Encontré pareja, ¿qué le doy de comer?

Buscaste y buscaste, en fiestas, tugurios y congales, instalaste todas las apps, las desinstalaste y las instalaste de nuevo, le pediste a todos tus amigos que te presentaran a alguien, pusiste santos de cabeza, prendiste velas, conseguiste cuarzos, hiciste rituales de psicomagia y al final, ese día especial (y cuando no lo estabas esperando, ajá) por fin alguien apareció.

Y todo parece genial, ya llevan una semana saliendo y aún te soporta, responde mensajes todos los días (y hasta rapidito, en menos de tres horas), se dan los buenos días y las buenas noches. De verdad empiezas a pensar que esta persona puede ser la buena y como bien lo sabemos, no harás caso de consejos y te vas a aventar como chivo en cristalería porque estás listo y todas las canciones de Bon Jovi dicen que lo hagas o te arrepentirás.

Ahora, el problema es que la última vez que tuviste pareja los teléfonos celulares todavía tenían tonos polifónicos y pantallas monocromáticas. ¿Qué rayos se le daba de comer a un novio? ¿Se seca al sol? Durante tu largo periodo para “encontrarte a ti mismo” es fácil intuir que no lo hiciste muy bien que digamos en la última ocasión, tus pocas habilidades románticas están por demás oxidadas y la única capacitación que has obtenido esta década viene de la serie completa de “How I met your mother”, que ya viste 3 veces… el desastre es inminente. Como dicen los subtítulos de las películas: “música ominosa”.

¡No entres en pánico! O sí, un poco, pero sigue leyendo. Seguro no puede ser tan difícil, por algo la humanidad no se ha extinguido, alguien allá afuera debe estar lográndolo, el amor existe, tiene que ser real y asequible ¿verdad? Ok, un poco más de pánico, respira dentro de una bolsa de papel para que no hiperventiles y convéncete de esto: comenzar esta relación con desmayos constantes puede hacerte parecer más frágil de lo que realmente eres y no queremos eso. Aquí te van algunos lineamientos básicos para que de perdida, lleguen al primer aniversario, ya ahí volvemos a revisar (porque relación = trabajo constante), por ahora, pasitos de bebé.

Lo primero es entender que ningún rascacielos se levanta sin buenos cimientos, el chiste es lograr mantenerte consciente durante esos primeros meses en los que la mayoría se dedica sólo al negligente disfrute y chupar helado de los dedos de tu otra mitad. Te han mentido, el amor no es ciego, sólo se hace menso. Tampoco se trata de que estés hipervigilante todo el tiempo, se supone que te sueltes y la pases increíble en el ensueño de la nueva limeranza, pero sin negar lo que observes, sientas y escuches. Habrá esos momentos, probablemente sutiles y minúsculos, en los que un comentario, una expresión o tal vez una historia del pasado te hagan levantar la ceja, ¿la sentiste? Esa muy pequeña alarma que te avisa que ahí tienen un foco que requiere atención porque ahora es casi imperceptible pero no va a quedarse de ese tamaño. El enamoramiento y la emoción del momento te dirán que lo dejes pasar, que no es importante y que no vale la pena “arruinar” las cosas hablando de un tema poco agradable. ¡No sucumbas ante la tentación! Recuerda que el diablo está entre nosotros y seguramente inventó Netflix para que prefieran poner otro capítulo de la serie, en lugar de platicar y hacer uno que otro acuerdo para prevenir desastres a futuro.

Por otro lado, para que logres lo anterior, necesitas desarrollar una importante habilidad: aprender a hablar, comunicarte, decirse la neta. Sí claro, tú crees que ya sabes, pero malas noticias, te aseguro que no. Saber hablar no significa platicar sobre su día, o comentar sobre ese capítulo de la serie que mencioné hace rato, ni siquiera es contarle a la pareja tus problemas e inquietudes si esto no lleva a conclusiones productivas. La forma de hablar que te va a permitir llegar a ese primer aniversario, e idealmente a muchos más, es cruda, inmisericorde y a veces hasta dolorosa, allá en mi barrio la llaman honestidad. ¿Quieres la rebanada de pastel con la frase “feliz aniversario amor” escrita con jarabe de chocolate en el plato? Pues aprende a decirle que ese chiste que hizo, no te gustó. Encuentra cómo comunicarle que ronca como camión en segunda y de subida, que la manera en la que saluda a tu mamá se te hace grosera y que tus amigos ya te dijeron que de pronto parece que no quiere convivir (o está fingiendo que jijí y jajá pero no deja de ver su teléfono…).

Más importante aún, aprende a decirle quién eres y escuchar lo mismo de regreso. Dile la verdad sobre la cantidad de tiempo que vas a poder dedicarle, no prometas bajarle el sol, la luna y las estrellas si sabes que después no vas a darle ni un huevito Kinder; cuéntale tus planes de vida y las expectativas que tienes sobre la relación, corre el riesgo y comparte tus errores del pasado, no los llames defectos porque suena muy feo, los de RH le llaman “áreas de oportunidad”. Y no te hagas, sabes muy bien cuáles son porque tus exes se han encargado de gritoneártelas hasta el cansancio. Ninguno de los 2 necesita ser perfecto, mientras más pronto se vean como personas reales, mejor.

Y para que llegues feliz y tranquilo a ese aniversario, no olvides que estar feliz es básicamente la mitad de la meta y tranquilo, la otra mitad. Si de pronto a una fracción del camino te das cuenta de que las cosas se pusieron escabrosas o desagradables, recuerda que se vale cancelar la misión, no es como si hubieras ido a jurar a la basílica ni nada (y si lo hiciste, calma, la Virgen sabía que le ibas a quedar mal y seguro no lo tomó en serio). Cuidado con descuidarte y de pronto estar más comprometido con mantener una relación que con tu bienestar, recuerda las ventajas de la soltería, no habrá quién te detenga para terminar la temporada completa de la serie que tanto te gusta en una sola noche.