algo, llegan a resolverlo y prevenir que el tema se repita, la relación se mantiene actualizada.

4.     Continúen descubriéndose. Busquen actividades nuevas que les muestren partes del otro que no conocían. Hacer el oso juntos en clases de tango o gritar como quinceañeras en una montaña rusa son, oficialmente, recomendación del médico.

5.     Sepan perdonarse. A lo largo de los años van a meter la pata incontables veces. Pidan disculpas, compensen al otro por los daños y sigan adelante. El resentimiento es asesino de amores.

Como extra, la flexibilidad siempre ayuda. Ante la duda y el conflicto, siempre revisa si puedes bajarle unas rayitas a tu rigidez. ¿Te animas a mantenerte sano haciendo “yoga relacional”? ¡Estírate primero!